Una notificación, un color o una señal pueden empezar siendo estímulos completamente neutros. Sin embargo, la psicología estudia cómo, después de asociarlos repetidamente con una recompensa, pueden adquirir mayor capacidad para atraer nuestra atención. Un trabajo publicado el 18 de septiembre analizó qué tiene que ocurrir durante ese aprendizaje para que aparezca este efecto.
El fenómeno recibe el nombre de captura atencional modulada por el valor o VMAC. Y el nuevo estudio aporta un matiz importante: no alcanza necesariamente con que una señal y una recompensa aparezcan juntas; la atención que prestamos a esa señal durante el aprendizaje también parece importar.
Cómo consiguieron que un color quedara asociado con una recompensa
El estudio, publicado en Psychonomic Bulletin & Review, utilizó una tarea de búsqueda visual. Los participantes debían encontrar un objetivo mientras en algunas pruebas aparecía además un elemento de un color que funcionaba como distractor.
Uno de esos colores predecía una recompensa elevada y otro estaba relacionado con una recompensa menor.
Los investigadores dividieron a los participantes según otra tarea que debían realizar. Un grupo tenía que prestar atención al color del distractor y posteriormente informarlo; el otro debía prestar atención a su ubicación, una característica que no permitía predecir la recompensa.
Después apareció la diferencia.
El efecto típico de captura atencional asociada al valor surgió solamente entre quienes habían tenido que prestar atención al color que predecía la recompensa. En ese grupo, las respuestas fueron más lentas cuando aparecía el distractor asociado con un valor alto que cuando aparecía el relacionado con uno bajo.
En otras palabras, aquello que había adquirido valor terminaba interfiriendo más con la tarea principal.
Qué tiene que ver esto con situaciones cotidianas
Los resultados ayudan a entender un mecanismo de aprendizaje, pero hay que evitar una extrapolación tentadora: el experimento no estudió notificaciones del celular, ofertas comerciales ni sonidos de aplicaciones.
Por eso, no demuestra que cada alerta que alguna vez produjo algo agradable vaya a distraernos automáticamente.
Lo que sí muestra es que las características a las que prestamos atención mientras aprendemos una relación con una recompensa pueden adquirir posteriormente una prioridad especial. Los autores encontraron además que este resultado no podía explicarse únicamente por diferencias en cuánto habían advertido conscientemente los participantes la relación entre color y recompensa.
Investigaciones anteriores ya habían observado que señales asociadas con recompensas pueden transformarse en distractores más potentes y que estos sesgos pueden persistir después del aprendizaje original. El nuevo trabajo se concentró en entender cómo se adquiere esa prioridad atencional.
Así, desde la psicología, la relación entre recompensa y atención no parece depender solamente de que dos cosas aparezcan juntas. Prestar atención a la característica que anticipa algo valioso puede contribuir a que, después, esa misma señal resulte más difícil de ignorar, incluso cuando distraerse con ella no ayuda a completar la tarea.