18 de julio de 2014 - 00:00

Un mundo de miedo y de castigos tras las puertas del internado

Las autoridades buscan dilucidar los numerosos interrogantes en torno a la fundadora del hogar “La Gran Familia”, Rosa del Carmen Verduzco.

Las autoridades buscaban ayer determinar la posible responsabilidad de ‘Mamá Rosa', la fundadora del hogar “La Gran Familia”, en los supuestos abusos físicos y sexuales de centenares de niños y de aclarar cómo esta institución modelo en el país escondía detrás de sus muros tales desmanes.

“Tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de determinar quiénes son los responsables, en razón de que hay héroes también dentro de este terrible y escandaloso asunto”, dijo el fiscal general, Jesús Murillo Karam, al explicar que también había en la casa quien ayudaba a los niños.

La casi octogenaria Rosa del Carmen Verduzco es defendida a capa y espada por conocidas personalidades y muchos niños y jóvenes que vivieron en la institución, así como vilipendiada por padres y familiares de los pequeños.

Hasta el colorido patio delantero todo parece normal en el internado: murales vistosos adornan una cancha de básquet junto a una puerta metálica hasta ahora infranqueable, tras la que se escondía un mundo de horrores relatado por los niños. Un fétido olor, mezcla de comida podrida, defecaciones y orina, recibe a las personas que entran en este albergue de Zamora (Michoacán, oeste) que el gobierno tomó bajo su control el lunes, ante denuncias de malos tratos y retención forzada de niños.

El olor puede ser el menor de los sufrimientos que recuerdan los alrededor de 600 internos, más de de 400 de ellos menores de edad, que vivían en este prestigioso centro de beneficencia, que durante años recibió donaciones públicas y visitas de altos cargos políticos.

Algunos pequeños habitantes denuncian que la propia dueña y fundadora del internado hace más de 60 años, Rosa del Carmen Verduzco -conocida como ‘Mamá Rosa’- y varios trabajadores propinaban golpes y castigos ejemplares de semanas sin comida a los niños que escondían el dinero enviado por sus padres o trataban de escaparse.

Ramón, un adolescente huérfano de 15 años, relata como uno de los peores castigos de “La Jefa” era “encerrar a los niños sin comida al Pinocho”, el temido cuarto oscuro de menos de dos metros cuadrados que recibía ese nombre por el gran dibujo del niño-marioneta pintado en su pared.

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