21 de marzo de 2015 - 00:00

A 20 años de los letales ataques con gas sarín en el subte de Tokio

El atentado de una secta apocalíptica dejó 13 muertos y 6.300 intoxicados. Prevención contra un ataque similar.

Japón conmemoró ayer el vigésimo aniversario del ataque con gas sarín perpetrado por la secta Aum Verdad Suprema en el subterráneo de Tokio, en el que murieron 13 personas y 6.300 resultaron intoxicadas.

El 20 de marzo de 1995, cinco miembros de la secta vertieron gas sarín en los atestados vagones del subte a la hora pico.

Los japoneses recuerdan ahora las imágenes de aquel drama que les parecía totalmente improbable en una capital tan segura, aunque unos meses antes siete personas habían muerto y casi 600 se intoxicaron con el mismo gas letal en la ciudad central de Matsumoto, en lo que fue una especie de ensayo.

Aquel 20 de marzo, un empleado del subte, Kazumasa Takahashi, perdió la vida al limpiar el suelo de un vagón en el que habían agujereado una bolsa de sarín líquido que expelía el gas. Estaba de servicio en Kasumigaseki.

Su viuda Shizue acudió a rezar ayer. Expresó el deseo de que después de ese drama se tenga más en cuenta el peligro de ataques terroristas.

“El peligro existe y me gustaría una mayor sensibilización de la sociedad japonesa. Es importante seguir hablando de este ataque”, dijo a los medios después de depositar flores en el lugar del deceso de su esposo.

“Han transcurrido 20 años pero los intoxicados siguen sufriendo”, añadió otra persona en duelo, Fumiko Suzuki, que instó a sus compatriotas a “no olvidar”.

Los empleados de la estación Kasumigaseki, centro neurálgico del Gobierno japonés, guardaron un minuto de silencio a las 8 de ayer (20 del jueves en Argentina) en memoria de las víctimas, entre ellas Takahasi y otro colega.

Esa fue la hora del ataque que hace dos décadas dejó 13 muertos y 6.300 con dolencias algunas irreversibles. “Presento mis sinceras condolencias a quienes fallecieron, y rezo con todo el corazón por quienes siguen penando”, declaró el jefe de estación de Kasumigaseki, Mitsuaki Ota.

Evitar que se repita

El Gobierno aseguró que está decidido a impedir ataques similares e impedir la entrada de terroristas en Japón, que se prepara para organizar los Juegos Olímpicos de 2020 en Tokio.

Ejercicios de atención a víctimas y de gestión de crisis se realizaban en paralelo en otra gran estación de tren y metro de la capital, siguiendo un guión similar al vivido con espanto el 20 de marzo de 1995.

El recuerdo de esos momentos está más presente ahora que tiene lugar el proceso del último sospechoso detenido, en junio de 2012, Katsuya Takahashi.

Trece miembros de la secta, incluyendo su líder Shoko Asahara (un maestro de yoga medio ciego que se llama en realidad Chizuo Matsumoto y tiene ahora 60 años), fueron condenados a muerte por diversos crímenes, incluyendo el ataque con gas sarín, y ninguno ha sido ejecutado.

Según las autoridades judiciales, Aum cometió los atentados para crear una situación de desorden, perturbar la labor de la policía, que investigaba al movimiento, y por último concretar las predicciones apocalípticas de Asahara.

El líder fue detenido en un edificio de la secta cerca del monte Fuji dos meses después del atentado de Tokio.

Fanáticos paranoicos

Asahara logró reunir cerca de 10.000 seguidores (192 fueron encausados) con una doctrina que mezclaba enseñanzas budistas e hinduistas, con visiones apocalípticas. En medio de su creciente paranoia de que sus enemigos querían asesinarlo, comenzó a obsesionarse con el gas sarín, una sustancia neurotóxica utilizada por los nazis.

Japón siguió con una mezcla de fascinación y angustia el nacimiento y auge de Aum a lo largo de los años ochenta y noventa.
A pesar de numerosos testimonios y libros (incluyendo "Underground", documento firmado por el novelista Haruki Murakami), los hechos de 1995 siguen sin tener una clara explicación.

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