27 de marzo de 2015 - 00:00

Andreas Lubitz sufrió en 2009 de depresión y una crisis nerviosa

El copiloto del Airbus A320 de la aerolínea Germanwings, era un alemán de 28 años, que vivía con sus padres y era un corredor aficionado. Se llamaba Andreas Lubitz. Había comenzado a trabajar en Germanwings en setiembre de 2013, justo después de terminar sus estudios en el centro de formación de pilotos de Lufthansa en la localidad de Bremen, en el norte de Alemania. Tenía 630 horas de vuelo.

La prensa alemana aportó además un dato inquietante: durante varios meses en 2009, el joven sufrió de depresión y del síndrome de agotamiento conocido como “burn out”. La gente, en tanto, parece no poder creer que algo así haya podido pasar, sobre todo sus vecinos de la localidad de Montabaur, de solo 12 mil habitantes.

“Era muy educado, siempre saludaba aunque sin entrar en conversación”, dijo al diario Bild un joven que vive justo al lado de la casa de los padres del copiloto, con quienes vivía y cuya casa fue allanada por la policía.

“Acá no hay mucho trato entre los vecinos, pero me parece horrible que sin estar nada probado se arrojen sobre él. Me resisto a aceptar que haya hecho algo tan egoísta”, agregó el joven. Otro vecino, un jubilado que conocía a su familia desde hacía mucho tiempo, se quebró al ser entrevistado por el diario Bild.

La conferencia de prensa del presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, fue extremadamente tensa. Con voz entrecortada, el ejecutivo confirmó que Lubitz había interrumpido su entrenamiento como piloto durante varios meses en 2009, pero se negó a dar los motivos por tratarse de un asunto “confidencial”.

Según averiguó el semanario Der Spiegel, sus compañeros hablan de síndrome  “burn-out”  (agotamiento) y depresión. Las mismas fuentes hablaron de “problemas psicológicos”.

“Estaba contento con su trabajo”, señalaron en cambio quienes lo conocían del LSC Westerwald, un club de vuelo deportivo que queda a sólo cien metros de la casa de sus padres, ubicada en un barrio tranquilo de casas con amplios jardines.

“Era miembro de nuestro club. Un joven agradable, como cualquier otro, no podemos imaginar que haya hecho algo así”, confesó un directivo. Otra vecina dijo al diario “Rhein Zeitung” que ser piloto era su sueño y “lo había cumplido”. Los padres del Lubitz se encuentran en el sur de Francia, como el resto de los familiares de las víctimas, pero separados del resto.

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