Por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca, Donald Trump se reunirá hoy con su par chino, Xi Jinping, un encuentro entre potencias que el presidente estadounidense definió como "difícil" y al que China dio "máxima prioridad", y que tendrá el arsenal nuclear de Corea del Norte como eje u obstáculo central.
A pocas horas de la cita en la mansión de Trump en el sureño estado de Florida -un día con banquete, paseo ocasional, pero sin partido de golf-, Corea del Norte volvió a probar un misil de medio alcance (ver aparte) y metió presión para discutir el programa nuclear de Pyongyang, un tema que Estados Unidos quiere instalar.
Trump, en una entrevista reciente, le exigió a China “resolver” el asunto de Corea del Norte porque si no “lo haremos nosotros” y aseguró que la “amenaza” del régimen del líder Kim Jong-un, que ha probado cinco bombas atómicas desde 2006, “será uno de los primeros puntos a tratar con Xi”.
Pero ambos tienen algo en común: su retórica sobre cómo restaurar sus naciones y llevarlas a la grandeza.
El prólogo a esta cumbre bilateral fue hace unos días cuando Xi recibió al secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson. Frente a la prensa hubo una intención de “superar con creces” las diferencias y con la “cooperación como la única opción correcta”, según la diplomacia china. De la misma forma contestó Estados Unidos y habló “de un mayor diálogo” y de “fortalecimiento de los lazos” para una “futura relación de cooperación”.
En esa previa, los cancilleres trataron otras de sus diferencias como la soberanía china de Taiwán, la larga disputa por el mar de China Meridional y la instalación del sistema estadounidense de misiles THAAD en suelo surocoreano, al que Beijing se opone, temas que China no especificó si Xi trasladará a Trump.
Del lado chino, el asesor de Estado Yang Jiechi dijo que el encuentro Trump-Xi es de “una máxima prioridad” para el desarrollo de las relaciones “en la nueva era y para promover la paz, estabilidad y prosperidad”.
El vínculo tiene historia. Desde 2000, China invierte alrededor de un tercio de sus reservas en divisas extranjeras en bonos del Tesoro estadounidense, lo que hace de ella el primer acreedor de EEUU, ayuda a Washington a controlar su inflación y permite a sus inversores obtener beneficios.
Desde hace años, la Casa Blanca acusa a China de mantener su moneda, el yuan, en niveles artificialmente bajos, lo que mejora la competitividad china, es decir favorece sus exportaciones, castiga a las norteamericanas y “roba” a los estadounidenses puestos de trabajo.
Este otro frente comercial lo adelantó Trump vía Twitter hace unos días: “la reunión con China será muy difícil porque ya no podemos tener déficits comerciales masivos”.
En términos económicos, Trump, fiel a su estilo incendiario, arengó desde su campaña que hay un “acuerdo injusto” y sostuvo que el incentivo de China para negociar es “el comercio porque todo se trata de comercio”. El impredecible presidente -como él mismo se definió en términos de elogio- dijo que “todavía” no quiere “hablar de aranceles”, algo que “quizás ocurra la próxima vez”.
Si bien bajó el tono, también volvió a su muletilla de que “cuando se habla de la manipulación de la divisa, de devaluación, los chinos son campeones mundiales, y aseguró que, a diferencia de anteriores administraciones, él sí maneja este tema.
En una entrevista reciente, el ex embajador de EEUU Stapleton Roy sostuvo que “ambos líderes reconocen que se trata probablemente del país más importante desde el punto de vista de cada uno. Por lo tanto, si las cosas van mal, puede haber serias consecuencias potenciales”, remarcó.
Ambas potencias -con sus circunstancias- se volverán a saludar con cautela, y encontrar un equilibrio parece ser la apuesta central de cara al futuro planetario.
Ahora el que defiende el libre comercio es China
Durante años en conferencias y cumbres, Estados Unidos presionó a China para que ofreciera una mayor apertura de mercados y se comprometiera con el libre comercio.
Pero ahora, en la víspera de la reunión entre los presidentes Trump y Xi Jinping, es Beijing el que defiende el libre comercio y EEUU el país de políticas impredecibles.
La aparente inversión de papeles se da a raíz del ascenso a la presidencia de Trump, quien ha trastocado las expectativas sobre qué es lo que EEUU quiere, qué es lo que dice, y cómo se comporta en el escenario mundial.
En el Foro de Davos, este año, fue Xi el que ofreció un discurso alabando las bondades del libre comercio. Y cuando EEUU abandonó el acuerdo comercial de Asia y el Pacífico en enero, China intensificó sus gestiones para cortejar a los países de la región a que se sumen a su propio pacto comercial.
En contraste, Trump considera que el libre comercio es imposible a menos que asuma una postura más agresiva que sus predecesores.
Por Twitter la semana pasada, mandó un mensaje vaticinando que sus reuniones con Xi hoy y mañana serán “muy difíciles”. Y advirtió que el déficit comercial que Estados Unidos tiene con China -de 347.000 millones de dólares el año pasado, casi el mitad del déficit comercial total de Estados Unidos- era inaceptable.
“El presidente Trump hizo campaña prometiendo medidas para reducir los déficits comerciales y combatir las prácticas de comercio desleal de China, y por lo tanto es obvio que tiene a China en la mira”, dijo Myron Brillian, analista de la Cámara de Comercio de Estados Unidos.
Cuando era candidato, Trump amenazó con imponer aranceles de 45% contra los productos chinos como represalia por lo que consideró prácticas de comercio abusivas por parte de Beijing. El gobierno del país asiático dio a entender que tomaría represalias restringiendo la importación de bienes estadounidenses.
Lo cierto es que sea como sea que Estados Unidos y China resuelvan sus diferencias, es algo que tendrá repercusiones a nivel mundial. Si estalla una guerra comercial entre las dos principales potencias económicas del mundo -en combinación, suman casi 40% de la actividad económica mundial- perjudicaría el intercambio de bienes y socavaría el crecimiento económico de otros países.
AP
EEUU criticó a Rusia por la guerra siria
La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, fustigó ayer a Rusia por fracasar en controlar a su aliado sirio después de un presunto ataque con armas químicas, que dejó decenas de muertos, incluidos niños. “¿Cuántos niños más tienen que morir antes de que Rusia actúe?”, dijo Haley.
La reunión de emergencia del Consejo de Seguridad fue convocada a pedido de Francia y Gran Bretaña tras el ataque que dejó al menos 72 muertos, de ellos 20 niños, el peor en Siria desde un ataque con gas sarín en 2013.
Londres, París y Washington presentaron un proyecto para condenar el presunto ataque químico y exigir una completa investigación lo antes posible. Pero Rusia dijo que el texto era “categóricamente inaceptable”.