“El problema es mucho más profundo y va más allá de la tecnología. La tecnología magnifica y da nueva forma, pero el problema no es solamente el niño que reproduce eso, sino la cultura que lo habilita. Porque, para que el niño genere una imagen de desnudez con inteligencia artificial, tiene que haber un comprador”, resume Laura en diálogo con Los Andes.
Ema tenía 15 años cuando se viralizó un video suyo en una situación íntima. La adolescente se quitó la vida.
Instagram @ema_almamia
“Lamentablemente, las situaciones de difusión de imágenes sin consentimiento y de manipulación de contenidos van en aumento, y creo que hay una falta de políticas públicas y de acompañamiento del Estado, brindando herramientas. Necesitamos de manera urgente que se regulen las plataformas y que cada uno, desde el rol que le toca, pueda ir plantando sus semillas, para que no haya más Ema”, sostiene con una admirable entereza.
En las últimas semanas, estudiantes de escuelas de Loma de Zamora y de Ituzaingó (Buenos Aires) crearon imágenes de compañeras desnudas -utilizando IA-; mientras que en Mendoza un estudiante reenvió por WhatsApp fotos íntimas que encontró en la computadora de una docente.
Estas y otras situaciones de violencia de género digital -ya sea con imágenes apócrifas creadas con IA o reales que son vulneradas de la intimidad- son las que se intentan evitar y controlar con el impulso de la "Ley Ema". Sin embargo, el proyecto está "durmiendo" en el Congreso de la Nación.
"Ley Ema", una historia de resiliencia y de cómo convertir el dolor en acción
Lo vivido en las escuelas de Longchamps (donde estudiaba Ema), de Lomas de Zamora, de Ituzaingó y de San Martín (en Mendoza) no son casos aislados. Laura, quien se ha metido de lleno en el tema, tiene bien en claro que es algo que ocurre en escuelas públicas y privadas de todo el país. "Aunque no todos llegan a los medios", resume.
La "Ley Ema" busca generar herramientas concretas para prevenir y abordar situaciones de violencia digital en las escuelas. Entre sus objetivos, sobresalen la educación sobre privacidad y consentimiento, la capacitación de docentes y equipos educativos, y la implementación de protocolos para actuar cuando se difunden imágenes íntimas sin autorización o aparecen otras formas de hostigamiento digital.
Además, la propuesta apunta a los riesgos que plantea la inteligencia artificial, una tecnología que -entre otras finalidades- puede utilizarse (y está siendo utilizada) para fabricar imágenes sexuales falsas de chicos y chicas, así como también manipular fotografías o profundizar situaciones de acoso.
En el ámbito nacional, el proyecto permanece en la comisión de Presupuesto de la cámara de Diputados del Congreso de la Nación. El tiempo apremia, ya que el 30 de noviembre de 2026 vence su estado parlamentario, de acuerdo con el plazo que señala la impulsora de la iniciativa. Por eso, reclama que se trate cuanto antes.
En paralelo, la propuesta también avanzó en la Provincia de Buenos Aires. El 6 de octubre de 2026, el Senado bonaerense aprobó el proyecto, que había recibido media sanción en Diputados. Tras las modificaciones incorporadas, debe regresar a la Cámara baja para su sanción definitiva.
“(La violencia de género digital) es una problemática transversal y no tiene nada que ver con el color político. Hay que abordarlo con una mirada integral, desde las organizaciones de la sociedad civil, para poder recuperarnos como humanos”, sostiene Laura.
En ese sentido, la impulsada "Ley Ema" no busca solamente que las escuelas reaccionen cuando el daño ya está hecho. También pretende que se cuente con herramientas para anticiparse, acompañar a quienes atraviesan estas situaciones y evitar que la víctima termine cargando con la responsabilidad de lo que le ocurrió.
"No tiene que haber más Ema", resume su mamá, quien encabeza una incansable lucha para eucar y concientizar en el uso de la tecnología y la IA.
Instagram @ema_almamia
La premisa, en definitiva, es que ningún chico, ninguna chica, ninguna familia ni ningún docente se encuentre frente a una situación de violencia digital sin saber cómo actuar.
Siempre junto a Ema
El 24 de agosto de 2024, Ema se quitó la vida. La viralización de unas imágenes de ella en la intimidad -sin su consentimiento- y el posterior escarnio que sufrió derivaron en el trágico desenlace. Como dice Laura, las semanas posteriores a ese episodio fueron desgarradoras para ella y su existencia.
“Cuando muere un hijo, que es una de las tragedias más terribles y límites, uno pierde el sentido de vida”, acota, en diálogo con Los Andes.
Hasta que un día, aun cuando no encontraba razones para imaginar el día siguiente, empezó a descubrir que podía hacer algo con todo ese amor que seguía intacto.
Ema Bondaruk y su mamá, Laura Sánchez.
Instagram @ema_almamia
Fue en octubre de 2024 cuando logró empezar a salir de ese encierro. El acompañamiento de su compañero, de su otro hijo, de amigos y amigas y de distintas organizaciones de la sociedad civil fue fundamental. También comenzó a participar en espacios de ayuda mutua para madres y padres que atraviesan la muerte de un hijo.
Allí encontró personas que comprendían ese dolor sin necesidad de explicaciones. Gente que sabía que no hay fórmulas mágicas ni palabras capaces de reparar una ausencia semejante, pero que también podía tender una mano para seguir adelante.
“Por un hijo no se puede hacer un duelo que empieza y termina. Entonces, todo ese amor que hay por un hijo hay que convertirlo en un servicio, que sea amor en movimiento. Cuando muere un hijo se suele decir que es un dolor para toda la vida, o que es un amor para toda la vida. Por eso, a partir de allí surge el puntapié inicial para empezar a ver luz”, explica.
En su caso, esa luz apareció en la posibilidad de tomar la bandera que dejó Ema. Y en ese camino siempre encontró contención y compañía.
Actualmente, Laura lleva adelante la asociación civil "Mundo Ema", dedicada a promover la ciudadanía digital. Recorre escuelas y distintos territorios, participa en actividades de concientización y trabaja para que chicos y adolescentes conozcan sus derechos y responsabilidades en internet.
“Como dice la frase, nadie se salva solo”, resume.
A dos años y un par de meses de la muerte de su hija, Laura sabe que ninguna ley puede devolverle a Ema. Tampoco puede borrar lo que pasó ni evitar que otras familias tengan que atravesar el dolor de una pérdida.
Pero sí cree que una respuesta colectiva puede cambiar lo que sucede después de una agresión, ofrecer herramientas para prevenirla y evitar que un adolescente quede solo frente a una situación que no sabe cómo manejar.
“Cuando ocurrió lo de Ema, no se sabía casi nada del tema. Ema es la adolescente que nos puso de frente la problemática de la violencia de género digital”, reflexiona, y agrega que las consecuencias pueden acarrear trastornos de por vida en las víctimas.
“Pienso en Ema todo el tiempo. La llevo a todos lados, la tengo instalada en mi corazón. Llevo este legado, esta batalla contra la violencia digital”, concluye.