Hace pocos días, un lector asiduo de esta columna me ha hecho llegar una inquietud acerca de los valores significativos del verbo ‘bajar’, valores que no aparecen registrados en el diccionario académico, cuya sigla identificatoria dejaría de ser DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), para ser sustituida por la más adecuada DiLE (Diccionario de Lengua Española).
Las acepciones que figuran en la 23a edición de esta obra son las que detallo: “Poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba”, como en “He bajado los libros más utilizados por los estudiantes a la estantería que queda al alcance de la mano”.
Otro valor es el de “rebajar”, tanto si significa “hacer más bajo el nivel o superficie horizontal de un terreno u otro objeto” como si tiene el valor de “disminuir el precio o el valor de algo”; lo vemos en oraciones como “La retroexcavadora ya terminó de bajar el terreno a un nivel apropiado” o “Bajaron bastante los precios por la liquidación de invierno” o “Con paños fríos, debe bajarle la fiebre al pequeño para evitar convulsiones”.
Un tercer valor de ‘bajar’, usado como pronominal, es el de “apearse”: “Todos los días me bajo en la misma esquina”.
En este caso, el verbo es intransitivo, igual que en las acepciones “ir desde un lugar a otro que esté más bajo” y “viajar hacia el sur”: “Los lugareños bajan los días festivos hasta el pueblo más cercano” y “En verano, bajamos desde Mendoza a Santa Cruz en busca de temperaturas más frescas”.
En el ámbito administrativo, se usa ‘bajar” para indicar, respecto de un expediente o de un proveído, que se remite despachado al tribunal o a la secretaría que los han de publicar: “Una vez informado este expediente, bájelo a la Secretaría de Bienestar para que se encargue de publicar la lista de becarios”.
También en el ámbito de la música, ‘bajar’ significa “descender en el sonido de un instrumento o de la voz, desde un tono agudo a otro más grave”. Figuradamente, ‘bajar el tono’ tiene el valor de “contenerse después de haber hablado con arrogancia”: “Cuando está exaltado u ofuscado, resulta inútil pedirle que se modere y que baje el tono de su reclamo”.
Cuando una persona se humilla, también usamos en sentido metafórico el verbo ‘bajar’: “Resulta denigrante suplicar, pero, a veces, por los hijos o por una causa noble, es necesario bajar el orgullo”.
En todas estas acepciones dadas por el diccionario académico, no figuran dos valores con que utilizamos el verbo en nuestro medio, valores que están legitimados por el uso. Me estoy refiriendo a ejemplos como “Se bajó de su candidatura” y “Pobre José, lo bajaron de su cargo”.
En relación con el primer ejemplo y bajo la entrada ‘bajarse’, en el Diccionario Integral del Español de la Argentina (2008), se consigna el valor de “renunciar a algo”.
También, el Diccionario de americanismos (obra académica de la Asociación de Academias de la Lengua Española, de octubre de 2010; diccionario descriptivo que incluye el repertorio dialectal de todas las zonas de América) indica, bajo la entrada ‘bajar’, la acepción, como verbo pronominal e intransitivo, de “retirarse de una empresa o de una actividad difícil y arriesgada”; se da como propio de Chile este valor, por lo cual se explica que se utilice en Mendoza y en varios lugares de la Argentina. En cambio, el segundo ejemplo toma el verbo ‘bajar’ con el sentido de “apartar, dejar cesante”.
¡Qué desagradable es leer o escuchar que a alguien “le bajaron el pulgar”! Esta locución verbal sirve para indicar “señales claras de que se tiene intención de desplazar a alguien del lugar que ocupa”; hay toda una controvertida historia acerca de la dirección que debía seguir el pulgar para condenar o para salvar a un gladiador, pero lo cierto es que, en nuestros días, se usa la expresión para señalar que alguien no ha merecido la aprobación o no ha recibido el beneplácito para llevar a cabo una empresa.
Los diccionarios de lunfardo, como el de Oscar Conde, registran una serie de frases formadas con el verbo 'bajar', para aludir a diferentes realidades:
"Bajar la caña": significa "reprender, castigar, cobrar un precio desmesurado por alguna cosa". Según Conde, esta expresión se vincula con la acción de los boyeros, en la cual pican a la yunta con la aguijada. Escuchamos decir: "La mandataria les bajó la caña a los que criticaban su accionar".
“Bajar línea”: esta expresión, que va a implicar obediencia, significa “dar instrucciones de manera indirecta; intentar convencer a otro de algo”. De acuerdo con la fuente indicada, proviene de la jerga militar. Vale como ejemplo: “Tengo pensamiento propio y no admito que me bajen línea”.
“Bajar un cambio”: con esta frase, hoy muy usada, se quiere señalar que es necesario calmarse. Proviene del lenguaje automovilístico.
“Bajarse del caballo” y “Bajarse de la moto”, son otros de los tantos ejemplos.
Por último, quienes estamos en el ámbito docente sabemos de la comodidad de buscar algún contenido en la red, para después bajarlo sin haber hecho mayores esfuerzos.
¿Por qué se usa el vocablo ‘bajar’ para realizar esta acción? Los diccionarios digitales y la nueva versión del diccionario académico incluyen esta acepción con el valor de “copiar o transferir información especialmente a través de internet”. La expresión completa es ‘bajar archivos’ y es un calco de la voz inglesa ‘download’. Se puede usar como sinónimo ‘descargar’.
Y ¡qué alabanza para un docente de cualquier nivel es que se le atribuya el don de “bajar didácticamente” los contenidos para facilitar su comprensión! Aquí el término ‘bajar’ y el sustantivo ‘bajada’ cobran sentido por el hecho de considerarse que el conocimiento es demasiado elevado para su correcta aprehensión; por consiguiente, es necesario trasponerlo adecuadamente para que las mentes en formación puedan entenderlo.