10 de enero de 2026 - 00:15

La lluvia como aliada: ¿puede Mendoza aliviar su escasez hídrica?

En Mendoza, donde el verde depende de la irrigación, la lluvia es un recurso poco aprovechado, cuya cosecha podría aliviar la escasez hídrica y ganar relevancia frente al cambio climático.

Como “tierra del sol y del buen vino”, Mendoza no se caracteriza por presentar muchos días de precipitaciones, ni por ostentar naturalmente el verdor de la pampa húmeda argentina. Los días soleados acá son una constante muy particular y apreciada. Sin embargo, el vergel al que estamos acostumbrados a observar en la ciudad y los viñedos es posible gracias al gran sistema de irrigación que tenemos, el cual hace posible que exista y se mantenga la matriz económica de la provincia, tan reconocida en el mundo por sus vinos.

El agua necesaria para mantener esa exuberancia verde no es más que la que proviene mayoritariamente de la cordillera, canalizada por los ríos y embalsada a través de diques para su mayor aprovechamiento. Luego, el sistema de irrigación la distribuye para su consumo urbano, agrícola e industrial.

Este proceso es crucial, ya que nada de lo que observamos en la ciudad u oasis existiría sin la irrigación artificial. Basta con cruzar el límite externo de los oasis para encontrarnos con el secano, donde encontraríamos la verdadera vegetación de Mendoza.

La lluvia como aliada: ¿puede Mendoza aliviar su escasez hídrica?
Guardar para tener. Existen diversas técnicas de cosecha de lluvia, pero todo se resume en la superficie recolectora, la canalización y el almacenamiento.

Guardar para tener. Existen diversas técnicas de cosecha de lluvia, pero todo se resume en la superficie recolectora, la canalización y el almacenamiento.

Esta vegetación responde a la cantidad media de lluvia que llega al suelo. Es baja, cercana a los 200 mm anuales en promedio (o lo que es lo mismo, 200 litros de agua por cada metro cuadrado al año -calculada para el oasis norte de Mendoza-). Como contraste, pensemos que en otras regiones latinoamericanas (como la Amazonía), las lluvias pueden sobrepasar los 4000 mm al año (20 veces más).

El agua necesaria para mantener esa exuberancia verde no es más que la que proviene mayoritariamente de la cordillera, canalizada por los ríos y embalsada a través de diques para su mayor aprovechamiento. Luego, el sistema de irrigación la distribuye para su consumo urbano, agrícola e industrial.

En Mendoza, estas precipitaciones suceden generalmente durante los meses de primavera y verano, ocurriendo con gran intensidad y corta duración. Estos sucesos son más conocidos por generar problemas que por su posible aprovechamiento, resultando muchas veces en crecidas repentinas de ríos y arroyos, anegamiento de zonas pobladas y hasta pérdidas económicas por caída de granizo.

El agua de lluvia presenta una calidad inmejorable, estando disponible para su uso inmediato luego de su apropiada recolección. Los métodos son variados, pero la constante es la misma: una superficie impermeable que la recolecte y almacene en tanques. Es una técnica valiosa que actualmente no es aprovechada de forma masiva.

Existen experiencias en países de clima árido o semiárido como México, India o Tanzania donde este recurso alivia la sed de muchas familias sin conexión directa a la red de agua potable. En estos países, esta técnica se denomina como “Cosecha de lluvia” (o Rainwater Harvesting en inglés), y está creciendo en importancia en varias regiones del mundo.

Para conocer la magnitud de lo que podríamos hacer en Mendoza, recordemos el valor medio anual estimado para el llano del oasis norte, 200 mm. Esto quiere decir que por cada metro cuadrado de recolección que se tenga (p. ej. un techo de chapa), se podrían recolectar cerca de 200 litros de agua al año. Por un techo de una casa promedio de 50 metros cuadrados, podrían almacenarse hasta 10.000 litros de agua al año.

Según AySAM (Agua y Saneamiento de Mendoza), una persona promedio consume alrededor de 487 litros por día en el Gran Mendoza (sin considerar las pérdidas o agua no contabilizada). Por lo tanto, habría agua suficiente para satisfacer las necesidades hídricas de una persona por 20 días aproximadamente. Esta relación, podría aliviar las carencias de agua de personas que viven en zonas alejadas y sin provisión de agua potable por tuberías. Por supuesto, si la superficie recolectora es más grande, aumentaría la capacidad de recolección y de dotación de agua.

La lluvia como aliada: ¿puede Mendoza aliviar su escasez hídrica?
Equilibrio. Considerar a la lluvia como una fuente alternativa de agua, podría disminuir la presión de uso del agua sobre la oferta hídrica convencional de la provincia.

Equilibrio. Considerar a la lluvia como una fuente alternativa de agua, podría disminuir la presión de uso del agua sobre la oferta hídrica convencional de la provincia.

Esta técnica de cosecha de agua podría ayudar a satisfacer las demandas agrícolas (que consumen más del 80% de los recursos hídricos convencionales) y domésticas (especialmente en zonas vulnerables y sin dotación de agua por red), aliviando la presión de uso sobre la oferta de agua de la provincia.

Entonces, ¿es posible almacenar suficiente agua de lluvia para independizar a los cultivos del sistema de irrigación? La respuesta a esta interrogante es negativa. Imaginemos un escenario hipotético con un viñedo de 1 hectárea de extensión. Con el sistema de riego actual promedio, dicho cultivo requiere en promedio cerca de 800 mm de agua anuales (800 litros por metro cuadrado). Con los 200 mm de lluvia anual, si toda la finca se impermeabilizara para recoger la lluvia, alcanzaría apenas para un 25% del requerimiento.

Por tanto, la cosecha de lluvia sería una herramienta alternativa para aliviar la presión sobre los recursos hídricos convencionales, pero no para sustituir la matriz base de uso del agua. Sin embargo, considerando los posibles impactos del cambio climático (por ejemplo, disminución de las masas níveas y de glaciares en la cordillera, y, por ende, menor caudal circulante en ríos), la cosecha de lluvia podría influir positivamente en la matriz de uso del agua en Mendoza.

Actualmente, a través del proyecto que lidero, estoy evaluando primeramente el potencial de lluvia que existe en la provincia (el cual es heterogéneo en tiempo y espacio), y que puede modificarse a futuro debido al cambio climático.Posteriormente, se analizarán y propondrán alternativas para cosechar la lluvia de una forma óptima económicamente (especialmente sobre hogares y fincas productivas), lo que impactaría positivamente en la gestión de los recursos hídricos de Mendoza.

El objetivo busca incorporar a las lluvias de verano como una fuente alternativa de agua, la cual pueda reducir la dependencia de la irrigación tradicional y promover la sostenibilidad hídrica en la región, no sólo para la provisión doméstica de familias vulnerables, sino también para satisfacer parte de la dotación hídrica que necesita la matriz productiva agrícola de Mendoza para subsistir.

(*) Luis Bernardo Bastidas Mejía es geógrafo; máster en Planificación de Recursos Hidráulicos y doctor en Geografía. Se desempeña como becario posdoctoral en el Programa Regional de Meteorología (Ianigla-Conicet)y como profesor en el área de Geotecnologías de la UNCuyo. El proyecto es supervisado por el doctor Diego Araneo, (Ianigla).

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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