Un clamor llenó anoche la antigua plaza de toros de Tarragona: "Viva Cataluña libre". Y el presidente de la región lanzó él mismo la campaña por el sí en el referéndum de autodeterminación prohibido desde Madrid.
Un clamor llenó anoche la antigua plaza de toros de Tarragona: "Viva Cataluña libre". Y el presidente de la región lanzó él mismo la campaña por el sí en el referéndum de autodeterminación prohibido desde Madrid.
A 17 días de la consulta popular declarada anticonstitucional por la justicia española, unas inmensas pancartas anuncian ya en catalán: "Hola nuevo país", "hola República". De repente, 8.000 asistentes ovacionan a los dirigentes de la región, con una causa judicial por "desobediencia", "prevaricación" y "malversación" por la organización de este voto.
"Ya son más de 750 alcaldes (sobre 948) quienes nos dan apoyo" y "más de 47.000 voluntarios", celebra el vicepresidente catalán Oriol Junqueras, historiador y dirigente de Izquierda Republicana de Cataluña. "Las amenazas nos hacen más fuertes", añade, frase celebrada por el público con el eslogan "no tengo miedo", popularizado en Cataluña tras los atentados yihadistas de agosto.
Esta vez el objetivo es apoyar a los alcaldes amenazados de investigaciones judiciales o incluso arresto si cooperan en la organización del referéndum.
En el escenario, el presidente conservador de la región, Carles Puigdemont, antiguo periodista de 54 años, no muestra ninguna neutralidad. En enero de 2016, anunció que llevaría a la región hacia la independencia en 2017.
“Nos dicen que el día 1 de octubre no votaremos”, exclama en referencia al mantra repetido por el jefe de gobierno conservador español, Mariano Rajoy. “¿Y qué creen que pasará”: “votaremos, votaremos” respondía el público.

En una gran pantalla, la voz del anuncio de la campaña promete felicidad: “Adiós al menosprecio, miedos, injusticia, incertidumbre, amenazas”.
Por momentos, se podría olvidar que la mitad de los catalanes quiere seguir en España, según los sondeos.
O que los independentistas, con un 47,8% de los votos en las elecciones regionales de 2015, son acusados de aprovechar su mayoría en el Parlamento para aprobar la ley del referéndum y otra para hacer la transición hacia la “República catalana”, ambas suspendidas, que piensan proclamar si ganan el referéndum.
La ciudad mediterránea, con un bello complejo de ruinas romanas, es uno de los bastiones no independentistas, dirigida por un alcalde socialista que rechazó cooperar en la votación.
El recinto concreto también es simbólico: se trata de la antigua arena de Tarragona. En 2010, el Parlamento catalán abolió las corridas de toros, aunque en 2016 el Tribunal Constitucional levantó la prohibición.
Fuera del recinto, que colgó el cartel de “completo”, Jordi Inglada ondeaba su bandera independentista. “Independentista de toda la vida, de una familia que fue represaliada con pena de cárcel por la dictadura de Francisco Franco”, este viticultor de 43 años considera que “muchos de los ministros actuales son los herederos del Franquismo”. En Madrid, “trabajan para que seamos como ellos, quieren una uniformidad del país”, asegura.
Pero “en el siglo XXI, no se atreverán a utilizar las armas. Si detienen o inhabilitan a los alcaldes o al presidente, en su lugar habrá otro, hasta que no quede un catalán libre”, añade.