2 de diciembre de 2013 - 00:23

Reprimen a manifestantes en Tailandia: al menos hay cinco muertos

Opositores intentaron ocupar varios edificios oficiales en Bangkok incluido uno en el que se hallaba la primera ministra.

La capital de Tailandia se convirtió ayer en un caos luego de una madrugada de choques entre opositores y oficialistas que dejaron al menos cinco muertos, seguida por nuevas ocupaciones de edificios, incluido uno en el que se encontraba la primer ministra, que tuvo que ser evacuada.

Después de una jornada tensa y violenta, el líder de la oposición y ex viceprimer ministro Suthep Thaugsuban, sorprendió a la noche al país al anunciar en una conferencia de prensa que se había reunido con la primer ministra Yingluck Shinawatra y le había dado un ultimátum de dos días para dejar el poder.

Según contó, la reunión se realizó bajo el auspicio de las Fuerzas Armadas y contó con la presencia de todos los miembros de la cúpula militar.

“No hubo una negociación ni un compromiso. Esta fue la única reunión y no habrá más hasta que el pueblo triunfe”, prometió, eufórico.

Las palabras de Suthep fueron el cierre de una ofensiva que ya lleva días pero que ayer pareció haber escalado.

A lo largo de ayer la primer ministra Yingluck primero ordenó no reprimir las protestas (lo que más tarde sucedió), luego pidió a sus simpatizantes y militantes desmovilizarse para evitar nuevos choques y, finalmente, extendió la orden para toda la sociedad.

A través de un mensaje televisado a la nación, el viceprimer ministro Pracha Promnok pidió a todos los tailandeses que permanezcan en sus casas desde las 22 (12 hora argentina) hasta el amanecer de hoy.

La principal acusación de la oposición es que Yingluck no es más que un títere de su hermano y ex primer ministro, Thaksin Shinawatra, quien fue derrocado por un golpe de Estado en 2006 y, pese a su enorme popularidad, aún vive en el exilio para evitar cumplir con una condena por corrupción que pesa sobre él.

Hace un mes la primer ministra intentó hacer avanzar una amnistía que hubiera permitido la vuelta de su hermano, pero abandonó el proyecto porque generó rechazo en amplios sectores de la oposición que, no obstante, redobló sus protestas.

El líder opositor Suthep lanzó en los últimos días una campaña de toma de edificios públicos y ayer decenas de miles de manifestantes ya ocupan el simbólico Monumento a la Democracia en el centro de Bangkok, el Ministerio de Finanzas, el centro gubernamental en Chaeng Wattana y la zona comercial de Siam.

También tomaron la sede de la televisión pública y cercaron la sede del Poder Ejecutivo, un avance que el propio Suthep había anunciado como la antesala del “día de la victoria”.

Por primera vez desde que escalaron las protestas opositoras, la policía reprimió con gases lacrimógenos y camiones hidrantes a los opositores que intentaron asaltar la sede del Ejecutivo, protegida con varias filas de bloques de hormigón.

“Todos somos hermanos y hermanas. ¡Por favor, no traten de entrar!”, gritaban los policías por megáfonos mientras lanzaban gases y chorros de agua con químicos.

Pero uno de los momentos de mayor tensión de la jornada se vivió cuando un grupo nutrido de opositores irrumpió en un club de la Policía de la capital, donde se encontraba la primer ministra, que tuvo que ser evacuada a un lugar que no fue revelado.

Hoy también fue la primera vez que el gobierno tailandés dio la orden al Ejército de intervenir en las calles.

Las llamadas camisas rojas, como se conoce a los militantes que apoyan a la primer ministra Yingluck y a su hermano Thaksin, se habían reunido el sábado en el estadio Rajamangala, en el noroeste de Bangkok, para demostrar su apoyo al gobierno.

Según la policía, eran unas 60.000 personas.

Al avanzar la noche, estudiantes opositores de la cercana Universidad de Ramkhamhaeng comenzaron a acercarse a la zona del estadio y muy pronto estallaron los enfrentamientos. Ya entrada la madrugada, los muertos ascendían a cinco, nueve según los camisas rojas.

Los desmanes y la violencia alcanzaron a transeúntes y taxistas, y le tomó horas y la ayuda de cientos de soldados a la policía para poder controlar la situación y desmovilizar a opositores y oficialistas.

Inmediatamente después, desde el gobierno dieron la orden a las camisas rojas que volvieran a sus casas para evitar nuevos choques.

Sin la presencia de militantes oficialistas en las calles, los manifestantes opositores se concentraron en seguir ocupando y asediando edificios claves para el gobierno nacional.

Suthep, el líder opositor, había prometido ayer que hoy sería el “día de la victoria” y que la oposición tenía que continuar presionando.

En medio de una de las marchas de esta semana, Suthep había adelantado su proyecto político: “Si mañana derrocamos al régimen Thaksin, crearemos un consejo del pueblo al día siguiente (...) que elija un buen hombre para ser el primer ministro y buenos hombres para ser ministros”.

Quienes lo apoyan y acompañan en la ofensiva sin cuartel contra el gobierno son principalmente jóvenes de las clases medias y altas de la capital, apoyados por los sectores monárquicos del país y aliados a una parte de la otra importante élite nacional, las Fuerzas Armadas.

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