Agricultores con problemas de rendimiento y escala

Logran mantener sus tierras pero algunas mejoras estructurales permitirían aumentar su magra rentabilidad. Necesitan de un ordenamiento territorial y un sistema legal que los incluya.

Si bien saben manejar los números que desprende cada gramo de sus cultivos y de sus surcos, y “gerencian” tierras adentro la comercialización de su producción hortícola, los agricultores familiares del cinturón verde del Gran Mendoza están luchando con los problemas de escala y rendimientos, que atentan contra su producción. Según los especialistas, se necesita un ordenamiento territorial que los contemple y un sistema legal que los incluya.

La horticultura concentra casi la mitad de su producción en la zona Norte de Mendoza (Maipú, Guaymallén, Las Heras y Luján y Lavalle), territorio que se corresponde con el cinturón verde hortícola que rodea los principales centros urbanos de la provincia.

El cinturón verde del Gran Mendoza se caracteriza por una gran diversidad en los cultivos, que alcanza las 50 especies, entre las que se destacan ajo, zapallo, tomate, zanahoria, verduras de hoja, coles, entre otras. Existen dos épocas importantes de siembra, de enero a junio (hortalizas de invierno) y de setiembre a enero (hortalizas de verano), que a su vez se intercalan con siembras intermedias de hortalizas de hoja.

La hortaliza más cultivada es el zapallo, siendo muy importantes también el ajo y el tomate para industria. Sin embargo, es de destacar la importancia relativa de la gran diversidad de cultivos para consumo en fresco (zanahoria, cebolla, choclo, lechuga, entre otras).

La producción hortícola en el cinturón verde se realiza en gran medida bajo el esquema de agricultura familiar, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los productores trabajan en una superficie inferior a las 10 ha y además reúnen otras características que los agrupan en este sector, tales como contar con mano de obra mayoritariamente familiar, residir en la unidad productiva y ser la base de la reproducción social.

Fernando Diego Guzmán, director del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar  de la Región Cuyo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria -INTA-, dice que establecer la total rentabilidad de los agricultores familiares es una tarea de momento casi imposible.

“No se puede aplicar el concepto económico de rentabilidad que nace si la medimos por la inversión pura y de ella un lucro dado en el tiempo que se concretaría con un porcentaje que da la venta de la producción. Hoy la producción de esos hombres de campo es viable porque también muchos de ellos se mueven en los límites de la legalidad”, aclara Guzmán.

Para el especialista, en la ecuación económica de la rentabilidad también hay que considerar el impacto de la mano de obra familiar y por ende el ahorro en mano de obra si se tuviera que pagar a jornaleros, así como también el impacto del autoconsumo, pero aclaró que en su gran mayoría los productores poseen rentabilidad.

“Hay familias que existen desde hace años y no pierden, si no hubieran abandonado las tierras, y esto no ha pasado. Nadie trabaja a pérdida”, aclara Guzmán.

Por su parte, Alfredo Baroni, gerente del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), indicó que “dentro de lo que es la agricultura familiar existen muchos problemas de sostenimiento de la actividad ya que por su tamaño se tienen problemas de escala y de falta de acceso al crédito”.

Agregó: “Muchas veces tratan de generar algún valor agregado con el empaque para mejorar los precios, pero no se dedican a productos industriales o de exportación y tomate, donde los rendimientos y la tecnología son importantes para estar en el negocio y es más difícil competir”.

Cristina Panasiti, de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación delegación Mendoza, dijo que el término de subsistencia es totalmente injusto para estos productores ya que la gran mayoría manejan y gerencian sus tierras en forma dinámica y rentable.

“Son muy buenas tierras para producción, estando muy bien ubicados estos agricultores para proveer de alimentos al Gran Mendoza y a las localidades que tenemos rurales como Corralitos. A su vez, al estar cerca de los centros de compra de insumos no tienen gastos elevados en flete, como tampoco en mano de obra. Tampoco enfrentan demasiados costos a la hora de vender lo que producen justamente porque su mercado de consumo es vecino a sus tierras”, detalla Panasiti.

En los límites de legalidad
Que los productores familiares del Cinturón Verde puedan   vivir de sus cultivos también obedece a una informalidad que es moneda corriente en este tipo de producción.

“Es raro que entreguen facturas y si gran parte del dinero que manejan no lo declaran tienen que ver también con estrategias de supervivencia. Utilizando estas conductas, la rentabilidad no es un problema angustiante para ellos”, acota Guzmán.

Justamente desde la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación llevan desde hace años el Registro Nacional de Agricultores Familiares (Renaf), que tiene carácter censal y les da ventajas.

Según Panasiti, los hombres de campo pueden recibir el monotributo social agropecuario a costo cero, lo que les permite tener el aporte jubilatorio subsidiado por el Estado, un aporte a una obra social también subsidiado por el gobierno y la posibilidad de facturar sin pagar Rentas.

Según el Renaf, en Mendoza existen 9.500 familias en toda la provincia que viven del campo, de esos hay 4.500 pequeños viticultores que están registrados.

El tercero en producción

Bautizado como Cinturón Verde, esta zona productiva del Gran Mendoza es la tercera en producción de hortalizas de toda la Argentina. Allí miles de agroproductores familiares producen la verdura que luego será consumida en los mismos centros urbanos.

Según el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), en la campaña 2013-2014  en esa zona la superficie cultivada con hortalizas alcanzó las 13.426,49 hectáreas .

Según el informe del Ministerio de Agroindustria de la Nación, en esas tierras nacen unas 50 especies, entre las que se destacan ajo, zapallo, tomate, zanahoria, verduras de hoja y coles. Gran parte de la producción se concentra en el departamento de Maipú, y le siguen en orden de importancia Lavalle y Luján.

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