12 de agosto de 2026 - 16:00

La psicología explica por qué los recuerdos de la infancia parecen haber durado mucho más que los últimos diez años

La psicología estudia por qué los años de la infancia pueden parecer enormes al recordarlos. La memoria, la novedad y las experiencias ayudan a explicarlo.

No existe una única explicación científica ni significa que nuestro cerebro tenga un reloj que literalmente acelera con la edad. Una de las claves está en distinguir cuánto dura una experiencia mientras ocurre de cuánto creemos que duró cuando la recordamos. En esa reconstrucción retrospectiva, la cantidad y organización de los recuerdos adquieren una importancia considerable.

Por qué la infancia puede parecer mucho más larga cuando la recordamos

Durante la infancia existe una enorme concentración de experiencias nuevas. El primer día de escuela, las primeras vacaciones, aprender a andar en bicicleta, conocer nuevos lugares o hacer determinados amigos crean acontecimientos diferenciados. El investigador Marc Wittmann explica que esta acumulación de primeras experiencias favorece recuerdos particulares que después sirven como referencias al reconstruir aquella etapa.

En la vida adulta, por el contrario, determinadas semanas pueden compartir estructuras muy parecidas: levantarse, trabajar, regresar a casa y repetir rutinas conocidas. Esto no implica necesariamente que el tiempo se perciba rápido mientras esas jornadas ocurren, pero retrospectivamente pueden existir menos cambios contextuales que permitan diferenciarlas claramente unas de otras en la memoria.

La investigación respalda la importancia de esas divisiones. Un estudio publicado en 2026 en Psychonomic Bulletin & Review encontró que recordar la estructura de un acontecimiento, especialmente la cantidad de subeventos que lo componían, influía significativamente en la estimación posterior de cuánto había durado. Es decir, nuestra reconstrucción temporal está estrechamente relacionada con cómo organizamos los acontecimientos en la memoria.

La novedad y los cambios también modifican nuestra percepción del tiempo

Otros experimentos encontraron que los cambios de contexto pueden alterar las estimaciones retrospectivas. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte mostraron que modificaciones importantes en el contexto mental podían llevar a las personas a estimar posteriormente un período como más largo, respaldando la idea de que nuestras referencias temporales dependen parcialmente de los cambios almacenados durante una experiencia.

Esto ayuda a entender por qué un viaje de siete días lleno de lugares desconocidos puede parecer mucho más extenso al recordarlo que una semana rutinaria. No necesariamente vivimos esas jornadas a una velocidad diferente: cuando miramos hacia atrás encontramos más acontecimientos, transiciones y puntos de referencia capaces de separar mentalmente un momento del siguiente.

Incluso recuperar deliberadamente recuerdos puede modificar esa sensación. Un estudio sobre memoria autobiográfica encontró que las personas que recordaban acontecimientos importantes de los cinco años anteriores tendían posteriormente a juzgar que ese período había transcurrido más lentamente, lo que aporta evidencia sobre la relación entre recuerdos disponibles y percepción retrospectiva del paso del tiempo.

Por eso, la sensación de que la infancia duró muchísimo y los últimos diez años desaparecieron rápidamente no puede atribuirse solamente a la edad. La psicología muestra una relación mucho más interesante entre cerebro, novedad, cambios de contexto y memoria: cuanto más diferenciadas están nuestras experiencias, más referencias tenemos cuando intentamos reconstruir cuánto tiempo sentimos que ocupó una etapa de nuestra vida.

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