2 de septiembre de 2015 - 00:00

Repercusión positiva y algunas críticas

La decisión del papa Francisco de permitir que sacerdotes comunes absuelvan a las mujeres que se arrepientan en confesión por haber abortado fue mayoritariamente bien recibida en América Latina, pero también surgieron voces críticas que opinaron que es un intento de juzgar decisiones personales.

La disposición papal regirá durante el Año de Misericordia, entre el 8 de diciembre de 2015 y hasta fin de noviembre de 2016.

La jubilada argentina Silvia Lagguzzi, de 72 años, saludó la decisión del Papa. “Yo aborté una vez, tenía 25 años, fue un montón de cosas que se juntaron... me arrepentí, soy católica, y en ese entonces un sacerdote común me perdonó”, en alusión a la práctica de algunos curas argentinos que se han anticipado a la decisión papal.

El Instituto Nacional de Latinas para la Salud Reproductiva, con presencia en Washington y Nueva York, fue muy crítico en un comunicado y afirmó que los comentarios del Pontífice “dan por entendido que una persona que ha terminado su embarazo debe estar avergonzada de ello”.

Enfatizó que “rechazamos cualquier intento de juzgar o avergonzar a alguien en base a decisiones personales tomadas sobre salud, embarazo y la posibilidad de ser padres”.

En América Latina el aborto mayoritariamente está prohibido, y sólo es permitido como parte de sus políticas de salud pública en Cuba y está legalizado en Puerto Rico y en algunos países de las Antillas. En Uruguay está despenalizado hasta la semana 12, al igual que en Ciudad de México.

Hasta ahora si una mujer quería confesar su aborto y obtener la absolución debía acudir a un obispo, quien designaba a un cura especializado en esas materias.

Para el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Augusto Castro, muchas mujeres sufren por abortar, “y uno de los momentos especiales de superar todo ese sufrimiento es también la confesión y la absolución y es un gesto maravilloso del Papa y que lo extienda todo ese año a todos los sacerdotes”.

El párroco Peter Kliegel, de Osorno, Chile, dijo que “es un paso súper importante para darle la oportunidad a personas de levantarse, porque la Iglesia no puede solamente dar a conocer leyes, sino que tiene que tender la mano igual como lo hizo Jesucristo”.

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