El telgopor utilizado en envases y embalajes representa un desafío para el reciclaje, pero también puede convertirse en materia prima para la construcción. En Argentina, investigadores y cooperativas desarrollaron bloques que incorporan estos residuos triturados en mezclas cementicias, con el objetivo de obtener materiales más livianos y avanzar hacia modelos de mayor sustentabilidad.
Uno de estos proyectos fue impulsado por la cooperativa Reciclando Conciencia, de Pinamar, con respaldo del Centro Experimental de la Producción de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. El material recuperado es poliestireno expandido (EPS), conocido popularmente en Argentina como telgopor, que puede triturarse e incorporarse como agregado a determinados productos cementicios.
Cómo el telgopor termina convertido en un bloque de construcción
El procedimiento no consiste simplemente en compactar envases hasta formar un ladrillo. Primero, el telgopor recuperado debe separarse y triturarse hasta obtener pequeñas partículas. Ese EPS puede incorporarse junto con cemento y otros agregados en una mezcla que posteriormente se coloca en moldes para producir bloques de construcción con características diferentes a las unidades convencionales.
En el proyecto desarrollado en Pinamar se fabricó un prototipo de aproximadamente 14 x 20 x 41 centímetros que pesaba un 40% menos que un ladrillo común, según la documentación difundida sobre la experiencia. La intención era continuar perfeccionándolo e industrializar su producción, además de utilizarlo en instalaciones de la propia cooperativa.
La investigación académica argentina también avanzó sobre este camino. Un proyecto presentado por la Universidad Nacional de La Plata desarrolló bloques de hormigón liviano incorporando poliestireno expandido triturado, cascotes provenientes de la construcción y otros materiales reciclados. Después de siete prototipos, los investigadores obtuvieron resultados que consideraron positivos para continuar experimentando.
Por qué estos bloques son más livianos y qué limitaciones tienen
Una de las propiedades más interesantes del EPS es su bajísima densidad. Al reemplazar parte de los agregados tradicionales por partículas de telgopor, pueden obtenerse hormigones más livianos. Trabajos de la FADU-UBA también describen estos productos como hormigones de baja densidad con mejores características de aislación térmica.
Eso no significa que cualquier mezcla con residuos pueda utilizarse estructuralmente. Cada bloque necesita ensayos que determinen resistencia mecánica, comportamiento térmico, absorción y respuesta frente al fuego antes de definir dónde puede emplearse. Una investigación reciente de la UBA sobre muros no portantes con residuos de EPS y mampostería alcanzó una resistencia al fuego FR120 en un ensayo realizado en el INTI.
La ventaja ambiental aparece al darle una segunda utilización a un material que puede resultar incómodo de gestionar por su gran volumen y bajo peso. En lugar de considerar al telgopor solamente como basura, estos proyectos investigan cómo reincorporarlo a la construcción y reducir simultáneamente el consumo de determinados agregados convencionales.
Así, una bandeja o embalaje de EPS puede tener un destino muy diferente después de cumplir su primera función. Mediante reciclaje, trituración, formulación y ensayos técnicos, el telgopor recuperado puede formar parte de bloques de construcción más livianos, demostrando cómo algunos residuos pueden regresar al circuito productivo como materia prima.