Las autoridades ucranianas preparaban ayer una primera videoconferencia con los separatistas pro rusos, alentada por los europeos, en un contexto de tensión creciente en el Este rebelde y temores de una invasión rusa. En el terreno, la situación era relativamente tranquila en Donetsk, feudo de la región controlada por los separatistas.
Sin embargo, varios testigos indicaron que vieron refuerzos separatistas dirigirse a Lugansk, otro bastión insurgente, que fue epicentro de intensos combates en los últimos días.
Los combates en esta ciudad de más de 400.000 habitantes causaron en las últimas 24 horas 12 muertos -entre ellos un niño de tres años- y más de 60 heridos, según el servicio de prensa de la autoproclamada “República popular de Lugansk”.
Por su lado la municipalidad de Lugansk decretó tres días de luto tras la “muerte en tres días de 17 civiles”.
Cuatro civiles murieron en Snijné, a 60 km al este de Donetsk en una casa destruida por un bombardeo aéreo atribuido por Moscú a las fuerzas ucranianas. Kiev desmintió su implicación y denunció “una cínica y sangrienta provocación”, aunque sin precisar quiénes fueron los autores.
Ante esta escalada, los europeos multiplicaron los esfuerzos diplomáticos para organizar rondas de conversaciones entre un grupo de contacto (Ucrania, Rusia, OSCE) y los rebeldes, tras las dos primeras reuriniones celebradas en junio en Donetsk y que se saldaron con un fracaso.
El presidente ucraniano Petro Poroshenko y la jefa del gobierno alemán Angela Merkel hablaron el lunes por la noche sobre la organización de una reunión tripartita del grupo de contacto a través de una videoconferencia, y expresaron su confianza en que esta conversación pueda tener lugar lo antes posible.
Sin embargo ayer por la mañana, la presidencia ucraniana no pudo precisar ni la hora ni los participantes en esas conversaciones.