Ruidos y olores de una carpintería en pleno funcionamiento se perciben en la plazoleta de la iglesia La Sagrada Familia, en el corazón de Villa Nueva, frente al edificio municipal. Los sonidos son de motosierras y amoladoras en plena labor y el olfato aprecia el perfume del aserrín.
Pero no se trata de un establecimiento industrial sino del taller de esculturas en madera a cielo abierto que impulsa un grupo de artistas del Gran Mendoza, apoyados, en este caso, por el municipio de Guaymallén.
Desde ayer y hasta hoy, 16 artistas están realizando sus obras ante la vista del público que pasa por el lugar o se acerca a presenciar su arte.
Uno de los impulsores de la idea es Federico Arcidiácono (32), quien explica que la convocatoria consiste en trabajar troncos de árboles que ha cortado, por distintos motivos, la Dirección de Paseos Verdes de la comuna.
"En este caso estamos actuando como escultores talladores de troncos y utilizamos la madera del álamo criollo, el paraíso y el aguaribay", explica el artista, hijo del reconocido fotógrafo Cayetano Arcidiácono.
Federico se decidió a movilizar estos encuentros luego de haber participado en eventos similares en otras provincias, sin explicarse por qué en Mendoza no se podían realizar. "Hace 6 años que empezamos a empujar esta idea y por fin la materializamos: primero en Capital, luego en Guaymallén, y ahora repitiendo en este lugar", indica el joven escultor.
La materia prima está compuesta por forestales que hubieran sido destinados a encofrados u otros destinos de uso en un municipio, pero aquí se han convertido en arte. En el encuentro se utilizaron cuatro tipos de maderas: plátano bola, álamo blanco, pimiento (o aguaribay) y paraíso.
Temprano en la mañana y aprovechando el respiro de una temperatura más benigna, los 16 artesanos desplegaron los maderos en bruto y comenzaron a dar rienda suelta a su imaginación.
Comenzaron a ejecutar su tarea valiéndose de sierras, agujereadoras, formones, escofinas, serruchos, hachas, masas, gubias y un implemento menos conocido, el dremel.
Con estas herramientas y la imaginación, el trozo de madera en bruto va cambiando su forma. Arcidiácono, por ejemplo, plasmó una obra relativamente abstracta, que simula los pliegues de una chapa, todo trabajado sobre los restos de un álamo.
A pocos pasos, Darío Zangrandi (38), quien además trabaja en la radio comunitaria La Mosquitera, de El Bermejo, esculpía un trabajo que denominó "Animal zanjonero", que toma en parte la estética de un segmento del muralismo mendocino que pinta con colores flúor.
En otro extremo de la plaza, David Ibarra (33) ya tenía casi definida su obra: un músico colgado de un violoncelo. En el mediodía, cuando el sol pegaba fuerte, se aprestaba a dar una mano de tinta o cera para resaltar la madera del aguaribay utilizado.
La voz del público
Transeúntes que pasaban frente al improvisado taller se mostraron encantados con la posibilidad de observar a los artistas enfrascados en su creación. Victoria Murúa opinó que "es interesante que se hagan estas acciones para pensar un poco en arte y cultura, y también es importante que la gente vea cómo se hacen".
De alguna manera es lo que piensa también María Inés Palero (51), la única mujer del grupo de artistas. "Es positivo salir del taller y mostrar el desarrollo de la creación de cada uno". Su producción para este encuentro es una estilización de una semilla, que bautizó con el sugerente nombre de "Sequía".
En tanto, Daniel Ciancio (42) tenía en las primeras horas de la tarde definida su escultura: un prócer, que bien podría ser San Martín, y sus ideas. La pieza estaba saliendo de un plátano, un poco verde para el gusto del artista.
A la mendocina radicada en Ottawa (Canadá) Lidia Sartori Sadler le sorprendió el espectáculo que le recordó, según contó, a los concursos en madera, hielo o nieve que se realizan en la capital canadiense.
A otra vecina, María Santibáñez, le gustó la oferta de los talladores y sostuvo que "es una excelente oportunidad para que los jóvenes se interesen por una variante de la labor artística".
A ella, como a otros visitantes, le gustó el rostro barbado que iba apareciendo en la solidez de un olmo bola y que pulía Apolinar Vargas (55), un boliviano que alguna vez se radicó en Ugarteche y que luego hizo casi toda la carrera en la facultad de Artes, sin recibirse. "Aunque quiero esta tarea, no vivo de ella porque en ocasiones me conviene colocar un piso cerámico", dijo el hombre, haciendo referencia al oficio que le permite ganarse la vida: la albañilería.
Las esculturas terminadas serán expuestas el viernes 21, a las 20, en la Sala de Arte Libertad (Paseo Libertad 466, Villa Nueva).
Las próximas ediciones de estos talleres colectivos se harán en la plaza San Martín y luego en Luján. La idea es repetirlos en la plaza central de cada pueblo.