Tras más de medio siglo de guerra interna, las propuestas económicas y sociales coparon por primera vez la campaña presidencial en Colombia para atender la sed de cambios y modernización que expresa la sociedad del posconflicto.
Tras más de medio siglo de guerra interna, las propuestas económicas y sociales coparon por primera vez la campaña presidencial en Colombia para atender la sed de cambios y modernización que expresa la sociedad del posconflicto.
Desde la firma del acuerdo de paz con las FARC en 2016, la guerra dejó de ser la protagonista y resurgieron las crecientes problemáticas sociales que golpean al segundo país con mayor desigualdad de América Latina, donde el Estado sigue invirtiendo más en defensa y seguridad que en políticas sociales.
Los colombianos eligen mañana a un nuevo presidente para asumir esta transición, en un contexto marcado por la crisis que atraviesa el acuerdo de paz y los reclamos de transparencia ante los escándalos de corrupción que salpican a la clase política. La corrupción encabeza justamente las preocupaciones de los colombianos (28%), seguida de los derechos sociales, como salud, educación y empleo (26%), y el orden público (23%), según un sondeo publicado este mes por Gallup Poll.
Aunque la palabra “reforma” fue una de las más citadas por las candidatos en entrevistas y actos electorales, las vías del cambio varían en sus programas.
Mientras que el uribista de Centro Democrático, Iván Duque, y el conservador, Germán Vargas Lleras, proponen reformas de carácter neoliberal, con la seguridad como eje; el izquierdista de Colombia Humana, Gustavo Petro, y el centroizquierdista, Sergio Fajardo, basaron sus propuestas en el concepto de educación como motor social.
El candidato liberal, Humberto de la Calle, por su parte, mantiene una línea de continuidad con las políticas del actual gobierno del presidente, Juan Manuel Santos. Uno de los principales retos para el próximo mandatario será reflotar el crecimiento económico, que en los últimos años sufre una fuerte desaceleración; pasó de 6,6% en 2011 a 1,8% en 2017, según datos del Banco Mundial.
La economía colombiana depende en gran parte de la exportación de minerales y petróleo, lo que incide parcialmente en la generación de puestos de trabajo.
La tasa de desempleo asciende a 9,4%, mientras que el empleo informal representa 49,4% de la economía, en base a datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística.