Aun cuando la coyuntura en Brasil no aparece como demasiado favorable, con tasas de desempleo que alcanzaron el pico más alto en los últimos tres años, los salarios que, en promedio, son los más bajos de la última década y la economía que va lentamente hacia una recesión -según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas, Brasil creció apenas 0,1% en 2014-, pareciera que no todas son malas noticias, por lo menos para el negocio del vino, según destaca un reciente informe del Observatorio Vitivinícola Argentino.
Los organismos encargados del fomento del consumo de vinos en Brasil pronostican que en 2016 el mismo crecerá, llegando a 2,6 litros per cápita, más del 37% de ascenso si lo comparamos con los 1,9 litro que los brasileños beben actualmente por año. El desafío para la Argentina será ganar parte de ese aumento de consumo previsto, en un país con más de 200 millones de habitantes.
Sin embargo, por ahora, el consumo de vinos en Brasil todavía es bajo en relación a otros países de la región y del mundo. La cifra de 1,9 litro de vino per cápita al año está bastante lejos de los 60 litros anuales de cerveza y de los 20 litros de cachaza (destilado de caña de azúcar que se usa como materia prima para la elaboración de la conocida caipirinha).
Argentinos y chilenos en Brasil
Históricamente, los vinos argentinos y luego los chilenos han sido beneficiados en Brasil y han logrado un mejor posicionamiento en su mercado. Es que cuentan con una ventaja arancelaria (alícuota cero) respecto a los vinos importados desde otros países, que deben abonar un arancel del 27%, señalan desde el Observatorio.
Varios han sido los motivos que han generado caídas continuas en las ventas de los vinos argentinos a Brasil. La devaluación del real y el incremento de los costos en la cadena de distribución, sobre todo impositivos, que se vieron reflejados en los precios de góndola y que no fueron bienvenidos por los consumidores, son, entre otras, las más importantes piedras en el camino para las bodegas argentinas.
A la Argentina le ha costado conseguir competitividad en este destino, básicamente porque tuvo que aumentar sus precios, con el efecto esperado: las ventas bajaron. Entonces, los segmentos cercanos a entre U$S 30 y U$S 35 por caja de 12 botellas fueron ocupados, mayoritariamente, por las viñas de Chile.
Otra grieta que se genera en la relación comercial con Brasil son las “licencias no automáticas” aplicadas al momento del ingreso. Las bodegas argentinas deben esperar hasta 60 días para conseguir la aprobación, mientras que las chilenas las obtienen rápidamente.
Estas licencias no automáticas impuestas por el Gobierno brasileño frenaron el flujo de ventas argentinas y, obviamente, eso perjudicó el desarrollo de nuevos negocios en ese mercado.
Los principales canales de venta de vinos en Brasil son los supermercados, que cuentan con bodegas acondicionadas, sommeliers y personal especializado en el sector. Las góndolas supermercadistas, que venden el 70% del total de los vinos que se expenden en Brasil, exhiben una amplia variedad de etiquetas de vinos importados, entre los que se incluyen los argentinos, destaca el informe.
Aun cuando la calidad de los vinos brasileños ha crecido y ha sido reconocida por los especialistas, la preferencia de los consumidores se mantiene asociada con los vinos importados, especialmente los chilenos y argentinos.