Protestas callejeras tuvieron lugar en las principales ciudades de Brasil ayer, día de la independencia, y en Río de Janeiro y Brasilia cientos de manifestantes se enfrentaron con la Policía, que los dispersó con gases lacrimógenos y gas pimienta.
Protestas callejeras tuvieron lugar en las principales ciudades de Brasil ayer, día de la independencia, y en Río de Janeiro y Brasilia cientos de manifestantes se enfrentaron con la Policía, que los dispersó con gases lacrimógenos y gas pimienta.
Manifestaciones fueron convocadas en más de 100 ciudades del país a través de las redes sociales, pero fueron hasta anoche significativamente menores a las de junio, cuando más de un millón de personas protestaron contra la corrupción, el millonario gasto público para el Mundial 2014 y por salud, educación y transporte de mejor calidad.
En Brasilia, cientos de manifestantes intentaron romper el cordón policial que protege el estadio mundialista Mané Garrincha casi dos horas antes del partido amistoso Brasil-Australia, cuando había hinchas ingresando, pero fueron dispersados por la Policía, que lanzó gases lacrimógenos. Los manifestantes, muchos enmascarados, respondían lanzando piedras a los policías y corrían en todas direcciones en las inmediaciones del estadio, perseguidos por policías de choque y la policía montada.
Al menos 24 personas fueron detenidas, según las autoridades.
Al menos cuatro personas resultaron heridas, entre ellos un fotógrafo de la agencia Reuters que fue perseguido por un perro de la policía. Los agentes lanzaron asimismo gas pimienta contra otros periodistas.
En Río, más de 100 manifestantes invadieron la avenida donde se realizaba el desfile militar por la independencia. Para dispersarlos, la policía disparó gases lacrimógenos cerca de los espectadores, muchos de ellos familias con niños, que corrían para protegerse.
Trece personas resultaron heridas, según la secretaría municipal de Salud, y 24 manifestantes fueron detenidos.
"La educación brasileña es una vergüenza, los salarios también, se invierte en iniciativas privadas en vez de en iniciativas públicas", dijo Eduardo Marques, de 25 años, un manifestante que se acaba de graduar como profesor y exige "la inserción social de todos los brasileños".
"No hay que tener miedo de protestar; seguimos pidiendo mejor transporte, mejor salud y educación, que son los mayores problemas de los brasileños", dijo por su parte Amanda Santos, una diseñadora gráfica de 23 años que protestaba encapuchada en San Pablo.