viernes 4 de diciembre de 2020

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Quienes tienen esta personalidad esconden sus intenciones bajo un rostro muy distinto.
Espectáculos

Durmiendo con el enemigo: cuando somos víctimas en la relación con un narcisista

Una gran parte de la población mundial ha tenido una relación de pareja o laboral con alguien con trastorno de personalidad perverso narcisista

Quienes tienen esta personalidad esconden sus intenciones bajo un rostro muy distinto.
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De los cuentos infantiles, el más inexplicable y absurdo a mí parecer era el de Barbazul: no entendía por qué un hombre desearía casarse con la mujer más linda del pueblo, encerrarla en su mansión, prohibirle transitar libremente por la casa, mentirle, matarla si descubría la mentira y buscar una nueva mujer para casarse.

Esa misma lógica que intenta analizar y comprender la acción de un personaje de cuentos es la misma que tenemos millones de personas en el mundo, y que nos impide comprender comportamientos similares -aunque mucho más sutiles- por parte de personas con Trastorno Narcisista de la personalidad.

Como es un tema complejo, lleno de facetas, y de límites superpuestos con la Psicopatía y el trastorno Borderline, no se agotará en esta nota, sino que será apenas la presentación en sociedad de una conformación psíquica integrada y por lo mismo, muy difícil de identificar hasta por los profesionales en la materia.

Vivir con un narcisista conlleva gran cantidad de consecuencias para las parejas

El perverso narcisista es una persona sin capacidad de empatía real, sino más bien simulada, con fines utilitaristas, pues sólo reconoce las necesidades del otro en la medida que sirvan a su propio beneficio.

Diversos tratados y especialistas coinciden que la dificultad de establecer una definición del perverso narcisista excepto mediante el análisis de casos concretos y muchas veces sin el consenso de la comunidad médico-científica.

Para Marie-France Hirigoyen (psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta francesa), la perversidad no proviene de un trastorno psiquiátrico sino de una fría racionalidad que se combina con la incapacidad de considerar a los demás como seres humanos.

El perverso narcisista adolece de incapacidad patológica para sentir culpa y sólo le preocupa la imagen que proyecta al resto, sin llegar a considerar a los otros como personas es decir, para él sólo son objetos que puede utilizar.

Los signos y síntomas del trastorno de la personalidad narcisista y la gravedad de los síntomas son variables. Pueden tener algunos o la mayoría de estos síntomas y combinados de manera aleatoria.

A grandes rasgos, existen dos tipos de narcisistas: abierto y encubierto. El primero es más fácil de identificar porque hace todo lo posible para que los demás noten su presencia. Por lo general suelen ser prepotentes, tener un sentido de privilegio, esperar, sugerir o exigir que se reconozca su superioridad, exageran sus logros y talentos, y están preocupados por el éxito, el poder, la brillantez, la belleza o la pareja perfecta. Creen que son superiores y que solo pueden vincularse con personas especiales como ellas. Pueden despreciar o mirar con desdén a personas que ellos perciben como inferiores pero a la vez sacar ventaja de los demás para lograr lo que desean. También suelen insistir en tener lo mejor de todo: el mejor auto, el mejor reloj, la mejor casa.

Al mismo tiempo, a las personas con trastorno de la personalidad narcisista les cuesta enfrentar cualquier cosa que consideren una crítica, son impacientes o se enojan cuando no se las trata de manera especial, suelen tener notables problemas interpersonales y ofenderse con facilidad, pueden tener dificultad para regular las emociones y la conducta.

En cambio, el narcisista encubierto suele ser el típico lobo con piel de cordero. Por lo general se comporta de manera opuesta al narcisista abierto, dando la impresión de humilde, bondadoso, empático y hasta sumiso.

En cualquiera de los casos, la motivación de su existencia es la misma: proyectar su desequilibrio mental y vacío interior en la víctima, haciéndola cargo de toda la misera de su psiquis para evitar caer en la psicosis (locura) o la neurosis (depresión).

Por lo general buscan personas empáticas, soñadoras, activas, con ideales, objetivos de vida, humanitarias, en definitiva, aquellas personas que brillan en la multitud.

Pero ¿cómo puede una persona con esas características terminar cayendo en las redes de un narcisista? Para la licenciada en Psicología, María Eugenia Ceballos, “estudia muy bien a su víctima y durante el proceso de la conquista le da todo lo que necesita, se encarga de fascinarla y la persona se termina enganchando”.

A esta etapa inicial, se la conoce por su nombre en inglés “lovebombing”, bombardeo de amor. Es cuando el narcisista se presenta ante la persona elegida y le hace creer que es “el hombre o la mujer de sus sueños”. Si la víctima es mujer, el narcisista le hará regalos costosos, viajes, cenas, a muy poco de iniciar la relación. Le ayudará con todo lo que ella necesite y le creará la ilusión de haber encontrado a su “alma gemela”. La mujer narcisista por lo general conquista al hombre mediante el sexo, haciéndole sentir cosas que nunca antes sintió.

El narcisista es el típico "lobo con piel de cordero".

La víctima entra así en la fantasía de estar viviendo un amor increíble y rápidamente queda subyugada.

Esta etapa durará el tiempo que el narcisista necesite para atrapar a su presa. Pueden ser días, semanas o años.

La segunda etapa, que suele comenzar de manera sutil y superpuesta con la primera, se llama “gaslighting”, luz de gas. El término proviene de una obra teatral de 1938, “Gas Light”, en la que un marido intenta convencer a su esposa y a otros de que está loca: cuando atenúa las luces de gas, insiste en que ella se lo está imaginando.

El objetivo es conseguir que la víctima dude de sus sentidos, de su razón y hasta de los hechos que presencia. Se trata de un eficacísimo método de acoso basado en la manipulación de la percepción de la realidad del otro, mediante información falsa o tergiversada.

“Le va dando vuelta la realidad a través del discurso, entonces la persona no puede pensar en ese momento” afirma la licenciada Ceballos. “Como la actitud del perverso narcisista es ser parásito y de alguna manera tiene una actitud vampirista, hace todo un manejo del discurso porque conoce previamente cuáles son los puntos débiles de su víctima. Cuando esta se da cuenta, el perverso narcisista arma una serie de estrategias, conductas y mentiras para dar vuelta la realidad otra vez y seguir confundiendo a la víctima, para seguir atrapándola en sus redes” afirma.

En este contexto, la mentira es moneda corriente. Son sutiles inexactitudes entre lo dicho y la realidad. De este modo el narcisista va midiendo el nivel de tolerancia de la víctima: cuán confiada o distraída es, cuánto cree en su palabra, y va a ir agregando paulatinamente mentiras más gruesas, probando nuevamente la tolerancia de su presa.

Si la persona se da cuenta, indaga acerca de los datos inexactos, o le reprocha las mentiras, el narcisista niega sus actos y neutraliza los reproches para hacerle creer que el problema no existe.

Otra estrategia es hablar de manera deliberadamente ambigua, sin terminar las frases o con alusiones soslayadas, de modo que la víctima “crea” haber entendido algo que en realidad no se dijo. El perverso utiliza la mentira, pero no de una forma directa; sino mediante un conjunto de insinuaciones y silencios que generan un malentendido en su propio beneficio.

Del mismo modo, la agresión perversa se caracteriza por llevarse a cabo en silencio, mediante alusiones e insinuaciones sutiles. Con ello, el perverso evita que se le pueda echar en cara un comentario pernicioso y, si la víctima de igual manera se lo señala, será refutada por el perverso y, más aún, la querrá convencer de que es ella la agresora.

A esta altura, la persona ya se encuentra bien adentrada en la fase dos: la devaluación, con el agravante de estar enamorada y enganchada en una relación a la que apostó sentimientos, ilusiones y a veces hasta bienes materiales.

“La recomendación es que empiecen a escuchar lo que el cuerpo les dice intuitivamente. Cuando uno está frente a alguien que es transparente y serio, se siente paz, una respuesta agradable del cuerpo, bienestar. En cambio cuando estás frente a alguien que manipula, miente, genera control y miedo, todo el cuerpo se empieza a tensionar, a sentir incomodidad, desagrado y malestar”, explica la licenciada Ceballos, y aclara “si hay muchas situaciones que no son coherentes, si no dice lo que hace o no hace lo que dice también es un punto importante”

En esta etapa también se da el “refuerzo intermitente”, que consiste en dejar de hacer cosas que antes hacía, de manera aleatoria, con el fin de que la víctima se desestabilice y se enganche aún más. Por ejemplo, si el narcisista todas las noches le envía un mensaje deseándole “dulces sueños”, un día deja de hacerlo sin explicación. Si la persona se lo señala, le resta importancia, pero sabe que la víctima, íntimamente, comenzará a dudar de la fidelidad o del amor de su pareja.

“Tampoco se puede tener una comunicación cara a cara real y profunda. Cuando el narcisista se arrepiente de lo que hizo y se llega a acuerdos, le dura poco tiempo porque vuelve a hacer lo mismo, el arrepentimiento no lo lleva a ningún cambio. Ahí se ve la manipulación y la agresión perversa”, explica Ceballos.

Otro indicador importante es “la ausencia de amigos auténticos. Hay que ver cómo son sus otros vínculos, por lo general cuando habla de los otros (ex parejas, jefes,compañeros de trabajo) tiende a devaluarlos y a depositar en el otro hostilidad. Una persona sana no devalúa todo el tiempo a los demás”, dice la especialista, y agrega “es coherente con lo que dice y hace, se sostiene con la palabra, es ético e íntegro”, concluye.