Donde antes había greens perfectamente cortados, bunkers blancos y golfistas esperando su turno, ahora crecen decenas de miles de árboles. La transformación ocurrió en el antiguo Glen of the Downs Golf Course, cerca de Delgany, en el condado irlandés de Wicklow, y comenzó con una decisión poco habitual de Anke y John Moran.
El campo había abierto en 1998 y quedó golpeado por la crisis económica. En 2016 entró en administración y, un año más tarde, la pareja vio que el predio estaba en venta.
Primero perdieron una subasta cuya base rondaba 1,25 millones de euros. Cuando la propiedad volvió al mercado durante el verano de 2018, pudieron comprarla. Después vendieron el antiguo club house y se quedaron con aproximadamente 100 acres —algo más de 40 hectáreas— de terreno. El precio final que pagaron no fue informado públicamente.
Los primeros árboles llegaron en plena pandemia
El proyecto avanzó mediante el programa gubernamental Native Woodland Establishment, que ayudaba a financiar la preparación, el cercado y la plantación de bosques autóctonos.
En marzo de 2020, justo al comienzo de las restricciones por la pandemia, plantaron las primeras 33 acres. A comienzos de 2021 sumaron otras 30. Cinco años después, el antiguo campo ya tenía aproximadamente 80.000 árboles jóvenes.
Otro sector de alrededor de 30 acres quedó como pastizal, con senderos cortados entre la vegetación y un pequeño huerto.
Robles en lugar de fairways
La composición fue planificada para formar un bosque nativo. Alrededor del 60% de los ejemplares son robles albares, mientras el resto combina avellanos, espinos, serbales, acebos, pinos silvestres y abedules pubescentes.
Para 2025, algunos de los abedules ya superaban los cuatro metros de altura. El paisaje comenzó además a transformarse por sí mismo: flores silvestres y pastos ocuparon los antiguos sectores de juego y los bunkers fueron cubiertos por vegetación.
El proceso no fue perfecto. Entre 30% y 40% de los árboles plantados en 2020 murió durante una primavera y un comienzo de verano especialmente secos. Los ejemplares fueron reemplazados y actualmente tienen raíces más desarrolladas para afrontar períodos con menor disponibilidad de agua.
También tuvieron que instalar cercos para limitar el daño de ciervos y conejos.
Las aves volvieron antes de que el bosque madurara
Un bosque de cinco años todavía está muy lejos de ser un bosque maduro. Por eso, es más preciso hablar de un bosque nativo joven en formación.
Aun así, los Moran comenzaron a advertir cambios rápidos. Relataron que ahora observan más aves e insectos y que el predio recuperó una diversidad que no existía cuando funcionaba como campo deportivo.
Incluso volvieron a llevar a la superficie un pequeño arroyo que había sido entubado durante la etapa del golf.
Todavía queda, colgada entre los árboles, una gran campana que los jugadores utilizaban para avisar que habían abandonado una parte del recorrido.