26 de octubre de 2014 - 00:00

Todos estamos agotados

Los problemas acumulados de seguridad, inflación y tensión cambiaria impactan en el humor social y hacen caer las expectativas, como para acelerar la recesión económica.

Esta semana, durante el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata, los empresarios debatieron acerca de si “estaba agotado el modelo”. En realidad, cada vez que se utiliza la palabra “modelo” no se sabe bien qué quieren decir, tanto los que lo defienden como los que lo atacan.

Parece ser una síntesis de decisiones políticas con una direccionalidad definida, pero con poca claridad, por lo cual en el “modelo” puede entrar y salir cualquier cosa, de acuerdo al gusto del que lo califique.

En esta puja entre empresarios, sindicalistas, oficialistas y opositores, los que siguen en el medio son los ciudadanos argentinos, que están cansados de discursos, de promesas incumplidas, de inflación que se niega y molesta, de recesión que los afecta y que es culpa de otros, de leyes que salen sin discusión y de promesas de derogar todo cuando el Gobierno se vaya.

Realmente, a esta altura estamos todos agotados, no solo el modelo. Todos agotados de no encontrar racionalidad, de carencia de liderazgos, de violencia social sin explicación, de inseguridad creciente y de sospechas de corrupción en todos los estamentos del Estado.

Frente a este hartazgo, los dirigentes deberían tomar debida nota, porque esta situación es el caldo de cultivo ideal para que aparezcan candidatos mesiánicos que puedan ser votados como expresión de rechazo a los demás por falta de credibilidad. En este caso, el riesgo de caer en situaciones impensadas es muy grande y son los políticos los que tienen que transmitirle seguridad a la población.


Escasez de dólares
Este es el problema que desvela al Gobierno y será la preocupación al menos por el último trimestre. La posición de reservas está muy comprometida y se reducen peligrosamente.

Además, la venta de dólares para tenencia de los ahorristas acumuló desde enero, 2.067 millones de dólares, lo que equivale al saldo comercial del último trimestre. Esto muestra que además de la escasez, el Gobierno está entrampado en su propia fantasía.

Por una parte niega que haya faltante y por eso no restringe la venta de dólar-ahorro, pero por la otra pone trabas a las importaciones para no perder reservas.

En este extraño juego, mientras se adeuda a los importadores más de 5.000 millones por compras autorizadas, el Gobierno consiguió el compromiso de los exportadores de cereales para ingresar unos 5.800 millones de dólares hasta fin de año. Claro que este compromiso depende de que los productores decidan vender los granos que mantienen acopiados.

En la misma búsqueda, el Gobierno decidió modificar el régimen de retenciones a las exportaciones de petróleo para adecuarse a la caída del precio internacional.

Es que el sistema vigente no era conveniente para exportar y de esa manera se espanta a los inversores interesados en Vaca Muerta.
En realidad, el mayor problema del Gobierno es la caída de las exportaciones, que el mismo atribuye a la caída de los precios internacionales y a la crisis económica global. Pero esta es una verdad a medias.

Es que el problema más serio es el crecimiento de los costos internos por la inflación frente a un dólar que sigue atrasado y atentando contra la competitividad de nuestras exportaciones.


Inflación creciente
Desde el comienzo de año, el Gobierno implementó el sistema de "Precios Cuidados" que fue bien recibido por la población. Incluso muchos empresarios vieron las ventajas de estar dentro del sistema para vender más. Pero esto solo comprende a 400 productos, mientras que un supermercado, según su tamaño, puede tener entre 1.500 y 25.000 productos.

La emisión monetaria y el déficit fiscal han generado una presión sobre los precios, mientras que muchos productos no se pueden producir por no poder importar insumos. De hecho, había más demanda que oferta y esto genera tensión en los precios.

Esta inflación acumulada, a su vez, ha impactado en el poder adquisitivo del salario, con una presión adicional, y es la de los precios de los servicios públicos regulados por el Estado.

Sabíamos que era necesario ir eliminando subsidios, pero en lugar de hacerlo gradualmente, el Gobierno vio obligado a acelerar el proceso y por eso las personas se encuentran con costos de servicios públicos que pasan a ocupar espacios muy importantes de su presupuesto y los obliga a recalcular sus gastos mensuales.

Toda esta presión potenciada ha generado un mal humor generalizado que se muestra tanto en el comportamiento social como en las conductas de compra. Cierres de negocios, de restaurantes, de inmobiliarias y otros rubros muestran una conducta -al menos- conservadora. Pero también crece el problema del empleo, por ahora en forma suave pero sostenida.

Mientras los niveles dirigenciales discuten entre sí, la población está agotada, con una sensación de “hartazgo de crisis”.

Es muy complicado convivir con esto cuando la mayoría quiere vivir bien y con previsibilidad para poder proyectar. Esto, tan básico y tan simple hoy la dirigencia no lo puede garantizar, envueltos entre sus propios intereses.

Esto no quiere decir que haya que silenciar los atropellos del Gobierno, pero hay que hacerlo con mensajes que despierten la esperanza. Las expectativas son una fuente fundamental para el funcionamiento de una economía.

Si son positivas, los ciudadanos se mueven con más confianza, pero si son negativas, todos asumen conductas mucho más cuidadosas. Todo se traduce en el nivel de actividad.

Hoy estamos claramente en recesión, y más allá de las explicaciones técnicas, el humor social está jugando un rol fundamental. Hay que tener mucho cuidado, pero la gente está agotada y eso no es bueno.

Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

LAS MAS LEIDAS