Estados Unidos volvió hoy a coquetear con reflotar la cumbre con Corea del Norte, horas después de que los líderes de las dos Coreas se reunieran por sorpresa en la zona desmilitarizada de la frontera entre ambos países para discutir el proceso de paz iniciado en su primera reunión, hace un mes.
La vocera de la Casa Blanca, Sara Huckabee Sanders, dijo hoy que un "equipo de pre análisis" está viajando a Singapur, país que albergará la eventual cumbre entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par norcoreano, Kim Jong-un.
"El equipo de pre análisis para (la reunión de) Singapur se irá según lo programado para prepararse en caso de que la cumbre se realice", dijo Sanders.
El jueves pasado, Trump canceló la cumbre, agendada para el 12 de junio, pero un día después sugirió que podría volver atrás en su decisión tras entusiasmarse con la repuesta conciliadora de Corea del Norte.
"Realmente quieren hacerlo, nos gustaría hacerlo", dijo Trump ayer y luego escribió en Twitter que los dos países están "teniendo conversaciones muy productivas". "Si sucede, probablemente permanecerá en Singapur en la misma fecha", acotó respecto de la eventual reunión.
Mientras tanto, en la península coreana, Kim y su par surcoreano, Moon Jae-in, se reunieron en la aldea de Panmunjeom, en la zona desmilitarizada, para discutir el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en la primera reunión así como la posible reunión con Trump, informó la Presidencia surcoreana. Los detalles del encuentro serán revelados mañana por Moon.
Funcionarios de la Casa Blanca citados por medios estadounidenses dijeron que notaron que en la carta enviada a Kim, Trump había dejado la puerta abierta porque a la vez que culpaba a Corea del Norte de "tremenda ira y abierta hostilidad" también urgía al líder norcoreano a comunicarse con él.
Corea del Norte emitió ayer un comunicado en el que manifestó su disposición a "darle a Estados Unidos tiempo y oportunidades" para reconsiderar las conversaciones "en cualquier momento y formato".
Inmediatamente, Trump escribió en Twitter que la declaración de Pyongyang eran "una muy buena noticia" y afirmó que habían retomado el diálogo.
Trump, que ve en la reunión una oportunidad de dejar un legado importante en su mandato, se apuró a aceptar reunirse con Kim pese a las preocupaciones de muchos de sus asistentes principales.
Al ser consultado anoche acerca de si los norcoreanos jugaban con la comunicación, Trump le dijo al periodista que lo entrevistaba: "Todos juegan. Vos lo sabés mejor que nadie".
Estados Unidos y Corea del Norte no tienen relaciones diplomáticas formales, lo cual dificulta la tarea de comunicación entre los gobiernos; bajo la administración Trump, el ahora secretario de Estado, Mike Pompeo, dirigió las conversaciones.
Pompeo, que comenzó a dirigir las conversaciones cuando ocupaba la dirección de la CIA, reunió el año pasado un grupo de trabajo llamado Korea Mission Center, en el que se puso a la cabeza como principal interlocutor de Estados Unidos con Pyongyang.
Si bien no reemplazó al llamado Canal de Nueva York, dirigdo por el Departamento de Estado, desempeño el papel principal en la organización de los dos viajes de Pompeo a Pyongyang.
Lo que hizo caer la cumbre, según la carta escrita por Trump, fueron unas declaraciones de un funcionario de la cancillería norcoreana en las que se refería al vicepresidente, Mike Pence, como un "maniático político" por sus comentarios sobre el Norte.
Además, dijo que dependía de los estadounidenses si se reunirían con los norcoreanos en una sala de reuniones o si en un enfrentamiento nuclear.
En respuesta, Trump dijo que continuaría con su campaña de "máxima presión" a Pyongyang con sanciones económicas y aislamiento diplomático, aunque no descartó que pudiera reflotarse la cumbre.
Funcionarios de Defensa e Inteligencia de Estados Unidos creen que Corea del Norte tiene capacidad para atacar con armas nucleares cualquier lugar de Estados Unidos y el objetivo de la cumbre es alcanzar un compromiso de desnuclearización.
Luego del encuentro histórica entre las dos Coreas, Kim anunció la desnuclearización de su país como parte de los preparativos para el encuentro con Estados Unidos.
Además, el jueves, antes del desplante de Trump, Pyongyang destruyó su centro de pruebas nucleares en un acontecimiento al que fueron invitados periodistas