18 de agosto de 2019 - 00:00

¡Amateur y popular! - Por Maxi Salgado

En una semana en la que la democracia se hizo oír en el país, el fútbol dio muestras de que el espectáculo no siempre es rentable.

El fútbol es lo más democrático que existe en el planeta, es para todos y no le niega oportunidades a nadie”, dijo alguna vez Ronaldo Nazario de Lima, el excelente goleador brasileño.

Y la verdad que en esta semana de convulsión política, en la que el país dio un mensaje en las urnas, el fútbol volvió a dar un ejemplo de su carácter democrático con la sorpresiva eliminación de Boca en la Copa Argentina a manos del humilde Almagro.

Un reflejo de nuestro país. Un país en el que sólo sirve ganar, sin importar todo lo que haya que hacer para conseguirlo. Basta repasar el golpe de timón que dio Mauricio Macri en las últimas horas, en la que sólo piensa en revertir un resultado y no en darle tranquilidad y felicidad a los ciudadanos.

Lo mismo pasa en el fútbol. El espectáculo le ganó la batalla al deporte. Es más importante el resultado que el proceso. Los clubes se convirtieron en empresas.

Ahora es muy común escuchar a los dirigentes sacando cuentas de que competencia le conviene jugar por el solo hecho de los premios que dejará en la tesorería. Así, hay muchos que denostan la competencia  local porque las internacionales traen importantes dólares, si hasta he escuchado decir que ya no es atractiva la Copa Argentina porque el premio es en pesos. Qué le digan eso a los equipos del ascenso, los que ven en ese certamen la posibilidad de hacerse conocer, de aliviar unas finanzas que siempre están en rojo y que sólo se sustentan por el aporte de algunos dirigentes, que no son otra cosa que hinchas apasionados con ganas de tener una alegría.

Alejados de la realidad que se vive, los clubes grandes salen a hacer gala de su riqueza, sin necesidad de que ello ocurra. Así Boca trajo al italiano De Rossi, por ejemplo, sólo para mostrarse como un club poderoso.

No hay otro motivo para que ello sucediera. Porque, quizás los dirigentes más pendientes en sus negocios y en tratar de seguir enriqueciéndose, no han entendido que el negocio tiene “clientes” cautivos (en este caso llamados hinchas) por que ellos tienen sentido de pertenencia. Y allí el fútbol se encarga de darles un cachetazo como en el caso de Boca, como le pasó hace unos meses a Racing y como estuvo de pasarle a River frente al Gimnasia mendocino.

El problema es que en toda esta carrera alocada se va dejando en el camino a chicos que tienen sueños, que le han dado su vida a la institución y que ven que su esfuerzo termina siendo denostado. Léase: jugadores de inferiores.

Y que mostramos una realidad que no es tal. El deporte argentino sufre cientos de problemas. La “estatización” de los fondos del Enard, los que llegaban de un impuesto a los celulares e iba directamente a los deportistas, fue una de los grandes errores de este gobierno.

Entonces nos encontramos con situaciones como que las chicas de básquetbol en los Panamericanos no tienen quién se fije que camiseta deben llevar y entregan un partido que les permitía dar el salto.

Pero también con la rebeldía de cientos de deportistas que sin la necesidad de tener contratos en dólares y movilizados sólo por su amor por el deporte que hacen, trajeron 101 medallas de los Juegos de Lima.

Deportistas que el día después estaban volviendo a sus trabajos, a sus estudios, a devolver los días de vacaciones que se habían pedido para poder ir a competir.

La otra cara de nuestro deporte. Cuando nos demos cuenta que la verdad está abajo, en el trabajo diario, en la posibilidad de superarse día a día, siempre dentro del carácter lúdico que nos aporta la actividad física.  En que el deporte debe ser democracia y no negocio, estaremos ganando la batalla. Una de las tantas que tenemos todavía como sociedad. Igual, algo es algo.

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