28 de septiembre de 2013 - 23:01

Atrapaba a los hombres y era cruel con mujeres

Al final de su vida, sus amores comenzaron a volverse platónicos, asegura Charles Dumont, mencionado por muchos en la larga lista de sus amantes.

Porque más que amante, Piaf era una suerte de Pigmalión. A Montand, Moustaki o Sarapo, Piaf los formaba, los transformaba. "Admitan que tengo suerte de tener tantos amantes. ¡Qué mujer no me los envidiaría! Son todos jóvenes, bellos, seductores, y después que me conocen, comienzan incluso a hallarles talento", dijo un día, con picardía.

"Cuando Piaf elegía a un hombre nunca era por casualidad, tenía olfato, sabía descubrir el talento", asegura Hugues Vassal.

Con las mujeres era otra historia. Solía ser cruel cuando se sentía en competencia. "No le gustaba demasiado" la cercanía de ellas, según Christie Laume. "Con las mujeres podía ser abominable", agrega Hugues Vassal.

La actriz y cantante francesa Line Renaud lo sabe en carne propia. Y evoca incluso un "complot" orquestado en 1954 por Piaf en el medio artístico, lo cual obligó a Renaud a refugiarse durante un tiempo en Las Vegas.

Según ella, "Piaf no era buena, era diabólica, sobre todo con las mujeres más jóvenes y bellas que ella".

Lo cual no impide que la "môme", señala Charles Dumont, haya protegido a otras mujeres que apreciaba, como Suzanne Flon y Annie Girardot. "¡Y nadie podía meterse con ellas!"

Fue ella quien empujó a Charles Aznavour -otro "hombre de Piaf", sin haber sido su amante- a hacerse cirugía estética en la nariz.

"Hay que perdonarla", dice Hugues Vassal, "vivía obsesionada con sus fantasmas".

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