Rusia celebra mañana sábado los 70 años de la victoria soviética en la batalla de Stalingrado, la primera derrota alemana de la Segunda Guerra Mundial y que según los rusos salvó a Europa del nazismo.
Rusia celebra mañana sábado los 70 años de la victoria soviética en la batalla de Stalingrado, la primera derrota alemana de la Segunda Guerra Mundial y que según los rusos salvó a Europa del nazismo.
En pleno fervor patriótico, las autoridades se esmeraron en la conmemoración del acontecimiento. Para la ocasión, Volgogrado, nombre que se dio a Stalingrado en 1961, se engalanó con una multitud de banderas y banderines rojos y amarillos en honor a los “vencedores”. Y hasta se prevé una reconstitución de los hechos.
El presidente ruso, Vladimir Putin, acudirá mañana a esta ciudad para asistir al desfile de más de 650 militares ataviados con los colores del Ejército Rojo. También habrá ceremonias en Moscú.
El 2 de febrero de 1943 las tropas del mariscal alemán Friedrich von Paulus capitularon, cercadas por el Ejército Rojo después de una encarnizada batalla iniciada en julio de 1942 en esta ciudad a orillas del Volga, paso esencial hacia el Cáucaso y sus ricos recursos petroleros.
Fue la primera rendición del ejército nazi desde el comienzo de la guerra y cambió el curso de la contienda, tanto en el plano estratégico como en el psicológico en la Unión Soviética, desmoralizada hasta entonces por varias derrotas estrepitosas.
Pero también fue una de las batallas más sangrientas de la historia. Devastada desde el comienzo por bombardeos aéreos alemanes, Stalingrado fue escenario, durante más de seis meses, de combates callejeros muy violentos entre las tropas nazis y los soldados y los civiles soviéticos a los que Joseph Stalin había dicho “¡Ni un paso atrás!” Durante ese período, los combatientes también debieron luchar contra otros dos enemigos crueles: el invierno ruso y la hambruna.
En total la batalla causó unos dos millones de muertos, entre ambos bandos, según las cifras oficiales rusas.
“Bombardeaban constantemente, de las 9 de la mañana a las 4 de la tarde. En dos ocasiones, nuestra casamata quedó sepultada después de explosiones, pero nos desenterraron y vivimos”, recuerda Taisia Postnova, de 93 años. Estudiante de medicina en Novosibirsk (Siberia), Taisia fue enviada al frente en setiembre de 1942 y vivió en carne propia el horror de la guerra.
“Los heridos llegaban continuamente. La mitad de los que curábamos volvían al frente”, recordó la anciana.