Mendoza fue el escenario elegido por muchos inmigrantes europeos que deseaban un futuro promisorio, como Juan Giol y Bautista Gargantini.
Una sede con mucha historia
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El italiano Juan Giol y el suizo Bautista Gargantini, que llegaron a estas tierras a fines del pasado siglo, construyeron en Maipú una bodega que, con el correr del tiempo, sería la más grande del mundo. En el mismo predio de la bodega se erigieron además dos fastuosos chalets. Hoy en uno de ellos, se ubica el Museo Nacional del Vino y la Vendimia.
Se trata de una suntuosa casa donde se conjugan magníficamente distintos estilos arquitectónicos. El edificio que ocupa el Museo fue habitado primero por Gargantini y luego por Giol y tiene una superficie de 1.047 metros cuadrados. Es de estilo francés "Art Nouveau" y contiene cristales italianos, lámparas francesas talladas en bronce, llaves de luces de tres puntos traídas de Inglaterra, calefacción central de bronce, relojes suizos, escaleras de mármol, inodoros pintados a mano, grifería de plata, muebles de roble y muchos detalles que denotan la majestuosidad de la casa.
En torno a los edificios, un amplio espacio verde con frondosa arboleda y flores ofrece el marco adecuado a las antiguas residencias de estos pioneros de la vitivinicultura regional. Este testimonio cultural se encuentra ubicado en calle Ozamis 914 de la Ciudad de Maipú y guías especializados reciben a los visitantes transmitiendo una importante parte de la historia mendocina.
El Museo Nacional de la Vendimia representa una época dorada de la arquitectura vitivinícola de la ciudad por la riqueza estilística puesta en sus fachadas, eclécticas pero con fuertes acentos modernistas del art nouveau italiano, con líneas Liberty.
Las instalaciones, el equipamiento y la infraestructura con que contaron estas casas dan cuenta del nivel de confort que alcanzó la vida rural de la burguesía vitivinicultora de principios de siglo. Actualmente el sistema de calefacción basado en la utilización de radiadores es el original; solamente se adaptó la caldera al uso de gas. En esa época contaban con agua potable provenientes de los filtros de la bodega y luz eléctrica de generadores propios mientras que, a pocos metros, la villa de Maipú permanecía a oscuras y sacaba agua de la fuente.
Las salas y salones de la planta baja articuladas alrededor de un patio con claraboya vidriada, era lugar de encuentro y tertulias sociales. La escalera de mármol de Carrara, de desarrollo amplio y generoso, vinculaba con las habitaciones privadas en planta alta.
Abarcando toda la longitud que corresponde al predio ocupado por los dos chalets se colocó, en su momento, una artística verja asentada sobre basamentos y sostenida por columnas de mampostería y frente a cada uno de ellos se instalaron los respectivos portones, de iguales características. Estas columnas y portones fueron ornamentadas con especiales aplicaciones y molduras. En conjunto, estos elementos sumados a la estructura edilicia, el parque y jardines circundantes, crean un distinguido panorama de notorio valor arquitectónico y cultural, no exento de historia y tradición.
Don Julio Fernández Peláez, en “Historia de Maipú”, expresa: “Habían levantado en Maipú, a sólo 1 km de la villa, dos mansiones señoriales llamadas ´La Colina de Oro´, que recordaba un bello lugar de Suiza de ese mismo nombre, sobre el lago de Lugano, pueblo de Gentilino, de donde era oriundo Gargantini. La del Sr. Giol era de estilo egipcio y la del Sr. Gargantini de estilo moderno, construidas por los ingenieros Ciancio Hnos. y Mignani. Todavía la Villa Giol es orgullo arquitectónico entre los modernos edificios de Maipú”.
Aambas edificaciones, sobre la base de sugerencia formulada por la Junta de Estudios de Mendoza - Filial Maipú, merecieron la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Provincia, mediante resolución legislativa del mes de diciembre de 1991. Las mismas, junto a su entorno, fueron cedidas a la Municipalidad de Maipú, en octubre de 1992, con un específico destino: la instalación del Museo Nacional del Vino y la Vendimia.