15 de marzo de 2013 - 00:22

Arancedo y Lozano, candidatos a la vacante en Buenos Aires

Una de las primeras decisiones que deberá tomar Francisco es quién lo sucederá al frente de la que hasta hace dos días era su arquidiócesis. Encabezan quienes tenían mayor afinidad con él.

Nadie más parecido al Papa Francisco, en sus modales y en su acción pastoral, que el presidente del Episcopado y arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, y el diocesano de Gualeguaychú, Jorge Lozano. Ambos figuran a la cabeza de los candidatos a suceder a Jorge Bergoglio al frente de la Arquidióceis de Buenos Aires.

Monseñor Lozano llegó a Gualeguaychú luego de que el Gobierno había dinamitado todos los puentes de diálogo sobre el conflicto por la pastera Botnia. Abrió un diálogo de "constructores de paz" con el obispo de Salto, Pablo Galimberti, y el presidente de la Conferencia Episcopal uruguaya, Carlos Collazzi.

Arancedo agradeció a Bergoglio que haya aceptado "servir a la Iglesia como sucesor de Pedro". Firmó el telegrama al "querido Jorge" en nombre de los obispos.

¿Se habrá moldeado de tal forma como obispo -sacerdote en su plenitud- como para suceder al Papa Bergoglio en Buenos Aires o el nuevo Papa lo prefiere timonel de la Iglesia en Argentina y nombrará a Lozano, quien fue su obispo auxiliar porteño? Además, piloteó desde la fe y la oración el consuelo solidario con los familiares de las víctimas de Cromañón.

Al difundir el texto de felicitación, Arancedo tuvo a su lado a otro posible candidato a la sede primada de la Argentina. El obispo auxiliar porteño Joaquín Sucunza es hoy el vicario del Papa Francisco. Gobierna la arquidiócesis porteña, con más de tres millones de fieles. Sucunza se destacó como animador de la pastoral social. Esta labor de acompañamiento a los pobres, en los barrios más desamparados, es otra virtud de Francisco, que hoy destacan en todo el mundo.

Lozano, Arancedo, Sucunza y también el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, son el flanco moderado del Episcopado. No por eso carecen de firmeza doctrinaria, pero han preferido el diálogo a la descarnada lucha dialéctica.

En este ejercicio, se siente más cómodo y lo practica con cierta eficiencia el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer. A quienes lo rodean y prefieren su estilo duro y combativo, les gustaría ver coronada su carrera eclesiástica con el gobierno de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Un escalón hacia el cardenalato, aunque tuvo descacuerdos con Bergoglio.

El platense, que disfruta de sus firmes embestidas dogmáticas desde su programa televisivo "Desde el Areópago", mantuvo abundantes contactos con funcionarios de el Vaticano. Lo alentaba cierta afinidad con el papa emérito Joseph Ratzinger, en materia de ortodoxia e inflexibilidad doctrinaria.

Tampoco le faltaban contactos de fuste en la política italiana como el ex embajador menemista ante la Santa Sede, Esteban "Cacho" Caselli. Repitió críticas punzantes como cuando describió a la materia escolar bonaerense "Construcción de ciudadanía" como "neomarxista y gramsciana".

Siempre se dijo que "de Roma viene lo que a Roma va", pero hoy Benedicto XVI inició una vida recoleta en las celdas y galerías de un convento intramuros en el Vaticano. Quien decide ahora es quien, si no fuera hoy Papa, iba camino a la jubilación tras cumplir 75 años en 2011.

Otros están en guardia: Samuel Jofré Giraudo, obispo de Villa María; Hugo Bárbaro, de Roque Sáenz Peña; Francisco Polti, de Santiago del Estero; y Alfonso Delgado, de San Juan. Son del Opus Dei, la prelatura que recibió un fuerte apoyo de Juan Pablo II y tienen mayor sintonía con Aguer.

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