2 de octubre de 2026 - 14:00

El James Webb encontró rastros de choques capaces de destrozar mundos y una pista sobre cómo pudo formarse la Luna

La ciencia del James Webb encontró huellas de colisiones en sistemas lejanos: el polvo aporta pistas sobre cómo pudo formarse la Luna.

La NASA difundió los resultados el 1 de octubre de 2026, y el estudio se publicó en The Astrophysical Journal. El telescopio analizó las huellas de esos acontecimientos: los cuerpos involucrados son demasiado pequeños para estudiarlos directamente con estas observaciones.

Qué analizaron alrededor de otras estrellas

El equipo, encabezado por Kate Su, del Space Science Institute, reunió información de 21 discos extremos de escombros. Dieciséis fueron observados con Webb y cinco se incorporaron mediante datos del telescopio Spitzer. Por eso, la muestra combina observaciones de ambos instrumentos.

Estos discos contienen cantidades inusualmente grandes de polvo caliente cerca de sus estrellas, en regiones comparables con las que ocupan los planetas rocosos del sistema solar. También presentan granos pequeños y variaciones irregulares de brillo.

Para reconstruir su historia, los científicos estudiaron la composición mineral del polvo mediante su emisión infrarroja. Así distinguieron dos grupos: discos ricos en sílice y otros pobres en ese compuesto. La diferencia permite investigar qué procesos pudieron producir los restos.

Cómo distinguieron impactos de diferente energía

La interpretación del equipo vincula los discos ricos en sílice con choques de alta energía entre cuerpos del tamaño aproximado de Marte, capaces de vaporizar una parte considerable del material. Cerca de un tercio de la muestra pertenece a ese grupo.

Los restantes discos, pobres en sílice, serían compatibles con acontecimientos menos energéticos, como impactos rasantes entre cuerpos del tamaño de la Luna. Esas escalas se infieren a partir de las características de los restos; no corresponden a una medición directa de cada objeto.

La distinción ayuda a entender cómo trabaja esta investigación: el dato observado es la señal del polvo; la colisión se reconstruye mediante una interpretación física. Una misma imagen general de escombros puede esconder historias diferentes, y estudiar sus componentes permite comparar esas posibilidades.

Es parecido a investigar un accidente a partir de fragmentos: su composición y estado aportan información sobre lo ocurrido, aunque no conserven todos los detalles. En astronomía, esa reconstrucción necesita además modelos y observaciones de varios sistemas para comprobar si la explicación se sostiene.

Qué relación tiene con el origen de la Luna

Una de las principales hipótesis propone que un cuerpo aproximadamente del tamaño de Marte chocó contra la Tierra primitiva. Parte del material expulsado habría quedado en órbita y terminado formando la Luna. Los sistemas estudiados ofrecen ejemplos donde explorar procesos comparables.

El aporte es comprender mejor qué rastros dejan los grandes impactos durante la formación planetaria. Encontrar otras colisiones compatibles con ese escenario permite estudiar un proceso que, en nuestro sistema, pertenece a un pasado remoto. La investigación no determina por sí sola todos los detalles del nacimiento del satélite.

Los autores reconocen que hace falta ampliar la muestra para comprobar sus hipótesis, especialmente sobre la relación entre composición y edad de los discos. Más sistemas permitirán evaluar si los patrones encontrados se repiten.

Para la ciencia, el James Webb aporta una forma de investigar la historia de mundos que todavía no pueden verse directamente. Las colisiones dejan residuos, y esos residuos conservan información: estudiarlos ayuda a comprender cómo acontecimientos destructivos también pueden participar en la formación de planetas y satélites.

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