Pero algo no salió como estaba previsto. Apenas terminó la intervención y mientras se encontraba en la habitación, Bordón comenzó a presentar fiebre y temblores. Las enfermeras le tomaron la temperatura y registraron casi 40 grados. Le administraron antibióticos y medicamentos para controlar los síntomas.
Al día siguiente, sin embargo, su evolución parecía favorable. Pudo movilizarse, caminar con ayuda y realizar algunas actividades propias de la recuperación. No manifestaba dolores de cabeza y, según el relato que recibió Carla de su hermana, se encontraba en condiciones de continuar la recuperación fuera del establecimiento.
Cerca de las 48 horas de la operación, el traumatólogo les comunicó que los análisis no mostraban alteraciones y que podía recibir el alta, con la indicación de utilizar un andador.
La familia lo llevó a su casa. Para entonces, los episodios de fiebre y temblores habían quedado atrás y no había una explicación que hiciera pensar en una complicación de mayor gravedad.
El deterioro que encendió las alarmas
El cambio se produjo el 16 de octubre. Ese día, la madre de Carla fue a visitar a Bordón y advirtió que no estaba bien. Se comunicó con su hija para pedirle que fuera a verlo.
Carla salió del trabajo y llegó a la casa de su padre. Lo que encontró la sorprendió.
"Era una persona totalmente diferente", recuerda. Lo describe con una coloración grisácea, ojeroso, débil, con dificultades para caminar y sin poder hablar con normalidad. También tenía alteraciones en la mirada y no lograba mantener la boca cerrada.
Por su formación como enfermera, intentó primero evaluar qué podía estar sucediendo. Pensó que quizás estaba deshidratado y le colocó un suero. También revisó los medicamentos que había tomado para descartar que el cuadro estuviera relacionado con algún relajante muscular o psicofármaco. No encontró nada que explicara semejante deterioro.
La situación no mejoró y decidieron trasladarlo al Hospital Central. En ese momento, Bordón no tenía obra social activa, por lo que acudieron directamente a la guardia.
Allí comenzó otra etapa de la historia. Primero fue atendido y evaluado por los médicos. Su cuadro neurológico llamó la atención y fue derivado a un sector de mayor complejidad. Según recuerda su hija, inicialmente no tenían un diagnóstico preciso.
La confirmación llegó después: tenía meningitis bacteriana. Los médicos iniciaron un tratamiento con antibióticos de amplio espectro y, ante el agravamiento de su estado, debieron intubarlo e internarlo en terapia intensiva. La internación se concretó durante la noche del 17 de octubre.
Para Carla, la evolución tuvo una característica difícil de asimilar: aunque el proceso llevó algunos días, el deterioro fue muy rápido. Su padre había ingresado a una institución para una cirugía programada y, menos de una semana después, estaba en una terapia intensiva, con un compromiso neurológico severo.
Un tratamiento que se extendió y la incertidumbre por las secuelas
En el momento de la entrevista, Bordón continua internado en el Hospital Central. Inicialmente, los médicos habían previsto un tratamiento antibiótico de 21 días, pero los resultados de los controles posteriores llevaron a extenderlo a unos 41 o 42 días.
También había atravesado cambios importantes en el soporte respiratorio. Después de permanecer intubado, le habían retirado el tubo y realizado una traqueostomía. Seguía necesitando oxígeno, alimentación por sonda nasogástrica y otros dispositivos para recibir la medicación durante un período prolongado.
La preocupación de la familia no se limita a superar la infección. Los estudios mostraron un compromiso importante en el cerebro. Según explicó Carla, la última resonancia magnética con contraste había evidenciado múltiples abscesos, con acumulación de pus. Ese hallazgo fue uno de los motivos por los que se decidió prolongar el tratamiento antibiótico.
En cuanto a su respuesta neurológica, los avances son todavía muy limitados. Ante estímulos fuertes puede abrir los ojos o realizar algunos movimientos con la cabeza. También había conseguido responder afirmativamente una vez, pero no podía hablar ni mantener un diálogo.
Su hija describió movimientos involuntarios y dificultades motrices en ambos lados del cuerpo, más marcadas en el izquierdo. Los médicos todavía no podían realizar una evaluación completa de las posibles secuelas porque su estado general no permitía determinar con precisión el alcance del daño.
"Uno lo ve y es casi como si estuviera en un estado vegetativo", explicó, al intentar describir la situación en la que se encontraba su padre. La posibilidad de que quede postrado y dependa de otras personas para las actividades cotidianas es una de las incertidumbres que hoy atraviesan.
Carla también hizo una distinción que considera importante: destacó la atención recibida en el Hospital Central. Agradeció el trabajo de los profesionales, la rapidez con la que actuaron y el abordaje conjunto de distintas especialidades. "No son personas que te mientan con cosas. Te aclaran cómo es el panorama, qué se le va a hacer y cuáles son las posibilidades", señaló.
(Gentileza familia Bordón)
La investigación y las preguntas de la familia
La familia intenta comprender cómo se produjo la infección. Carla considera que pudo haber fallas en los procedimientos de esterilización y control del quirófano del Hospital Privado. Incluso, a partir de sus conocimientos y de averiguaciones propias, plantea dudas sobre la realización de los controles que deberían garantizar las condiciones sanitarias antes de una intervención.
Sin embargo, hasta ahora no existe una confirmación oficial de que el contagio se haya producido por una falla específica de esterilización ni de cuál fue el elemento que pudo haber transportado la bacteria. Esa es precisamente una de las cuestiones que intenta establecer la investigación epidemiológica.
El Ministerio de Salud suspendió preventivamente la actividad quirúrgica en el establecimiento y puso en marcha inspecciones y estudios sobre los procedimientos quirúrgicos y anestésicos, medicamentos, antisépticos, soluciones, instrumental y otros insumos. También se dispuso el análisis de muestras y el envío de aislamientos al Instituto Malbrán para determinar si las bacterias encontradas en los distintos pacientes tienen relación entre sí.
La preocupación de los familiares también llegó a la Justicia. Las hijas de Bordón presentaron una denuncia penal para que se investigue lo ocurrido. La causa quedó radicada en la Unidad Fiscal Correccional y, entre las primeras medidas, se solicitó al hospital que remita la historia clínica y los informes médicos del paciente.
Carla contó, además, que se comunicaron con ella familiares de otras personas que atravesaron complicaciones después de ser intervenidas en el mismo establecimiento. Entre esos contactos mencionó a una mujer cuyo esposo estaba internado y a una joven cuyo tío había fallecido después de una cirugía.
La familia todavía no conoce en detalle todos esos casos, pero entiende que es necesario que se investigue lo sucedido y que se establezca si existió una exposición común durante las intervenciones.
Mientras tanto, los tres hermanos —Fernando, Carla y Paloma— acompañan la internación de su padre y esperan una evolución que todavía es incierta. Carlos había llegado al hospital para resolver un problema de artrosis que limitaba su movilidad. La expectativa era que, después de la cirugía, pudiera recuperar su actividad habitual.
Ahora, la prioridad es que sobreviva a la infección. Lo que venga después, incluida la posibilidad de recuperar su autonomía, sigue siendo una pregunta abierta.