Vacaciones con los hijos: el desafío de educar sin perder la paciencia

Los castigos y gritos son algo en lo que a veces se cae cuando no quedan herramientas, pero lejos de enseñar generan más conflicto.

A veces, lograr que los niños acepten normas de conducta o aquello que se les solicita es un desafío tan grande para madres y padres que terminan por apelar a premios y castigos. En época de vacaciones, en que los chicos están más en casa o hay más tiempo para compartir, los conflictos se hacen más visibles y estas situaciones proliferan. 

Sin embargo, aunque las cosas se vayan de las manos, los castigos no son una herramienta que redunde en beneficios. Se trata más de una reacción de los padres ante la necesidad de controlar la situación que de un verdadero aprendizaje que aporte recursos a largo plazo. Peor aún, refieren a un mecanismo anacrónico, propio de otras concepciones y fundamentalmente de otros chicos, muy distintos a los actuales.

"Los castigos suelen relacionarse con los sentimientos que experimenta el adulto en esa situación. Se debe privilegiar al niño y determinar si es una situación perjudicial o no para él. El método que elijamos para educar debe dejarle una enseñanza superadora", sostiene la pediatra Nora Zonis, de Swiss Medical Center. 

“En un primer momento el castigo parece eficaz pero a largo plazo no lo es, ya que genera sentimientos de rebeldía, rechazo o culpa en el pequeño”, agrega.

Por ello, la profesional recalca que los castigos no suelen repercutir positivamente en los niños y que sus consecuencias suelen ser negativas en la etapa de crecimiento y de mayor aprendizaje de los pequeños.

"El grito y castigo tiene que ver con la falta de herramientas o estrategias para abordar la relación conflictiva", subraya la licenciada en Psicología, psicopedagoga, Susana Ferreira. 

Explica que el castigo genera un gran resentimiento y esto produce una distancia dolorosa, que lo único que hace es acentuar la diferencia.

Reconoció que hay situaciones extremas en las que el chico hace todo lo que puede para presionar el límite y que hay padres que no sostienen la postura porque el chico presiona con berrinches o enojos. Entonces el límite que había intentado poner se va flexibilizando y el chico aprende que presionando más el límite se diluye.

Particularmente algunas mamás reconocen que cuando no logran que sus hijos les hagan caso terminan con un grito, a veces quitándoles algo que les gusta o una salida.

Valle, es mamá de una niña de 12 años y dos mellizos de 9.

Contó que efectivamente las vacaciones son un desafío  y que tienen el hábito adquirido de colaborar. “Si no hacen caso a veces peco por gritona, como madre es mi mayor defecto, pero a veces uno repite mucho las cosas”, señaló.

Reconoció que los gritos no les enseñan nada "pero es la manera que a veces encontrás para que te presten atención o te hagan caso", argumentó.

Dijo que aunque no suelen usar castigos, sí puede apelar a quitarles la tablet una semana y reconoció: “si es que dura la semana porque a veces te ganan por cansancio y se la volvés a dar”.

Conocerlos

Educar requiere tiempo, dedicación, cariño y sobre todo cercanía. Estos son elementos fundamentales para lograr una buena comunicación y poder conocerlos ya sea desde lo que desean, lo que sienten y cuáles son sus capacidades para afrontar las demandas y las frustraciones.

Hay que saber si comprenden lo que se les solicita, poder ponerlo en debate y argumentarlo con contundencia.

La pediatra explica la importancia de ayudarlos a interpretar lo que sienten y qué deben hacer con ello. “Las situaciones conflictivas pueden deberse a cuestiones de la edad como la adquisición de nuevas habilidades o la necesidad de mayor independencia; según sus gustos como la vestimenta que quieren llevar, la comida, o los juegos o en relación a sus necesidades, ya sea que tengan hambre, sueño, estén aburridos, nerviosos o sobrepasados por alguna situación que les tocó vivir”.

Por eso recomienda que antes de castigar y buscar la solución más fácil, se aproveche la situación para enseñar algo que le sirva para la próxima vez y por qué no, para toda la vida. 

“Como parte de estos tiempos se ve que los padres están sometidos a una gran presión y carga desde lo laboral y lo emocional, entonces pasan muy poco tiempo con los chicos. Por ello pierden la posibilidad de contactarse con sus hijos”, explica Ferreira.

Al no tener herramientas para resolver los conflictos se apela a lo que ya se tiene, que está asociado a la educación recibida en la propia infancia generalmente vinculada a culpas, premios, castigos y chantajes.

Se trata de una metodología anacrónica, que no corresponde con las características de los chicos actuales, quienes tienen una crianza con muchos estímulos e información y por lo cual tienen habilidades de pensamiento lo que les permite reflexionar, “tanto que a veces los padres se quedan sin palabras”, resaltó la psicóloga.

Por eso advierte que "para comunicarse hay que pasar tiempo para conocer a los hijos, saber cómo ven la vida, cómo interpretan,  cuáles son las capacidades que han desarrollado para enfrentar la frustración y los desafíos". 

Cosas claras

Zonis advierte que "es necesario evaluar ante una situación conflictiva qué es lo que se quiere lograr: que deje de hacer lo que está haciendo, que coopere, que respete una indicación y con ello aprenda a respetar a los adultos, que entienda quién es la autoridad, evitar el ridículo o que valore el sacrificio que está haciendo el adulto".

En tanto Ferreira resaltó: “es difícil que puedas modificar tus pensamientos salvo que te den un argumento válido y provenga de una persona que respetás, eso se logra por medio del diálogo y el afecto y no por el autoritarismo”.

Agregó que hay que anticiparles con tiempo cuáles serán las normas, los límites y las  condiciones o qué se espera de ellos. Esto previo a una posible negociación y argumentación sobre el por qué de la decisión. Pero una vez decidido debe mantenerse.

10 consejos para evitar el castigo y ganar en aprendizajes

Las profesionales dieron recomendaciones sobre cómo proceder.

1. Controlar las emociones. Propias y las del niños. Identificarlas. Saber qué originó la situación conflictiva. Anticiparse y evitar el enojo.

2. Moderación. Acercarse a ellos con cariño, redirigir la furia, con  amabilidad  y sin darle un sermón. Bajar el tono de voz. Explicarles lo qué puede ocurrir y cómo actuar.

3. Empatizar. Hacerle saber que se comprende lo que él quiere pero que es algo que no se puede, que hay otra opción, que es peligroso.

4. Planificación previa. Es recomendable hacer una lista con cómo quieren que sea la relación con sus hijos, qué cosas se establecen como normas y cómo se va a actuar frente a un determinado conflicto.

5. Soportes. Con los más chiquitos se puede explicar con soportes de medios gráficos como un reloj o almanaque.

6. Alternativas. Buscar opciones para otro momento, que sean limitadas y concretas.

7. Respeto. Si no quiere hablar, puede que quiera estar solo. Hay que respetarlo y hacerle saber que cuando quiera retomar la conversación ahí vas a estar porque lo amas y querés buscar una solución al problema.

8. Dar tiempo y acompañar. Al cerebro le lleva entre 20 y 30 días desarrollar un hábito, hay que ejercitar lo que se quiere instalar todos los días a la misma hora, en el mismo período de actividad

9. Sin castigos y sin premios. Dar opciones.  Si  se los premia para obtener ese aprendizaje responsable que se busca, se les enseña que deben hacer las cosas para obtener la aprobación, de modo que su comportamiento comienza a depender de si hay o no un premio.

10. Vale negociar.  Implica respetar su capacidad de pensar, de plantear sus propios puntos de vista y revisar los de uno.

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