1 de diciembre de 2016 - 00:00

“Todos somos Fidel”: último viaje del líder revolucionario

El el quinto día de los 9 de honras fúnebres, las cenizas del ex presidente socialista comenzaron un viaje por todo el país, siguiendo la ruta inversa que Castro realizó para derrocar a Batista.

Las cenizas de Fidel Castro emprendieron ayer su viaje final hacia la ciudad de Santiago, en un simbólico recorrido a la inversa de la ruta de la Revolución, ante hileras interminables de personas que salieron a despedirlo.

Protegida por cristales y cubierta de la bandera cubana, la urna de cedro con las cenizas de Fidel Castro viaja sobre un carro adornado con flores blancas que arrastra un vehículo militar.

La caravana partió a las 12.16 GMT (9.16 de Argentina) desde el Ministerio de las Fuerzas Armadas, en la Plaza de la Revolución hacia Santiago de Cuba, donde sus restos serán inhumados el domingo.

“Yo soy Fidel”, “Todos somos Fidel” y “¡Vida Fidel!”, gritaban cientos de miles de cubanos, que se apostaron a ambos lados de las calles por donde pasan los vehículos, para despedir al hombre que los gobernó por casi medio siglo, y que murió el viernes a los 90 años.

Obreros, estudiantes y médicos se emocionaron, muchos hasta el llanto, al paso de los restos del padre de la Revolución cubana, que instauró un régimen socialista que universalizó la educación y la salud gratuitas, pero que fue implacable con la disidencia.

“Nací con la Revolución, y me formé gracias a la Revolución. Provengo de una familia humilde, soy negra, y en otro tiempo no hubiera tenido la oportunidad de lo que soy”, señaló María de los Ángeles González, una ingeniera informática de 31 años.

Altos dirigentes del gobierno, del Partido Comunista y Dalia Soto del Valle, viuda de Fidel, asistieron a la solemne ceremonia militar de despedida de la comitiva, que desandará el camino que hizo el líder en 1959 junto al resto de sus “barbudos”, en la llamada “Caravana de la libertad”.

El último viaje de Fidel Castro está cargado de simbolismo. En 1959 un enérgico líder guerrillero de 32 años salió de Santiago de Cuba hacia La Habana para proclamar el triunfo de la Revolución que derrocó al dictador Fulgencio Batista.

Ayer, sus restos emprendieron un largo camino a la inversa por buena parte del país que Fidel Castro transformó con recetas de corte soviético, y en abierto desafío a Estados Unidos.

Irina, una estudiante de preuniversitario de 16 años, agitó dos banderas pequeñas mientras veía pasar la urna.

“Soy de una nueva generación que no lo vio, pero por lo que me han enseñado mis padres y por lo que he visto sé que es un gran hombre, y quisiera poder seguir su legado”, afirmó.

Tras un viaje por más de un millar de kilómetros, que recorrerá 13 de las 15 provincias de Cuba, los restos llegarán el domingo a Santiago de Cuba, donde serán inhumanos al término de nueve días de duelo.

Las cenizas de Castro serán depositadas finalmente el 4 de diciembre en el cementerio de Santa Ifigenia en esa ciudad en el sureste de la isla, donde descansan los restos del también icónico José Martí, héroe de la independencia cubana.

La muerte de Fidel reaviva las preguntas sobre el futuro del socialismo en Cuba, y de las relaciones con Estados Unidos ahora que Donald Trump se instalará en la Casa Blanca.

El modelo de economía planificada hizo agua con el colapso del bloque comunista, y hoy Raúl Castro lleva a cabo una cauta apertura al trabajo privado y la inversión extranjera, al tiempo que alienta una histórica aproximación con Washington.

El hermano menor de Fidel asumió el poder en 2006 a raíz de una enfermedad intestinal que obligó al máximo dirigente de la Revolución a soltar las riendas del país después de casi medio siglo.

La gran pregunta es qué pasará a partir de 2018, cuando el presidente cubano Raúl Castro, de 85 años deje el poder, tal como prometió.

“Si la muerte de Fidel resulta en un ritmo un poco más acelerado de reformas en Cuba, el acercamiento con Estados Unidos puede ser animado. Es una oportunidad para fortalecer la relación bilateral, pero mucho dependerá de lo que pasa dentro del gobierno cubano”, comentó Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de análisis de Washington.

Trump amenazó con cancelar el proceso de aproximación a Cuba, a menos que la isla acepte negociar un “mejor acuerdo”, es decir, atender los reclamos de mayor apertura económica y en materia de derechos humanos.

Turistas, sin tragos típicos, rumba ni espectáculos de arte

La rumba cubana fue declarada ayer patrimonio cultural de la Unesco, pero aquellos que quieran comer contemplando un espectáculo de música y baile en el conocido restaurante El Guajirito se toparán con un escenario vacío.

También los turistas que quieran tomar un daiquiri en El Floridita, el bar favorito del legendario escritor estadounidense Ernest Hemingway en la Habana Vieja, se encontrarán con las puertas cerradas.

Mientras Cuba cumple nueve días de luto por la muerte el viernes del ícono comunista Fidel Castro, los turistas deambulan por las silenciosas calles de La Habana, en búsqueda de los típicos músicos callejeros.

Las autoridades prohibieron la venta de alcohol, los espectáculos fueron cancelados, lo que deja a los turistas con pocas opciones de entretenimiento.

Una pareja de españoles saborea una limonada en el bar Bilbao en La Habana Vieja en lugar de deleitarse con cualquiera de las cervezas o rones que están a la vista.

“Como turista, me gustaría tomar una cerveza, pero es comprensible”, dijo Vicente Pavón, un ejecutivo de 28 años.

“Es un momento histórico que se recordará. En algunos años podremos decir que estuvimos aquí”, añadió, aunque admitió que le hubiera encantado tomar un daiquiri al lado dela famoso busto en bronce de Hemingway, en el extremo de la barra del bar.

Los estadounidenses se contentan con escuchar charlas sobre la música cubana en lugar de escuchar los sones de la rumba, que ayer fue inscripta en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

Algunos estadounidenses creen que esta visita les permitió ver otra faceta del padre de la revolución cubana, muy distinta a la de un malvado dictador que encarcela sin piedad a los disidentes.

“Tengo otra visión de Fidel. Veo que ha hecho buenas cosas”, dice Sandi Rockers, un contador de 52 años de Nuevo México, al enumerar los logros del líder en materia de educación y salud.

Hordas de estadounidenses han visitado Cuba desde que el presidente Barack Obama y el presidente Raúl Castro decidieron restaurar relaciones en diciembre de 2014.

Si bien el embargo de Estados Unidos aún prohíbe a sus ciudadanos viajar a Cuba como turistas regulares, pueden hacerlo ahora con un permiso especial que ya no requiere de tanta burocracia.

Casi 137.000 estadounidenses viajaron a Cuba en la primera mitad del año, un 80% más que en el mismo período en 2015, según datos oficiales.

AP

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