Forma parte de uno de los grupos vitivinícolas más importantes del mundo del vino en Chile, Viña Montes. Aurelio Montes Jr. estima que, aun sin competitividad, Argentina todavía tiene mucho potencial. No obstante, cree necesario tener estabilidad para que el negocio crezca.
-Nosotros, como bodega, exportamos el 95% de la producción, por lo tanto, nuestro foco es el mercado internacional. No obstante, como la devaluación del dólar con respecto a la inflación está desfasada, los costos han ido aumentando y nos han sacado competitividad. Básicamente hace 10 años atrás Argentina era un país extremadamente competitivo y llegaba a lugares donde el viejo mundo no podía entrar.
Debido a la pérdida de competitividad, hoy han aparecido nuevos competidores, como Francia, España, Italia, Estados Unidos, que están con niveles de precios muy competitivos, con lo cual el espacio que tenemos para competir es cada vez más pequeño.
En Argentina vivimos algo que es contrario a lo que pasa en el mundo, donde se está trabajando con tecnología y grandes eficiencias en países más estables. Por ejemplo, nosotros en Chile en nuestras bodegas todos los años bajamos los costos ya que trabajamos sobre la eficiencia.
-Con este escenario, ¿por qué deciden continuar con el negocio en Argentina?
-Nosotros, mi padre y yo, somos enólogos, no somos bodegueros. La razón principal es nuestro profundo amor por el vino, que muchas veces nos sobrepasa y nos hace cometer algunas locuras y cosas que suenan ilógicas. Muchas veces nos dicen que invertir en Argentina es cosa de locos, que tenemos que cerrar la puerta de la bodega con doble candado y volvernos a Chile.
Pero la verdad es que Argentina tiene mucho que mostrar y dar al mundo del vino. Al fin y al cabo esto es como el amor, es más fuerte, uno se enamora del lugar, de la gente, en Mendoza hay un terroir único, entonces pasa que la rabia que uno se agarró durante el día, el lugar te lo premia al atardecer o a la noche cuando te juntas con amigos.
La verdad es que los economistas nos dicen que estamos locos, pero para hacer vino hay que tener una cuota de locura.
-¿Cree que la tormenta va a pasar?
-Nosotros conocemos Argentina y sabemos que es cíclica. Cuando llegamos Cristina (Fernández de Kirchner) era una maravilla con los extranjeros, hoy vemos la otra cara de la moneda. Pero nosotros sabemos que Argentina va a cambiar, es un país rico. El día que pase la tormenta, aquí la paz es más grande que en otros lugares.
-En el mundo del vino, ¿Argentina solo da pelea con el malbec?
-Para Argentina es brillante el hecho de tener una variedad emblemática como el malbec, que ha sido una bandera de batalla muy bien utilizada por el país. Si me preguntas cuál es el problema de esto, es que no hemos sabido parar, y esto es lo que siempre he dicho.
Desde la bodega, nos vamos de gira a Estados Unidos y hemos implementado un lema para presentar los vinos: “Argentina, mucho más que malbec”. En toda la presentación sólo mostramos un malbec y nada más, y el resto estamos mostrando las otras variedades con las que estamos trabajando.
-¿Cómo puede afectar al país la malbec-dependencia?
-Estamos jugando con fuego: el fuego es entretenido, gusta y de allí siempre pueden salir cosas muy buenas, pero también nos podemos quemar, entonces hay que tener cuidado con la dependencia del malbec.
Con Australia vivimos lo mismo, donde el syrah tuvo una explosión mundial y todo el mundo hablaba del syrah australiano, siete años después la gente se aburrió del syrah y quisieron cambiar de variedad. Con el malbec estamos todavía lejos de ese punto, sin embargo, tenemos mucho por hacer, pero tenemos que tener cuidado.
Argentina tiene mucho para mostrar, mucho más que malbec, tenemos excelentes cabernet sauvignon, cabernet franc, chardonnay; somos distintos mostrándole al consumidor vinos especiales que sean nuestros. Muchas veces nos da timidez mostrar los vinos que no son malbec.
-¿Deberíamos preocuparnos por los malbecs que se están desarrollando en Chile o en otras partes del mundo?
-No, la verdad es que no. No creo que le resta, creo que eso suma. Soy un gran creyente de que trabajar por separado con Chile es un gran error. Somos dos moscas insignificantes en el mundo del vino y entre los dos no llegamos ni al 10% del vino del mundo, y entre nosotros dos competimos.
Creo que es un locura, creo que Argentina y Chile deberían salir a mostrarse al mundo como una sola zona en conjunto. He probado malbec de Chile, son distintos y entretenidos, pero muy diferentes a los que se pueden lograr aquí.
Perfil
Aurelio Montes del Campo nació en Santiago de Chile y cursó sus estudios en el Colegio Newland. En 1994 ingresó a la Universidad Católica de Chile, donde estudió la carrera de Agronomía con especialización en enología, graduándose en 1999 con honores.
En los comienzos de su carrera como enólogo, Aurelio viajó por el mundo recorriendo las principales zonas vitivinícolas. En el año 2001 regresa a Chile e ingresa a Viña Ventisquero como enólogo asistente bajo la supervisión del enólogo Felipe Tosso
En 2005 se retira por un año de la enología para dedicarse 100% a la ayuda social, trabajando intensamente con los niños de la calle a través de una organización de beneficencia llamada “María Ayuda”. En el año 2006 retoma sus actividades como enólogo de Viña Ventisquero.
En 2007 es invitado a integrar al equipo de enología de Montes como director enológico, estableciéndose en la bodega de Apalta, donde se elaboran los vinos premium Montes Alpha e íconos. Durante esos años fue responsable del desarrollo de nuevos vinos como también del estudio del terroir de Montes, proyecto en el que trabajó junto a Pedro Parra, reconocido experto mundial en el tema, por más de cuatro años.
En 2011 Aurelio se traslada con su familia a Mendoza, Argentina, para liderar el proyecto Kaiken de Montes y convertirlo en un referente de calidad de la industria vitivinícola de Argentina. Desde su arribo, Aurelio ha experimentado en nuevos terroirs y prácticas enológicas, incluyendo la biodinamia e incorporando procesos de sustentabilidad como eje fundamental del quehacer de Kaiken.