El industrial de Rivadavia, que preside también la Federación Olivícola Argentina (FOA), vaticinó que “esta va a ser una campaña larga, porque hay mucha fruta y una capacidad de procesamiento acotada porque no todas las fábricas están operando”.
En cuanto a la disponibilidad de mano de obra para cosecha, indicó que “el productor chico es el que más problemas tiene, ya que el grande ha tomado algunas previsiones, como proveerse de bines y algunos han contratado máquinas cosechadoras”. Destacó que “la aceituna está llegando a las fábricas de manera programada”.
Sobre este punto, el productor e industrial Marcos López advirtió que la cosecha se prolonga, en buena medida también “por la relativa escasez de recursos financieros y de mano de obra, porque hasta hace 15 ó 20 días ha habido gente afectada a la vendimia”. Es que, si bien -según su estimación- las provincias del norte tienen alrededor del 40% de su cosecha mecanizada, esa proporción “en Mendoza, no llega al 10%”.
Coincidió en que ésta es una temporada con “una buena producción” y apuntó que la demora en la recolección no afectará la calidad de la aceituna porque, por la cantidad de frutos que tienen las plantas, se demora también el proceso de maduración.
Admitió, eso sí, que existe el temor de que las temperaturas bajen y que esto pudiera afectar luego la calidad del aceite. Explicó, en ese sentido, que el excesivo frío interrumpe la maduración y se inicia un proceso de oxidación dentro del fruto que, a posteriori, altera el sabor del producto final.
Hay mucha aceituna
Mansur prefirió no arriesgar un volumen esperado de aceite como producto de la molienda de las aceitunas de esta cosecha, aunque recordó que "históricamente, Mendoza produce entre 6 y 8 millones de kilos, y en todo el país normalmente tenemos unos 32 millones".
López, por su parte, cree que este año “la producción podría fluctuar entre las 7.000 y las 8.000 toneladas de aceite de oliva en Mendoza y quizás llegue a las 30.000 toneladas en todo el país”.
Recordó que el año pasado, cuando la caída en la producción fue muy fuerte, quedaron “entre 10.000 y 15.000 toneladas en todo el país, y Mendoza no pasó de las 2.000 toneladas, mientras en 2013 esos volúmenes se ubicaron en torno a los 32.000 y 7.000 toneladas, respectivamente”.
Desde el sector de la producción primaria, Miguel Barbero señaló que una parte importante de la producción de aceitunas de mesa debió ser destinada a molienda.
Barbero cultiva 6 hectáreas de olivos (la mitad de aceituna de conserva y resto aceitera) en su propiedad ubicada en Palmira (San Martín). Allí tiene una pequeña planta para elaborar aceitunas, y la otra parte de la producción la lleva a una industria de la zona, donde contrata la elaboración de aceite.
El olivicultor reveló que “ha sido un año con muchos problemas de calidad, debido a la afectación por granizo en algunas zonas y al ataque de cochinillas, que manchan el fruto, y de un hongo -la cercospora del olivo- que apareció este año con el exceso de humedad y las altas temperaturas, provocando manchas que terminaron arruinando buena parte de la producción de aceituna para conserva”. A ello debe sumarse la acción del erigido del olivo, que ocasiona la deformación del fruto.
Barbero aseguró que este problema sanitario fue generalizado en el Este, y determinó que cerca de la mitad de la producción de aceitunas para conserva debiera ser derivada a la elaboración de aceite. Esto perjudica el ingreso del productor, ya que lo que se consigue por el producto para molienda, es menor que el que se obtiene por el que se va a conserva.
Sobre este punto, el industrial Armando Mansur precisó que las fábricas están pagando “entre $ 2,50 y $ 2,70 el kilo de aceituna (para aceite) puesta en fábrica”. López sube un poco la vara para ubicar ese valor más cercano a los $ 2,80, y con posibilidades de “algún reconocimiento por calidad”.
Aunque productores del Este consultados por este diario también aseguran que se paga por el kilo $ 2 y que ante esta situación prefieren elaborar a maquila con la esperanza de que el precio del aceite mejore durante el transcurso del año.
Destacó que, si bien este precio no resuelve los problemas del productor, “hay una mejora este año en relación al precio, teniendo en cuenta que el costo de cosecha se ubica en torno a $ 1,50 por kilo, mientras que en años anteriores la cosecha se llevaba prácticamente todo lo que percibía el productor”.
Barbero lo ve desde otra perspectiva. Lamenta todo lo que pierde el que tuvo que derivar a molienda una aceituna con destino original a conserva, por la que hubiera obtenido 4 pesos al contado y hasta 4,50 en cuotas, considerando que el costo de cosecha es prácticamente el mismo.
El mercado internacional
Mansur reveló que "está creciendo la demanda de aceite de oliva en el mundo, pero las condiciones de la economía del país no nos permiten aprovechar esta oportunidad, el frente interno nos descoloca, estamos lejos del mundo".
En cuanto a los precios, “están en alza”, como reflejo de la erradicación que han dispuesto las autoridades italianas en los últimos meses, para poner freno a problemas sanitarios en los olivares, y la esperable afectación de la producción en España, a raíz de los intensos calores que se están registrando.
Detalló que “los olivares del sur de Italia han sido atacados por Xylella fastidiosa -una bacteria que ataca a distintas especies y que termina secando las plantas-, lo que los ha obligado a erradicar alrededor de un millón de olivos desde fines del año pasado”.
Los olivos españoles, en tanto, están en plena floración, y las altas temperaturas estarían provocando daños. “En la zona de Jaén han tenido 41° la semana pasada -indicó Mansur- y ya hay reuniones de productores para analizar la situación”.
Cree que “España va a tener problemas de enlace (de una temporada con otra), porque ha asumido nuevos compromisos comerciales y probablemente no pueda cumplirlos”.
Explicó que “después de la gran campaña que tuvo en el 2013 salió a abrir nuevos mercados (sobre todo China, India y Japón), y como la cosecha 2014 no resultó, al parecer, todo lo buena que esperaban, ya les está faltando aceite para atenderlos; y si al final de este ciclo tienen merma en la producción por el calor, las complicaciones pueden ser mayores”.
En este contexto, Mansur asegura que “el precio internacional está en alza desde hace tres meses”. Señaló que “el precio internacional, en el mercado de futuro, está alrededor de 3.700 dólares la tonelada, pero acá no impacta porque las operaciones a granel en el mercado interno se están negociando a un precios de “entre 3.000 y 3.200 dólares la tonelada”.
Los compradores son fraccionadores, porque “muchas empresas chicas que habían salido al mercado interno con marcas nuevas han tenido que retirarse por problemas de escala”.
López coincidió en que, en el mundo, la demanda de aceite de oliva está firme. Pero sus datos sobre precios arrancan de un piso mucho más bajo, aunque aclarando que “hay diferencias de calidad que se reflejan en una brecha de valores que a veces es muy importante”.
Él habla de “unos U$S 2.800 por la tonelada de aceite de oliva básico”, si bien reconoce que “los de muy buena calidad pueden superar holgadamente los U$S 3.000 la tonelada”.
La verán pasar
El industrial del Este remarcó que esta mejora en el precio internacional "no impacta en la industria olivícola argentina, por los problemas de competitividad que tenemos: los costos internos, el tipo de cambio, la presión fiscal, los fletes… y la baja productividad de nuestros olivares".
El problema se agrava porque “Brasil, que es nuestro mercado más cercano, está con problema serios”. Para colmo, “la devaluación del real favorece aún más la entrada de portugueses y españoles con aceite subsidiado”.
Sumando todos estos factores, “nosotros llegamos a Brasil con precios que se ubican entre 20% y 25% por encima de los europeos”, por lo que no les afecta el arancel externo común del 10%.
El presidente de Asolmen advirtió sobre la gravedad de tener problemas para llegar a Brasil, porque “es nuestro principal mercado en el exterior”. Le siguen algunos países de Centroamérica y, “en Estados Unidos, que antes era el primer destino para el aceite de oliva argentino, hemos perdido mucho espacio y no lo vamos a recuperar fácilmente”.