16 de marzo de 2013 - 22:09

A cada oveja por su nombre: "El Pastor pródigo”

El impacto de la elección del cardenal Bergoglio como nuevo Pontífice de la Iglesia Católica, susurra a cada momento muchas palabras, que con cariño desean definir, mezcla de emoción y alegría, el rasgo más particular del Papa argentino. Se escucha que es muy humilde, alegre, sabio, conocedor de la “calle”, sensible a las necesidades del otro, sencillo, de profunda fe, y tantas otras, que voy a juntar todas ellas en una sola: su rasgo más sobresaliente es que es un Padre-Pastor.

Creo que ha llegado al ministerio de Pedro un apóstol que en esencia es un Pastor muy conocedor de su rebaño, y que será un Padre, que dimensionará su trabajo desde esta perspectiva como rasgo fundamental.

La figura bíblica del Pastor por excelencia es de Dios, por esto su vicario, su representante en la tierra debe hacerse a su imagen, difícil tarea, aunque Él, el Señor, apoya, ya que promete dar pastores “según su corazón”.

Todos los Papas definen sus pontificados por sus grandes dones que ponen al servicio de su ministerio. En este caso, digo que el don más grande de Francisco es el pastoral, su ser de “padre”, que no desmerece los dones de otros. Desde esta mirada se expresan sus gestos tan cercanos y sencillos -dijo al saludar en la plaza San Pedro,

“Hermanos y hermanos, buenas tardes”-, y se presenta como obispo de Roma, desea caminar la ciudad, ir al encuentro, no manda un saludo al cardenal Mejía, lo va a ver a la clínica, busca su maleta, viaja en bus, cercanía del tipo “cara a cara”. Pero a no equivocarse, a ejemplo de Jesús, que cuando fue necesario usó términos como sepulcros blanqueados y raza de víboras, Francisco también dio muestras de llamar a las cosas por su nombre y pidió: “No quiero ver más a éste por la Basílica” (en referencia al cardenal Law).

Este Padre-Pastor llega en el momento justo a renovar cosas necesarias en la Iglesia, una nueva brisa entra por las ventanas abiertas del Vaticano, y la causa es este hombre que pastorea conociendo a las ovejas por su nombre. No literalmente, pero su mirada dice que conoce los rostros sufrientes de las villas, los perdidos por los males modernos, los que esperan justicia, los desplazados por un sin fin de motivos, los que no entran en los casilleros establecidos, sobre todo los establecidos, donde algunos pocos se han arrogado el derecho a decir cómo y cuándo a muchos.

Hoy hay tanta alegría por la llegada de este hombre santo al Papado que pareciera que el mundo está de fiesta. Entonces, al igual que en la parábola, veo un momento de intenso regocijo, aunque a la inversa, ahora para los millones de fieles en el mundo, incluso para algunos no creyentes, el sentimiento es el de pensar y sentir que están de fiesta porque finalmente “un Padre ha vuelto a casa”.

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