En una propiedad concebida bajo una lógica de moderación e identidad propia, Lucas Bocchino y Andrea Frigerio estructuraron una vivienda donde la cotidianidad dialoga con la creación visual. El diseño general prioriza las líneas simples y materiales de calidad, alejándose de recargos innecesarios para consolidar una atmósfera calma, luminosa e íntima.
Andrea con sus productos de perfumes.
El interiorismo de la casa se apoya sobre sofás claros, mesas bajas con libros apilados y flores frescas. En este marco, el arte contemporáneo, las piezas gráficas y las fotografías no cumplen una función meramente decorativa, sino que estructuran el espacio bajo una iluminación cálida.
La decoración de la casa del matrimonio está llena de arte.
La teoría del rojo inesperado y el diseño con intención
Para activar visualmente la base sobria dominada por pisos de madera y cortinas livianas, el espacio incorpora detalles rojos en lámparas y objetos estratégicos. Esta aplicación responde a la teoría del rojo inesperado, un mecanismo de interiorismo que introduce un acento vibrante sobre entornos calmos para generar contraste, dinamismo e identidad sin romper el equilibrio armónico.
La casa cuenta con un amplio jardín.
La vivienda funciona además como sede de experimentación olfativa, al albergar un laboratorio equipado con frascos y esencias donde se formulan fragancias de la línea Roses are Roses. Tras más de una década de desarrollo, este taller aplica la lógica del ensayo, mezcla y ajuste fino para entrelazar memoria y emoción en piezas únicas.
Un laboratorio de aromas y un refugio natural
La distribución de la propiedad se completa con un jardín amplio, verde y silencioso. Este espacio abierto actúa como un refugio de calma que interrumpe el ritmo cotidiano, consolidando la vivienda como un universo propio estructurado en torno al arte, el diseño y la naturaleza.