Después de 846 años, un enigma ha sido resuelto (casi con seguridad) por Giulia Ammannati, una investigadora y docente de paleografia latina en la Escuela Normal Superior de Pisa.
Después de 846 años, un enigma ha sido resuelto (casi con seguridad) por Giulia Ammannati, una investigadora y docente de paleografia latina en la Escuela Normal Superior de Pisa.
La Torre de Pisa es un trabajo único, pero su fortuna se la debe a su defecto de construcción: su inclinación. Según lo publicado por Clarín, Giulia acaba de descifrar un pedazo de piedra encontrado en el 1800 cerca de la Torre y que se creía, erróneamente, era la lápida de Bonanno Pisano.
No era su lápida. Era su firma en su obra: la Torre de Pisa. "Esa placa debía ser clavada en una de las paredes de la Torre para recordar y glorificar a su autor", explica Ammannati, y agregó: "pero cuando el monumento empezó a inclinarse y los trabajos se detuvieron, Bonanno, que se sintió muy amargado, abandonó la placa entre los restos de los materiales de construcción y el tiempo, en parte, la destruyó".

Cuando la placa fue encontrada, en 1838, clavada sobre la pared izquierda del ingreso a la Torre, se creyó que era una inscripción fúnebre y para colmo casi ilegible por el paso del tiempo. Pero había una palabra que se distinguía claramente y "atormentaba" a Giulia Ammannati: opus.
Esa palabra latina significa obra. Y la estudiosa explica: "No podía pertenecer a una inscripción fúnebre sino a algo muy concreto, a un proyecto, a una obra".
Así se inició el lento y precioso trabajo de reconstrucción del epígrafe. Un texto en métrica latina que parecía la más increíble de las poesías: "Mirificum qui certus opus condens statui unum, / Pisanus civis Bonannus nomine dicor".
Traducido al castellano significa: "lo que seguro he levantado, fundado, es una obra admirable sobre cualquier otra, soy el ciudadano pisano llamado Bonanno".