26 de octubre de 2017 - 00:00

Un Botellero bipolar

Maipú, sufriendo, logró su segundo triunfo del Torneo. Parecía goleada, pero falló y se lo empataron. En su peor momento, selló la victoria.

Esta versión del Botellero está para el diván. Pasa del amor al odio. Del aplauso al silbido. De la ovación al insulto. Así es el andar de este equipo que aún no encuentra el rumbo, más allá que sumó seis de los últimos nueve puntos en juego.

Este equipo experimenta cambios de ánimos poco comunes. Pasa de ser un equipo activo, compacto y aguerrido a un elenco triste, sin reaccionó y desesperanzado. Tiene pasajes de euforia y otros de depresión.

Contra Unión de Aconquija volvió a mostrar este trastorno. En el primer tiempo, generó, siete situaciones reales de peligro. Por ejemplo: tres mano a mano. Delantero, pelota, arquero. Nada más.

Y no tuvo la jerarquía para liquidar el partido. Sólo ganaba por la mínima diferencia tras un cabezazo perfecto de Vuanello. Merecía más. Sin embargo, en la primera acción ofensiva de la visita, llegó el empate.

Y de ¡una pelota parada! La especialidad de la casa. Inentendible. El Botellero sintió el golpe. Lo dejó nocaut. Es más, el DT Sperdutti, pateó el tablero en el entretiempo y metió dos cambios.

Adentro Amaya y González, afuera Fernández y Lorenzo. Más allá de las modificaciones, el “Súper Depor” tardó en encontrar el rumbo. Le faltó agresividad. Falló en el toque final. Cuando parecía que el partido terminaba en empate, apareció el Negro Amaya con una genialidad, habilitó a González, el juvenil, tocó al medio y apareció el resistido Almerares para empujarla.

Acto seguido, convirtió Vuanello nuevamente y selló la victoria. Sin dudas, este Maipú está para el diván.

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