Barrio San José: un puñado de casas junto al ferrocarril
Nació en los años ‘60 y se destaca por los grandes lotes de las casas. La tranquilidad del lugar es uno de los tesoros que cuidan los vecinos, que piden a la comuna algunas obras de mejora.
Barrio San José: un puñado de casas junto al ferrocarril
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El barrio San José, en el departamento de La Paz, queda a orillas del pueblo y muy cerca de la ruta 7, más precisamente a unos metros de esa amplia curva que hace el camino antes de pasar frente al ingreso a la villa, para luego tomar rumbo a Desaguadero. Al barrio lo forman apenas dos manzanas, contenidas entre las vías del ferrocarril por el sur y un canal de riego que corre hacia el norte.
Se llama San José y antes de eso fue el loteo Mantován, que es el apellido del dueño de todas esas tierras y que según recuerdan los vecinos, el hombre se las compró al ferrocarril con la idea de lotear para construir viviendas.
“La primera comisión del barrio le puso San José y la verdad, es que no hubo alguna razón especial, pero en todo caso el nombre de un santo queda mejor que el del dueño de las tierras”, dice la gente.
“El barrio comenzó a tomar forma en el año ‘60, esa fue la fecha en que Mantován empezó a vender los lotes del terreno que le había comprado al ferrocarril, aunque recién en 1965 se vieron las primeras casas”, recuerda don Elpidio Funes, uno de los primeros vecinos que tuvo el barrio y también, uno de los primeros presidentes de la unión vecinal: “En esos años fue que hicimos las escrituras de las viviendas. Hubo que viajar a Mendoza por ese trámite, pero todo el esfuerzo se justificaba porque imagínese que era para tener la casa propia”.
Los terrenos en el San José son enormes y tienen más de 400 metros cuadrados; grandes lotes en donde sus dueños han ido edificando según gustos y posibilidades, y en la mayoría de los casos, con la ayuda de los demás vecinos.
“Este barrio se hizo de a poco y a pesar de los años, todavía quedan casas a medio terminar y algunos baldíos, pero lo importante es que las casas que usted ve se levantaron con ayuda de la gente, unos colaboraban con otros”, cuenta doña Elsa.
Aquellos primeros años fueron, sin dudas, de mucho sacrificio: el pueblo de La Paz era más pequeño de lo que es hoy, no habían líneas de colectivos y mucha de la gente se movía en bicicleta o incluso en sulqui.
“Con tal de tener su casa, la gente construía primero lo indispensable para vivir: unas piezas y el baño y entonces ya se venían. Después, cada uno ha ido completando según sus posibilidades; hoy somos 35 familias las del San José”, dice una mujer, desde la vereda de su casa, a la sombra de un árbol y mientras toma unos mates.
Y precisamente la sombra fresca de los árboles frondosos es uno de los grandes premios que regala el barrio, especialmente en los días del verano, cuando el calor paceño es implacable con quien no se ha hecho de un reparo.
“Mucha gente del centro sale a caminar y toma por España y se viene para acá, para el barrio aprovechando la arboleda”, explica don Funes y por eso es que los vecinos piden que la comuna les construya una senda entre la línea de árboles y el canal: “Un camino y algunos asientos para descansar”, insiste.
El barrio celebra a San José los 19 de marzo; para esa fecha hay fiesta, un brindis o un chocolate, también misa y hasta procesión. El santo tiene su gruta en el ingreso al barrio, allí en el primero de los lotes, parquizado y cerrado con alambres, la comunidad le encontró espacio a San José.
Hoy el barrio tiene todos los servicios: asfalto, gas y cloacas, además de la luz y el agua potable, aunque algunos de esos avances se consiguieron no hace tanto tiempo. “El gas y las cloacas tienen muy pocos años, son obras que la comuna realizó hace algo más de dos años y después vino el asfalto”, cuenta la gente.
Al que viene de afuera lo sorprende la tranquilidad del lugar, aunque la armonía en La Paz es una constante en casi todo el departamento: “Acá no hemos perdido la costumbre de sentarnos a la tardecita en la vereda, a charlar con las vecinas y a esperar que llegue la noche”, dice doña Graciela.
Y olvidarse una bicicleta a la noche en la vereda o la puerta del auto sin llaves no implica ningún riesgo: nadie toca lo que no es suyo.
Entre los pedidos de los vecinos está la idea de que el municipio limpie un terreno que hay al oeste de la calle Villa Amelia, límite del barrio en esa zona; allí y cerrado por alambres hay un enorme terreno desperdiciado donde la vegetación crece sin control, aunque son tierras que tienen dueño y pertenecen al ferrocarril.
“Este barrio no tiene plaza y sería bueno que la comuna gestione ante la nación para quedarse con ese espacio, limpiarlo, poner unos juegos y algunos bancos”, dicen los vecinos, pero el trámite no es nada fácil y los intentos de la comuna al respecto, se han atascado en la burocracia de las oficinas nacionales.
Los malos olores del matadero y un corral
Atraídos por la nota al San José, algunos vecinos de los loteos aledaños al barrio se acercaron para manifestar preocupación por los olores que desprende el matadero municipal y un corral de ganado, que están al otro lado de las vías, a no más de 200 metros del barrio.
“Hay días en los que no se puede respirar por el olor a ganado y a sangre, y hay que mantenerse encerrados”, dice Marcelo, que al igual que otras diez familias vive frente al matadero. La gente del San José confirma el problema y pide alguna solución: “Los peores días son los de lluvia, cuando para la tormenta y comienza a salir el sol, el olor se hace muy fuerte”.
Desde la comuna subrayan que el corral ubicado junto al matadero “está habilitado como ‘de tránsito’ por lo que los animales no permanecen allí gran tiempo”.
Respecto al matadero municipal, Dante Curri, su encargado, sostiene que las instalaciones tienen allí cerca de 90 años y que luego se sumaron algunas casas en las cercanías.
“De todos modos, sabemos del problema de los olores y hemos acordado con Aysam un proyecto para llevar los efluentes de la línea de faena hacia el sistema de cloacas”.
Curri explica que para realizar esa obra, primero hay que ir con las cañerías más allá del barrio y cruzar las cañerías por debajo de las vías del tren, hacia el sector del matadero: “Estamos tramitando esos permisos; mientras tanto, hemos adquirido dos tachos de 25.000 litros para depositar allí los efluentes y sacarlos con el camión atmosférico. De esa manera vamos a trabajar en el verano, mientras avanzamos con la obra”, dijo el funcionario y admitió que el problema de los olores debe ser resuelto.