28 de febrero de 2026 - 00:15

El valor oculto de los bosques andino patagónicos

Los bosques andino-patagónicos son únicos en el mundo, representan un relicto de vida de otros tiempos y resguardan registros de la historia natural, la evolución y el clima del planeta. Tienen un profundo valor ecológico y social y albergan organismos útiles para el desarrollo socioeconómico del país. Hoy están en riesgo por la escalada de incendios intencionales.

Bióloga

¿Quién no ha soñado con bosques encantados, que albergan árboles milenarios, hadas o duendes? Nuestros bosques andino patagónicos, hoy amenazados por incendios intencionales, agravados por las sequías, superan la riqueza de los bosques retratados en cualquier cuento de hadas. Resguardan lengas, coihues, alerces milenarios y araucarias que convivieron y posiblemente alimentaron a los dinosaurios. Colibríes, carpinteros gigantes, monitos del monte, helechos y hongos, se originaron cuando Australia y América del Sur se encontraban unidas, o cuando las selvas tropicales formaban un continuo hasta la Patagonia.

Estudiantes e investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, del Conicet-Mendoza y de otras instituciones de ciencia suben montañas, cruzan ríos y arroyos para entender el cambio climático global, la historia de la vida, el funcionamiento de los bosques, y así poder conservarlos para las generaciones futuras.

La historia del planeta refugiada en los bosques

La biodiversidad del bosque —plantas, animales, hongos, levaduras — nos cuenta la historia de nuestro planeta. Algunas especies, como los árboles del género Nothofagus (lengas, ñires y coihues), los cipreses, ciertos colibríes y el marsupial monito del monte, están emparentadas con organismos de Australia y Nueva Zelanda, lo que indica un origen antiguo, cuando América del Sur, la Antártida, África y Australasia se encontraban unidos en el supercontinente Gondwana.

Otras especies, como la caña colihue, el picaflor rubí y muchas plantas con flores, se asemejan a organismos de las selvas tropicales, indicando una continuidad de las selvas desde los trópicos hasta la Patagonia en el pasado. Durante periodos de glaciaciones, muchas de estas especies sobrevivieron en refugios libres de hielo y hoy habitan nuestros bosques.

El valor oculto de los bosques andino patagónicos
Habitante alado. Carpintero gigante macho en el bosque.

Habitante alado. Carpintero gigante macho en el bosque.

Actualmente, gran parte de las plantas de los bosques depende de pocas especies animales que las polinizan y dispersan sus semillas. Cerca del 85% de las plantas leñosas son visitadas por animales, y aproximadamente del 20% por el picaflor rubí (Sephanoides sephaniodes), o piñuda en lengua mapuche. Este picaflor depende en invierno del quintral, una planta hemiparásita de flores coloridas, cuyas semillas son dispersadas por el monito del monte, el marsupial emparentado con los canguros australianos. Otras aves, como el carpintero gigante, actúan como controles naturales de plagas, mediante el consumo de larvas que dañan a los árboles.

Por lo tanto, la conservación y regeneración del bosque depende de la conservación de estos animales, la mayoría de los cuales no logran escapar las llamas de los incendios.

El valor oculto de los bosques andino patagónicos
En llamas. Uno de los últimos incendios registrados en el Parque Nacional Los Alerces, en la provincia de Chubut.

En llamas. Uno de los últimos incendios registrados en el Parque Nacional Los Alerces, en la provincia de Chubut.

Historias escritas en los anillos de los árboles

Los árboles que sobreviven el paso del tiempo y aquellos que mueren y permanecen en el bosque registran en su madera la historia socioambiental de los últimos cientos a miles de años: temperaturas, precipitaciones, uso del bosque por parte de las comunidades originarias y colonizadores europeos, avalanchas, entre otros.

El Ianigla, institución de Conicet-Mendoza, lidera estudios dendrocronológicos, es decir, el estudio de los anillos que forman los árboles año a año. Décadas de investigación —que incluyen extensas caminatas, muestreos, meticulosas observaciones al microscopio— nos han enseñado, entre otras cosas, que la mortalidad del bosque aumenta durante sequías extremas; que las explosiones poblacionales de insectos, asociadas a años secos, pueden reducir hasta la mitad la productividad de los árboles; y que las avalanchas son más frecuentes en períodos de grandes nevadas.

Los árboles que sobreviven el paso del tiempo y aquellos que mueren y permanecen en el bosque registran en su madera la historia socioambiental de los últimos cientos a miles de años: temperaturas, precipitaciones, uso del bosque por parte de las comunidades originarias y colonizadores europeos, avalanchas, entre otros temas.

Los anillos de araucarias y lengas también registran la historia de los incendios y su relación con el clima y los humanos. Aunque las sequías favorecen la propagación de los incendios, éstos están mayormente relacionados a la actividad humana. La frecuencia de incendios aumentó desde principios del siglo XX durante la ocupación de la Patagonia por inmigrantes europeos, quienes quemaban el bosque para habilitar áreas ganaderas. Las plantaciones de especies exóticas como los pinos también se asocian a mayores frecuencias de incendios, mientras que la creación de parques nacionales y las políticas de supresión del fuego disminuyeron la frecuencia de incendios.

El valor oculto de los bosques andino patagónicos
Riqueza forestal. Alerces en el brazo sur del lago Menéndez, Parque Nacional Los Alerces.

Riqueza forestal. Alerces en el brazo sur del lago Menéndez, Parque Nacional Los Alerces.

Estos estudios nos permiten inferir las causas de los incendios, predecir las condiciones ambientales que los favorecen (i.e., sequías, altas temperaturas), y prevenir, mediante políticas públicas, la ignición y propagación del fuego, y los daños severos en el bosque y poblados cercanos.

Aquí podemos citar a la escritora argentina Mariana Enriquez (porteña, 52), cuando dice en su cuento “Las cosas que perdimos en el fuego”, que “las quemas las hacen los hombres”.

Microorganismos y virus

Investigadores del Conicet, junto a cerveceros locales e internacionales, descubrieron y aislaron levaduras del bosque capaces de fermentar a bajas temperaturas y aportar sabores propios de las “cervezas Lager del fin del mundo”. Estas levaduras, que incentivan la industria cervecera local, viven en el hongo llao-llao, que a su vez se desarrolla sobre árboles de lenga.

Por su parte, el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) es reservorio de hantavirus, un virus que puede producir enfermedades cardiorespiratorias de alta letalidad. Las poblaciones de estos ratones pueden aumentar 100 veces por encima de lo normal, fenómeno denominado “la ratada”, cuando las cañas colihue florecen y producen semillas masivamente, cada 40 a 70 años. Aunque no conocemos del todo los mecanismos que desencadenan las floraciones masivas, su monitoreo y detección ayudan a prevenir la trasmisión del virus a los humanos.

El valor oculto de los bosques andino patagónicos
En alerta. Un bello ejemplar de carpintero gigante hembra en un sector de la espesura.

En alerta. Un bello ejemplar de carpintero gigante hembra en un sector de la espesura.

A los relatos de ratadas que descienden por laderas, se sumergen en los lagos o ingresan a viviendas, se suman hoy cuidadosas investigaciones. Científicos, guardaparques, técnicos de salud y gestores trabajan en conjunto para predecir floraciones masivas, restringir el turismo o evacuar zonas determinadas para prevenir contagios de hantavirus. Luego de estos eventos ocurre la muerte masiva de las cañas, aumenta la luz en el sotobosque, que incentiva la germinación de distintas especies, y origina la regeneración del bosque.

La conservación y restauración de los bosques afectados por los incendios dependen de políticas públicas que sostengan instituciones científicas y de manejo de áreas naturales, del fortalecimiento de equipos de brigadistas, bomberos y guardaparques, y de la participación comunitaria en estrategias de restauración ecológica y conservación. El futuro de los bosques está en nuestras manos, y en las de nuestros representantes.

(*) La doctora Aranibar es decana y docente de Ecología Ambiental y Regional en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UNCuyo; investigadora del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, Conicet-Mendoza.

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

LAS MAS LEIDAS