En cambio, serán abreviaturas por contracción aquellas en las cuales la supresión de elementos se produce en el centro de la palabra y se dejan solamente las letras más representativas: depto. por ‘departamento’; pte. por ‘presidente’, admr. por ‘administrador’. En este grupo, figuran las abreviaturas que tienen la parte final volada o en superíndice; en esos casos, el punto abreviativo debe colocarle antes de la parte volada: n.o por ‘número’ o af.mo por ‘afectísimo’.
La abreviatura ha de ser eficaz y, por eso, debe suprimir como mínimo dos letras de la palabra abreviada (mejor, tres, si la palabra es suficientemente larga, para poder ahorrar, al menos, dos caracteres, ya que una de las letras suprimidas es reemplazada por el punto de cierre); sin embargo, hay ejemplos difundidos en que únicamente se elimina una: vid. por vide (‘véase’).
En otro artículo, nos referiremos a la formación del plural de las abreviaturas y a la ortografía de las mismas; pero ahora sí debemos recalcar la obligatoriedad de cerrar toda abreviatura con punto, denominado “punto abreviativo” (hay algunas excepciones que también consideraremos en otro artículo).
Ese punto, si está colocado al final de una oración o de un párrafo, basta por sí mismo para cerrar el sentido y no es necesario colocar otro. Así: Vimos la evolución de términos latinos en español, italiano, francés, portugués, rumano, etc.
Pero, si al punto abreviativo le sigue otro signo, como el punto y coma, la coma, los puntos suspensivos o los signos de interrogación o exclamación, ellos sí deben colocarse tras dicho punto; incluso, es necesario aclarar que, si tras el punto abreviativo vienen puntos suspensivos, se juntarán cuatro puntos: Dieron la nómina de feriados: los días patrios, la Semana Santa, los relativos a los departamentos, algunos propios de la religión, etc….
Aquí es necesario recalcar que las abreviaturas se cierran con punto, mientras que los símbolos no lo llevan: l, m, km, g no se pluralizan ni se deben cerrar con punto. Por consiguiente, son erróneas las formas *ltrs., *mtrs., *kms, *grs.
Por otro lado, una abreviatura se vincula a la rapidez en la escritura, no en la expresión oral; por consiguiente, la lectura oral de una abreviatura debe restablecer todas las letras eliminadas en su escritura, esto es, debe leerse la palabra completa que la abreviatura representa.
Es absolutamente imposible que una persona memorice la larguísima lista de abreviaturas que se usan en la vida diaria; el usuario debe saber, en cambio, a qué fuentes puede recurrir en caso de duda o de desconocimiento. Una de ellas es el Diccionario panhispánico de dudas que, actualmente, se encuentra digitalizado en la página de la Real Academia Española.
También debe destacarse que existen casos en que hay más de una posibilidad de abreviatura; por ejemplo, el título de posgrado ‘magíster’ tiene tres formas de presentarse abreviado: Mg., Mgr. y Mgter. Lo mismo ocurre con ‘licenciado’, que brinda para el masculino Lic., Lcdo. y Ldo., mientras para el femenino ‘licenciada’ presenta las variantes Lic., Lic.a, Lcda. y Lda.
En esta rapidez y urgencia que parecen acompañar toda producción escrita, un directo damnificado es el acento gráfico. ¡Cuántas veces hemos oído protestar a los padres e, incluso, a muchos docentes, porque al hijo, vecino, pariente o amigo le bajaron puntos por no colocar tildes! Y la excusa siempre ha sido:
“¡Qué barbaridad! Si era nada más que un acento…”; en español, el acento gráfico tiene valor significativo, es decir, su colocación o su ausencia traen consecuencias en el valor final del mensaje. De este modo, no sería lo mismo en una respuesta decir “Sí, quiero” que decir “Si quiero”; en el primer caso, estoy afirmando; en el segundo, en cambio, estoy condicionando. Tampoco sería lo mismo hablar de “La verde sábana” que de “La verde sabana” o, en las formas verbales, escribir “amo” que “amó”, “caminó” que “camino”, “célebre’, que “celebre” o que “celebré”; vemos las diferencias entre “él calló” y “el callo”, vinculada la primera forma al silencio y la otra, a la dureza o callosidad. Las dos pueden doler, pero ¡de qué diferente modo!
En esa reivindicación de la colocación de las tildes, debemos insistir en la tildación de las mayúsculas: hace mucho, pero mucho tiempo, aprendimos que las mayúsculas no se tildaban. En verdad, no se podían acentuar por una cuestión tipográfica, no ortográfica. Ya en 1999, la Academia insistía en la obligatoriedad de la colocación de acento ortográfico en las mayúsculas: África, Úrsula, Ártico deben tildarse siempre. Lo mismo en las propagandas diagramadas íntegramente en mayúsculas y en los avisos televisivos que, habitualmente, los omiten.
Como curiosidad, vale la pena referirse al programa “Acentos perdidos”: este programa (AP) comenzó formalmente el 23 de junio de 2009 como un proyecto personal de Pablo Zulaica Parra, corrector de ortografía y estilo y conferenciante. A través de dicho programa, se pretende corregir, fotografiar y recopilar los acentos gráficos mal colocados en cualquier cartel escrito en español, como símbolo de una actitud de disfrute hacia las letras y de respeto al lector.
Días pasados, observaba la propaganda turística en Aeroparque: una cartelería promocionaba la visita a la Patagonia; hermoso el póster en cuanto al mensaje que pretendía transmitir, pero con dos errores muy visibles, imperdonables para una ilustración emanada de un ente gubernamental que debe educar en toda circunstancia.
En efecto, decía algo así como que la naturaleza nos dio su esencia en las tierras patagónicas, pero el verbo ‘dio’ aparecía tildado y la palabra ‘esencia’, con una ‘c’ luego de la ‘s’. ¿Por qué había error?
Porque los monosílabos, salvo los que portan tilde diacrítica, NO se tildan: fue, fui, vio, dio hace más de cincuenta años que no llevan tilde; guion, truhan, Sion y las formas en tercera persona del singular, en el pretérito perfecto simple, de verbos como reír, freír, criar, guiar y varios más NO llevan tilde, conforme a la última modificación, consensuada a partir de 2010, por todas las academias de lengua española del mundo; han dejado de tildarse no por un capricho sino para guardar coherencia interna con el resto del sistema, ya que por ser monosílabos que no se confunden con ningún otro, no deben tildarse.
Por otro lado, el vocablo ‘esencia’ aparecía como ‘escencia’, grafía que desconoce la etimología del vocablo: en efecto, esta voz procede del latín esse (“ser, estar”) y essentia (“naturaleza de una cosa”) y nunca, ni antes ni ahora, ha llevado en su escritura –sc-.
La escritura correcta no implica elitismo; por el contrario, es un bien social que debe involucrarnos a todos y en cada una de las circunstancias que forman nuestra vida y nuestro quehacer cotidiano.