11 de marzo de 2014 - 23:23

Una sangrienta pesadilla

La mañana del 11 de marzo de 2004, diez bombas explotan a partir de las 7.37 en cuatro trenes suburbanos, llenos de pasajeros, que se dirigían hacia la estación madrileña de Atocha, causando 191 muertos y 1.841 heridos, la mayoría obreros, estudiantes o inmigrantes.

El gobierno conservador de José María Aznar no duda en atribuir inmediatamente la mayor masacre terrorista de la historia de España al grupo separatista armado vasco ETA, que no suele utilizar ese método. Pero esa misma tarde un comunicado reivindica los atentados en nombre de la red de Al Qaeda.

“El escuadrón de la muerte logró penetrar en el corazón de los cruzados europeos e infligir un golpe doloroso a uno de los pilares de la alianza de los cruzados, España”, afirma el texto firmado por las “Brigadas Abu Hafs al Masri/Al-Qaeda”, difundido la tarde del 11 de marzo en Dubai.

Dos días más tarde, una cinta de vídeo en árabe encontrada cerca de la mezquita de Madrid reivindica los atentados “en nombre del portavoz militar de Al Qaeda en Europa”, en “respuesta” a la “colaboración” de España con Estados Unidos en la operación militar lanzada en Irak un año antes.

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