28 de marzo de 2015 - 00:00

Tras los aluviones y 9 muertos, comienza la reconstrucción

Se mantiene el toque de queda y el control del ejército en amplias zonas de Antofagasta y Atacama. Hay 19 desaparecidos. La ONU, Japón, China y Venezuela enviarán ayuda.

Las lluvias e inundaciones que afectaron el norte de Chile desde el martes último dejaron hasta el momento un saldo de 9 personas muertas y 19 desaparecidas, según confirmó ayer el director de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), Ricardo Toro. El funcionario detalló que 6 de los fallecidos fueron encontrados en la región de Atacama, el mismo lugar donde se busca a los 19 desaparecidos, mientras que los otros tres muertos son de Antofagasta.

“En la medida que vayamos despejando las rutas, las vías y las zonas anegadas, puede ser que tengamos una cifra superior de fallecidos o desaparecidos, pero esa es una contabilidad que haremos en el transcurso del día y en particular en la noche”, señaló Toro.

La situación más complicada se vive en las localidades de Chañaral, Salado, Diego de Almagro, Alto del Carmen y Tierra Amarilla, en la región de Atacama, que sufrió graves daños y a donde sólo se puede llegar por vía aérea.

El parte oficial detalló que en total hay 5.983 personas damnificadas que están refugiadas en albergues; 5.450 en la región de Atacama, 392 en la de Antofagasta y 141 en la de Coquimbo. Además, en Atacama un grupo de 13 personas está aislado en el Paso San Francisco, en la frontera con Argentina, en plena cordillera de los Andes.

El director de la Onemi indicó que en la región de Atacama se mantendrá el toque de queda a partir de las 23.00 “para garantizar la seguridad y facilitar las labores” de las Fuerzas Armadas, que ayudan a limpiar las calles.

La zona norte del país registró a comienzos de semana las precipitaciones más fuertes de los últimos años, que provocaron el desborde de ríos y aluviones que arrasaron todo a su paso.

En tanto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirmó el envío de dos expertos en catástrofes para ayudar con el operativo de emergencia, mientras que Japón, China y Venezuela, entre otros países, manifestaron de forma pública su intención de colaborar.

Después de dos días de precipitaciones, el sol volvió a salir ayer en la región de Atacama, 800 km al norte de Santiago, mostrando las secuelas de destrucción que dejó la crecida de varios ríos que arrasaron todo a su paso.

“Se está avanzando en normalizar la situación”, dijo ayer la presidenta Michelle Bachelet, que prolongó su estadía en la zona para coordinar las labores de reconstrucción.

El abrupto desborde de ríos que por años permanecieron secos arrasaron con todo a su paso, dividiendo pequeños poblados en dos y arrastrando cientos de casas en Alto del Carmen, Tierra Amarilla, Chañaral, Diego de Almagro y Copiapó. Las lluvias también azotaron a la vecina ciudad de Antofagasta.

Unas cien máquinas retroexcavadoras trabajaban en Atacama en labores de apertura de rutas y despeje de caminos obstruidos por el paso de las aguas.

En varios lugares, en tanto, se recolectaban víveres para ir en ayuda de los afectados por las inundaciones.

“La gente lo perdió todo, la ciudad está a dos o tres metros de barro, se necesita agua y alimentos”, dijo a medios locales Maglio Cicardini, alcalde de Copiapó.

La zona permanecía bajo estado de excepción por catástrofe, al mando de las Fuerzas Armadas y con toque de queda nocturno.

La normalidad volvía también a la actividad minera de la zona, que alberga a los mayores cupríferas mundiales, que vieron afectadas sus faenas producto de las lluvias.

La empresa estatal Codelco, que produce el 11 por ciento del cobre mundial, informó que se mantenía paralizadas las faenas en la pequeña división El Salvador, pero que sus minas Chuquicamata, Radomiro Tomic, Ministro Hales y Gabriel Mistan estaban totalmente operativas.

Uno de los 33 mineros perdió su casa

Víctor Zamora, uno de los 33 mineros que fueron rescatados en 2010 después de permanecer por más de dos meses atrapados en una mina, figura entre los damnificados por los temporales que azotaron al norte de Chile. “Esta es otra tragedia; lo perdimos todo”, dijo Zamora en el poblado de Tierra Amarilla, arrasado por las inundaciones. Su casa fue arrastrada por las aguas la madrugada del martes, como de la mayoría de los habitantes del barrio en la periferia de Copiapó.

“Estábamos durmiendo. Fue como a las tres de la madrugada. Alcanzamos a arrancar sólo con lo puesto”, relata este minero, que en octubre de 2010 fue el número 14 en ser rescatado desde la mina San José, donde permaneció atrapado junto a otros 32 compañeros por 69 días, a más de 600 metros de profundidad.

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