19 de octubre de 2014 - 00:00

Tensión inflacionaria y cambiaria

La persistencia de la suba de precios y la presión sobre el mercado del dólar generan tensiones que no contribuyen a mejorar la percepción de la población. Ahora los gremios piden reabrir paritarias y complican el escenario.

Como ocurre todos los meses, cuando se anuncian los índices de precios, aparecen las diferencias entre las mediciones oficiales y las de las consultoras privadas.

Y como las oficiales son menores a las de las privadas, la gente tiende a creerles más ya que se mantiene la creencia acerca de la manipulación de las mediciones oficiales.

De todos modos, las mediciones del Indec ya arrastran una inflación en 9 meses del 20%, lo que representa uno de los registros más altos del mundo. Los privados hablan de una inflación anual del 40%, pero tomando los datos entre octubre de 2013 y setiembre de 2014.

Todo esto contribuye al mal humor y tiende a generar aumentos de precios “por las dudas”. Y todos prueban, si el mercado aguanta y las ventas no se resienten mucho, sienten que está convalidado. Además, en tiempos de inflación muchos piensan que es mejor vender menos más caro y acopiar insumos, en la medida que se pueda.

Pero esta situación está alimentada por el excedente de pesos emitidos por el Banco Central para financiar el déficit del Tesoro. Y hay toda una regulación sobre los bancos que hacen que las entidades no estén aportando circulante. No obstante, está claro que todos quieren sacarse los pesos y esto acelera la inflación.

Una situación que no debe desatenderse es que hace varios meses que se registran datos que, tradicionalmente, harían que la inflación caiga, algo que no se ve pero hace imaginar que si no se registraran, las tasas inflacionarias serían muy altas.

El más claro es la desaceleración de la economía, que hace varios meses viene cayendo, y a eso se debe sumar la caída del consumo, que no salta en los relevamientos del Indec sino a partir de datos de la CAME y de relevamientos privados. Esta retracción del consumo se aprecia en la recaudación del IVA mensual.

Otro dato es que el dólar oficial solo subió un 6% después de la devaluación, por lo que el tipo de cambio controlado por el BCRA está actuando como un ancla anti inflacionaria y no presiona la costos. Es más, claramente, el tipo de cambio ha perdido competitividad para las ventas al exterior.

Y el otro dato es que el Banco Central viene esterilizando porciones muy importantes de la moneda que emite para el Tesoro, lo que hace que no presione la cantidad de circulante por sí misma.

Lo que ocurre es que hay expectativas que están actuando en forma negativa. Y todas estas variables juntas, que se potenciaron con la devaluación de enero, hicieron que los actores económicos hayan tomado debida nota del proceso inflacionario y por esa razón se quieran sacar los pesos de encima.

Pero los que se sacan pesos ya no compran como lo hacían antes porque, ante las expectativas de que aumenten los despidos, la gente intenta ahorrar, pero no en pesos.

Y aquí aparece la demanda de dólares. Los que pueden, acuden a las compras al BCRA a precio oficial. Algunos los guardan y otros aprovechan para venderlo en el mercado paralelo.


La presión sobre el dólar
Desde el cambio de presidente del BCRA, se lanzó un operativo muy fuerte contra los negocios en el mercado paralelo, pero también se comenzó a presionar a los operadores en los mercados de bonos que actúan como referencia para obtener dólares en los mercados de valores. Nadie dice que está prohibido, pero el que lo hace recibe castigos y descrédito.

Esto hizo que el paralelo bajara del valor de 15 pesos, pero no está muy lejos. Además, es un mercado chico que solo se alimenta de algunos operadores que necesitan monetizar algo de sus reservas, de los que compran en el oficial y luego lo revenden y de los turistas extranjeros, que ya saben que deben acudir a cuevas para que sus vacaciones sean más rendidoras.

Pero lo cierto es que Argentina padece de abundancia de pesos y escasez de dólares. La pérdida de competitividad del tipo de cambio ha generado menor flujo de exportaciones, sumado a la caída de los precios internacionales de los granos, que ha generado menos flujo de ingreso de divisas.

La crisis de Brasil también aporta lo suyo, porque se cayeron las exportaciones de automóviles. Para el caso de nuestra producción, el gobierno de Dilma estableció licencias previas para las exportaciones de peras y manzanas.

Pero es indudable que el problema con los holdouts y los fondos buitres ha cerrado todas las posibilidades para que el Gobierno acerque dólares por la vía de colocaciones de bonos en el exterior.

Desde algunas esferas oficiales aseguran que desde enero, cuando ya no rija la cláusula RUFO, Argentina podría retomar negociaciones con los fondos con sentencia favorable en el juzgado de Griesa.

La situación es muy delicada y se cuidan las divisas. No se están autorizando importaciones y hay deudas con importaciones autorizadas que tiene muy complicadas a muchas industrias. Solo en Tierra del Fuego, las industrias electrónicas tienen atrasos por 1.000 millones de dólares.

Desde ahora y hasta fin de año se seguirán viviendo situaciones tensas, tanto en el plano cambiario como en el inflacionario, tanto que muchos sindicatos han pedido reabrir paritarias, lo que complicaría mucho más el panorama inflacionario.

El Gobierno dice que no hay razones para hacerlo, pero algunos mandatarios provinciales habrían consentido discutir, lo que traería problemas para todos los gobernadores, con un panorama similar al que causó la crisis policial a fines del año pasado.

Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

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