21 de febrero de 2016 - 00:00

¿Y si el “Brexit” se hiciera realidad?

De entrada, una pesadilla para los eurófilos y un peso menos para los eurófobos. Pero un “Brexit”, o salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, supondría en realidad un salto al vacío puesto que hasta ahora ningún país se ha separado del bloque. La UE, a través del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, afirmó que no existe un plan B y Downing Street no tiene uno alternativo.

Algunos incluso lo han convertido en el tema de un War Game (simulacro) organizado en enero en Londres en presencia de ex responsables europeos. El juego se avinagraba ante la eventualidad de un Brexit.

La primera etapa para un Brexit pasa por una negociación entre las dos partes, como prevé el artículo 50 del Tratado de Lisboa. En dos años tendría que hallarse una solución, a no ser que las dos acordaran prolongar el plazo.

La segunda fase dependería del desenlace de estas negociaciones: Gran Bretaña permanecería en el Espacio Económico Europeo (EEE) como Noruega o Islandia, y por lo tanto seguiría como miembro del mercado único.

En la City londinense, el barrio de negocios más importante de Europa, contrario al Brexit, se han estudiado todas las posibilidades. El presidente del gigante bancario europeo HSBC, Douglas Flint, que optó por quedarse en Londres, adelantó que podrían perderse 1.000 empleos.

El primer ministro, David Cameron, ha advertido del peligro de pensar que una salida de Europa sería sencilla.

Según un estudio del think tank Open Europe, un Brexit costaría alrededor de un punto del Producto Nacional Bruto en 2030. La prosperidad del país fuera de la UE pasa, según el estudio, por una “liberalización comercial y una desregulación”.

Pero abrir sus fronteras a la competencia de países de mano de obra barata contradice la voluntad declarada de limitar drásticamente la inmigración, espina dorsal del “Brexit”.

También tendría consecuencias para los ciudadanos de la UE residentes en Gran Bretaña, que serían tratados como los demás extranjeros y necesitarían un permiso de residencia y de trabajo. Los países de la UE podrían responderle con la misma moneda aplicando las mismas reglas a los británicos.

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