Si bien el efecto del clima fue excepcional este año, la variabilidad de la oferta, la demanda y los precios es un problema que -si bien es característico de esta producción- viene golpeando en mayor medida a los productores más chicos.
Si bien el efecto del clima fue excepcional este año, la variabilidad de la oferta, la demanda y los precios es un problema que -si bien es característico de esta producción- viene golpeando en mayor medida a los productores más chicos.
César David Rojas, horticultor de Guaymallén, aseguró que este año “la suba de precios por la falta de mercadería no alcanza para compensar las pérdidas de producción, que han sido muy importantes”, de manera que “no alcanzamos a cubrir los costos de la chacra”.
Pero por uno u otro motivo, esa fluctuación que caracteriza al negocio ha ido mellando las posibilidades y la voluntad del productor primario. “Antes -recuerda- mi padre trabajaba muchas hectáreas más -aproximadamente 12 o 13- y vendíamos en la misma finca, pero ahora decidimos ajustarnos a trabajar 3 o 4 hectáreas, vender en el Mercado, mantenernos con lo que tenemos, y cuando hay un poco más de demanda salimos a comprar a los vecinos, a otros productores conocidos”. Reconoció, por otra parte, que “el productor que no comercializa su mercadería en el mercado de concentración y la vende en la finca está padeciendo más que nosotros”.
Mayores costos
Mientras tanto, los costos de producción siguen en aumento. Sobre este punto Rojas advirtió que "los productores estamos sintiendo el cambio climático cada año. Antes no había este desorden, y nosotros podíamos ir manejándonos, pero ahora cada vez se está gastando más producto, y es más caro".
Desde el INTA Mendoza, Mabel Pereyra ratificó que, en las chacras, “las aplicaciones terapéuticas han sido mayores en número con menos efectividad y han influido en los costos de producción”.
Aparte de ello, “los inconvenientes para los productores han sido múltiples: operativos, en el sentido de no poder realizar las cosechas por anegamiento en los caminos y en las chacras; mecánicos, por roturas de hojas y frutos en la manipulación y acondicionamiento en los diferentes envases, y fisiológicos, como las rajaduras, muy evidentes en frutos que aún no han sido cosechados, que deprecian el producto o lo sacan del circuito comercial”.
Con respecto al mayor gasto derivado del aumento de precio de los insumos, el productor César Rojas detalló: “Por ejemplo, el agroquímico que usamos para combatir el pulgón en la lechuga, el año pasado costaba 1.200 pesos el litro, y hoy nos están cobrando de 2.600 a 2.800. Por eso, antes lo comprábamos por litro, ahora llevamos envases de un cuarto”. Reconoció que “este año no hubo plaga de pulgón por las lluvias, pero cuando no llueve y hace mucho calor, a veces tenemos que curar 2 veces por semana”.
Por otra parte, “necesitamos cada año más fertilizante para producir, y también es más caro”, afirmó el chacarero de Guaymallén. Recordó que “el año pasado una bolsa de urea de 50 kilos nos costaba $ 160 y hoy vale $ 300. Ahora, para tener una siembra pareja y segura tenemos que hacer los plantines y trasplantarlos”.