San Antonio: un lugar tranquilo a pocas cuadras del microcentro
El barrio del sur de la ciudad tiene menos de 30 años y alrededor de 100 viviendas, pegado al populoso Unimev.
San Antonio: un lugar tranquilo a pocas cuadras del microcentro
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Es un barrio relativamente nuevo. Sus primeros habitantes llegaron en 1986 y comenzaron una tarea que se mantiene hasta ahora: lograr que luzca "lindo" y que sea tranquilo. Es el barrio San Antonio ubicado al sur de la ciudad de San Rafael y atrás del populoso y conocido barrio Unimev. Están tan cerca de él que suelen confundirlo.
"No, este es el barrio San Antonio", se asegura de aclarar una de las vecinas más activas del lugar, Adriana Virginia Ruiz, diseñadora industrial jubilada (de la docencia formal de arte). Ella sigue ayudando a los mismos vecinos a diseñar arreglos en sus viviendas y da clases particulares de arte.
Junto a Gerardo Vergara se encargan casi ya por costumbre de estar alerta para que en ese pequeño conglomerado urbano de poco menos de 100 casas no falte nada.
"Sobran los perros" dicen con humor. "Hay muchos de ellos sueltos y de la calle que se encargan los mismos vecinos de alimentar y muchos que deambulan porque sus dueños se van a trabajar y los dejan afuera. Estamos acostumbrados a convivir con esa situación y ya casi ni molesta", aseguraron.
Los límites aproximados, destacan, es al norte calle Roca, al sur Las Cuevas, que finaliza en una finca, al oeste está la Avenida del Trabajo y al este un descampado que es propiedad de Teodoro Muros, según figura en los planos del lugar.
La plaza, de pequeñas dimensiones es colorida y bien cuidada y está identificada con un cartel visible donde se lee Plaza barrio San Antonio. "Eso lo pintaron los empleados de la municipalidad como atención a nuestro pedido", afirmaron.
También reasaltan coloridos bancos de cemento que han sido pintados por estos dos vecinos y dan un aspecto distintivo al paseo. “En poco tiempo, aseguran, construiremos canteros alrdedor de los árboles más jóvenes para protejerlos de los chicos que juegan. "Está prohibido el fútbol".
Pero los pobladores agregan resignados: "igual los chicos traen pelotas y por ahí rompen las plantas. Los más chicos nos hacen caso pero por ahí los adolescentes no".
"Los carteles de las calles están casi borrados porque se hicieron hace tiempo en los talleres municipales y los pedí yo", afirma Adriana con orgullo.
"Dos personas son una multitud", dicen cuando se refieren a los propietarios que trabajan a modo de vecinal informal y rien.
"En realidad tenemos mucha respuesta en la municipalidad y de la gente que es mayoritariamente joven porque lo que les pedimos nos lo otorgan o nos ayudan. Por ejemplo, cuando necesitamos cortar el pasto de la plaza vienen o cuando vemos las acequias sucias les avisamos y las limpian. Ellos nos consideran como delegados y los vecinos, si les pedimos contribuciones para comprar pinturas o algo así, también colaboran", relatan orgullosos. Pronto Adriana replantará un ombú que cultiva cuidadosamente en su casa, distinguida por un florido jardín rodeado de árboles.
Es destacable la tranquilidad que se vive en este barrio, tanto que han instalado en su jurisdicción tres geriátricos de pequeña capacidad que utilizan su placita y sus veredas adornadas con flores, para el disfrute de los ancianos que los habitan.
Otro de los distintivos es que en ningun sitio hay negocios que caracterizan a los barrios como kioscos o almacenes. Todos hacen sus compras en el centro de la ciudad o en el barrio Unimev. Los creyentes concurren a la iglesia que se encuentra en este último barrio.