"Se lee, en efecto, en el Evangelio: Padre, ruego por ellos pero también por los muchos otros que vendrán. Un detalle no irrelevante hacia el cual, tal vez, no estamos lo suficientemente atentos. Y sin embargo, «Jesús rezó por mí» y esto «es precisamente fuente de confianza».
Podríamos imaginar a «Jesús ante el Padre, en el cielo», que ruega por nosotros. Y «¿qué ve el Padre? Las llagas», o sea el precio que Jesús «ha pagado por nosotros».
Con esta imagen el Pontífice entró en el corazón de su reflexión. En efecto, se preguntó, «¿qué pide Jesús al Padre en esta oración?». «¿Dice acaso: Ruego por ellos para que la vida sea buena, para que tengan dinero, para que sean todos felices, para que no les falte nada?..».
No, Jesús «ruega para que todos sean uno: “Como tú, Padre, en mí, y yo en ti”». En ese momento Él ruega «por nuestra unidad. Por la unidad de su pueblo, por la unidad de su Iglesia».
Es necesario darse cuenta que «solos no podemos» conseguir la unidad: esta, en efecto, «es una gracia». Por ello, «Jesús reza, rezó en aquel momento, reza por la Iglesia, rezó por mí, por la Iglesia, para que yo vaya por este camino”, confesó el Papa Francisco en "La unidad no se hace con pegamento", Santa Marta, jueves 21 de mayo de 2015.
La Palabra de Dios nos brinda una oportunidad para la reflexión. A continuación, compartimos las lecturas del jueves 21 de mayo de 2026 según el Vaticano.
Libro de los Hechos de los apóstoles
Hechos 22, 30; 23, 6-11
En aquellos días, el comandante, queriendo saber con exactitud de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó que le quitaran las cadenas, convocó a los sumos sacerdotes y a todo el sanedrín, y llevando consigo a Pablo, lo hizo comparecer ante ellos.
Como Pablo sabía que una parte del sanedrín era de saduceos y otra de fariseos, exclamó: "Hermanos: Yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me quieren juzgar porque espero la resurrección de los muertos".
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, que ocasionó la división de la asamblea. (Porque los saduceos niegan la otra vida, sea de ángeles o de espíritus resucitados; mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Estalló luego una terrible gritería y algunos escribas del partido de los fariseos, se pusieron de pie y declararon enérgicamente: "Nosotros no encontramos ningún delito en este hombre. ¿Quién puede decirnos que no le ha hablado un espíritu o un ángel?"
El alboroto llegó a tal grado, que el comandante, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó traer a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
En la noche siguiente se le apareció el Señor a Pablo y le dijo: "Ten ánimo, Pablo; porque así como en Jerusalén has dado testimonio de mí, así también tendrás que darlo en Roma".
Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.
Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos''.
Es palabra de Dios.