13 de octubre de 2015 - 00:00

Blur en Buenos Aires: un trato con la felicidad

Los británicos cerraron su gira americana el domingo pasado, en Buenos Aires.

Fue sorprendentemente bueno lo de Blur, ante diez mil personas, en el estadio cubierto del predio Tecnópolis, en el cierre de la gira americana que la banda británica emprendió por nuestro continente con fechas en Estados Unidos, México, Chile y nuestro país: Córdoba el sábado y Buenos Aires el domingo. Sorprendente porque, más allá del gran disco que editaron este año y del nivel del resto de su repertorio, nos sobrarían los dedos de una mano para nombrar grupos que se mantengan tan vigentes y con la misma formación a casi treinta años de sus comienzos.

El show arrancó con “Go out”, el tema que funcionó como primer corte de “The Magic Whip”, el disco que la banda lanzó en abril de este año, un excelente muestrario de todo lo que Blur es capaz: un combo que recorre desde piezas de rock onírico con tintes de guitarras podridas como en “I thought I was a spaceman”, a valses del tipo “To the end” o canciones pop con ganchos directos y efectivos como “Girls & Boys” o “Parklife”.

“Es un proceso complejo esto de intentar hacer algo que sea bueno y a la vez... populista”, comentó Damon Albarn, cantante y compositor principal de la banda, en una muy buena entrevista que le realizaran recientemente en Rolling Stone. “No es un maridaje sencillo... La combinación más difícil es hacer algo que sea a la vez bueno y popular”.

Tras la apertura con ese último éxito de la banda sonó “There’s no other way”, su primer hit, lanzado en 1991, y de allí en adelante intercalarían –durante las casi dos horas que duró el show– temas nuevos como “Lonesome Street”, “Ghost Ship”, “Thought I was a Spaceman” y “Ong Ong” con otros ya habituales en su repertorio en vivo como “Coffee & TV”, “Song 2”, “Beetlebum”, “The Universal”, “Tender” o “Stereotypes”, estos dos últimos temas que permitieron lucirse al grupo femenino de coristas soul y a la línea de instrumentos de vientos que los acompañaron durante toda la gira.

Considerando que la banda se separó en 2002 para volver a juntarse en 2008, es realmente buena la química que hay entre ellos. Recordemos que en varias bandas de rock los compromisos contractuales llevaron a sus integrantes a continuar adelante con sus proyectos, más allá de sus evidentes malas relaciones personales.

Este no es el caso de Blur, quizá porque cada uno de sus integrantes supo, durante el tiempo que se tomaron, hacer las cosas que habían postergado antes: Albarn grabó comedias musicales, bandas de sonido, discos solistas, formó a los Gorillaz y a The Good, The Bad & The Queen, viajó por África para grabar con músicos locales y hasta escribió una ópera. El guitarrista Graham Coxon, por su parte, se dedicó a una carrera solista de bajo perfil con discos de una intimidad de garage.

El bajista, y otrora dandy, Alex James abandonó la noche londinense: se casó, se fue a vivir al campo, tuvo cinco hijos, se puso a fabricar quesos y escribió una biografía acerca de la banda. Y el baterista Dave Rowntree, quien a los 40 había tenido una crisis a la inversa, sintiendo que había malgastado su tiempo en una banda de rock cuando pudo haberse dedicado a una carrera universitaria, retomó sus estudios en leyes y militó en su ciudad natal para el partido laborista.

Justamente, entonces, con cada uno bien instalado en lo suyo, cada nueva gira de Blur (que ya no duran tanto como antes) es un encuentro donde el disfrute está claramente por sobre el compromiso. Y esto se nota y lo contagian a su público.

Es una lástima que de alguna manera en las tres visitas que nos realizaron (la primera en el Luna Park en 1999 y la anterior hace un par de años) tocaron un set bastante similar, salvo obviamente por las canciones del nuevo disco que presentaron el domingo pasado, que dicho sea de paso funcionan muy bien en vivo; sobre todo por el espacio que brindan a Graham Coxon para que pueda lucirse con esos solos anárquicos y podridos que tan bien lleva.

Y en cuanto a la lista de temas, en esa misma entrevista realizada en Londres por el cronista Pablo Plotkin, Albarn manifestó: “Cuando estás haciendo un show grande, ¿realmente podés elegir esas canciones que casi nadie recuerda por sobre otras que generan semejante estado de comunión? Creo que si uno sólo va a tocar lados B o canciones para entendidos, de alguna manera tiene que avisar antes y que la gente se prepare y decida pagar por eso. Estamos haciendo shows grandes. Hay una especie de trato. Y la parte que nos toca es lograr que el espectador sienta que acaba de vivir una experiencia catártica, emocional y que salga de ahí lleno de felicidad”.

Tras el cierre en bises con “Stereotypes”, “Girls & Boys”, “For Tomorrow” y “The Universal”, las caras de felicidad en el público dejaban bien en claro que el trato había funcionado.

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