Um Hasan asegura que acude cada mañana a la explanada de las Mezquitas para protegerla contra los sacrilegios. Pero, a partir de ahora, ni ella ni los otros “guardianes” musulmanes que blanden el Corán ante los visitantes judíos podrán entrar en el recinto sagrado.
A sus 60 años, vestida con una abaya y un velo islámico, Um Hasan es una “murabita”, una “centinela” en árabe, que vigila la explanada donde se encuentra la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar sagrado del islam, en el casco antiguo de Jerusalén.
Para Israel es uno de los principales factores de tensión en un lugar que los musulmanes consideran como inviolable.
Después de que el ministerio israelí de Defensa prohibiera la acción de esos “centinelas” por motivos de seguridad, Um Hasan decidió trasladar su combate sin armas, pero con el Corán y con Dios”, a las puertas que conducen a la explanada.
Varios judíos salen bailando de la explanada, unos musulmanes los esperan blandiendo su libro sagrado, y los numerosos policías presentes los mantienen a distancia, fingiendo que no se enteran de las provocaciones de unos y otros.
El espectáculo cotidiano dura cuatro horas, de las siete de la mañana hasta las once, el intervalo durante el que los turistas y los no musulmanes pueden visitar la explanada.
Hombres judíos, que llevan la kipá, y mujeres que se cubren el cabello con un velo o un pañuelo, avanzan con paso ligero entre una escolta policial, bajo los gritos de los musulmanes.
Un único rito judío puede poner en peligro el delicado equilibrio heredado del conflicto de 1967. Unas reglas tácitas permiten que los musulmanes entren todo el día en la explanada -el monte del Templo para los judíos-, y los judíos tienen derecho a penetrar unas horas en el recinto sin rezar en él.
La mayoría de los judíos rezan más abajo, en el Muro de las Lamentaciones. Pero algunos consideran que la explanada, en la que se erigía el segundo templo judío destruido en el 70 d.C. por los romanos, es aún más sagrada que el Muro, y sueñan con volver a construir el edificio en lugar de la mezquita Al Aqsa y de la Cúpula de la Roca. La comunidad musulmana acusa a Israel de intentar cambiar el statu quo, algo que siempre negó el premier Benjamin Netanyahu.